Y CUANDO NOS QUERAMOS ACORDAR YA ESTAMOS EN LAS FIESTAS…

Publicado el día 26/10/2016

A poco más de dos meses de la llegada de la Navidad y el Año Nuevo, la frase del título parece apresurada… pero la verdad es que para ciertas cosas relacionadas con “el Bobby”, tendríamos que haber arrancado antes. Me refiero específicamente al tema de las FOBIAS. Son esas épocas cuando nos acordamos que el pobre perro no soporta los fuegos artificiales, se asusta, se “hace encima”, rompe todo, la pasa mal. Por qué pasa esto y los “mitos” relacionados al problema, en esta nota.

Entendemos como “FOBIA” a una respuesta emocional sin control frente a un estímulo que no representa un peligro directo o no lo es en la magnitud que se presenta dicha respuesta. Por ejemplo, para el aracnofóbico, una simple arañita inofensiva deriva en un susto equivalente a una invasión extraterrestre. Es un estado patológico que los perros sufren en distintos grados. Las más comunes son las llamadas “Fobias Ontogénicas”, que son las propias del desarrollo del cachorro. Cuando el bicho no estuvo sometido a ciertos estímulos durante su período sensible (hasta las 12 semanas de edad), luego esos estímulos quedan lejos de su rango de cognición y le son desconocidos. El desarrollo de la fobia es progresivo, puede empezar levemente y luego, por distintas causas, irse agravando. Una de esas causas es que muchas veces, sin quererlo, somos nosotros los que reforzamos la reacción. Sucede cuando el perro tiene un episodio fóbico y nosotros, queriendo calmarlo, lo premiamos con caricias y hasta alimento. El perro interpreta que asustarse “está bien”… y el próximo “ataque” será aún más fuerte.

Es necesario repetir esto: es un ESTADO PATOLÓGICO, no hay nada de “normalidad” en un perro que atraviesa una ventana porque estallaron un par de petardos. Y no tiene nada que ver en esta patología la supuesta “sensibilidad” auditiva de los perros.

Un poco de ciencia explícita: se entiende por “espectro audible” al rango de frecuencias de sonido que el oído está en condiciones de escuchar, medido en Herzios (Hz). Se dice que el humano tiene un espectro audible que va desde los 20 Hz (en los tonos graves) hasta los 20.000 Hz (en los agudos). Los perros, desde los 16 Hz hasta los 40.000 Hz, dependiendo de la raza, el tipo de oreja y otros factores.

Espectro Audible en humanos, caninos y rango de sonidos usuales

Espectro Audible en humanos, caninos y rango de sonidos más comunes (CLICK PARA AGRANDAR)

Observen el gráfico: la sensibilidad del oído de los perros “contiene” a la de los humanos, la sobrepasa… pero sobre todo en el rango de los agudos. Los fuegos artificiales no generan ese sonido, al menos no en un nivel de frecuencia que sea molesto para estos animales. Básicamente, si nosotros podemos escuchar un petardo, no está fuera de nuestro espectro audible, ni debiera representar un problema para los perros. De hecho no lo representa… a menos que el Bobby sufra una fobia. Lo NORMAL es que un fuego artificial (explotado a distancia, sin riesgo de fuego u otra amenaza) no signifique para el perro absolutamente nada.

Es importante no confundir todo esto con “trauma acústico” que sí ocurre en relación al volumen (intensidad) del sonido: nadie puede evitar lesiones si nos estalla un rompe-portones al lado de la oreja. Sin embargo, esto no tienen nada que ver con la tan mentada “sensibilidad” del oído de los perros. Es esta sensibilidad a las frecuencias altas lo que hace que aúllen como locos ante sonidos muy agudos, como guitarras eléctricas o violines, pero no es la respuesta a la pirotecnia que describimos antes.

Ahora bien: ¿qué importancia tiene que los perros reaccionen a los fuegos artificiales por una causa o la otra, si al final es lo mismo?. Tiene mucha importancia, porque sabiendo las causas reales se puede PREVENIR y se puede TRATAR. Si el tema es sólo la “sensibilidad del oído de los perros”, es poco lo que podríamos hacer, salvo insistir con el cumplimiento de las ordenanzas de prohibición de la pirotecnia. Pero si hablamos de un problema de desarrollo, como primera medida podemos prevenir criando nuestros animales en entornos ricos en sonidos. Y en el caso que nuestro perro ya sufra de fobia, el tratamiento también es posible.

NOTA: es necesario aclarar que estoy a favor de la prohibición de la pirotecnia, pero por causas reales y comprobadas, tales como riesgo de incendios y accidentes por quemaduras, molestias a vecinos y personas con discapacidad y stress agudo en los pájaros.

El tratamiento de las fobias requiere el asesoramiento de un veterinario especialista en etología clínica. Hay varios métodos (desensibilización, contra-condicionamiento) ninguno de los cuales es sencillo y rápido… y es por eso hablamos con tanta anticipación de las Fiestas. Debemos ayudarnos con tratamiento farmacológico y cuanto antes nos familiaricemos con él, mejor. Muchos animales que padecen este mal desarrollan una fobia generalizada a múltiples estímulos que los lleva a un estado de ansiedad permanente. Estos casos necesitan ser medicados en forma continua, hasta que los métodos comportamentales den resultados.

Entonces… ¿qué debemos hacer en los días claves, en los que sabemos que va a haber pirotecnia? ¿O cuando queremos llevar al perro en auto y “se asusta” o “no le gusta” (otra fobia frecuente)? Desde hace muchos años se dan unas famosas “gotitas” que se consiguen fácilmente en las veterinarias. Están basadas en un tranquilizante mayor cuya droga es la ACEPROMAZINA y lo que hacen es dejarlo al Bobby medio “turulato”, bajando su capacidad de respuesta y acercándolo a un estado como de sueño o desmayo. Por muchas horas no será nuestro perro normal y no será para él un día feliz.

Por suerte la farmacología veterinaria avanza y hay nuevas
moléculas que acuden en nuestra ayuda. Una de ellas, más específica para estos problemas, es la LEVOMEPROMACINA. Se vende en comprimidos (en Bahía se consigue) y administrada adecuadamente, previene las reacciones fóbicas a la pirotecnia, las tormentas y los autos, con la ventaja de no provocar el efecto secundario de las famosas “gotitas sedantes”. Con la Levomepromacina el animal simplemente no reacciona a los estímulos que antes le provocaban desesperación y en todo lo demás su comportamiento es normal, sperro-tomando-pastillain parecer borracho o atontado. Esta droga actúa directamente a los neurotransmisores involucrados con la respuesta fóbica, es muy específica. Para graficarlo de alguna manera, si la Fobia fuera un cortocircuito en una lamparita, la Levomepromacina corta la tecla que prende ese artefacto y la Acepromacina baja la llave térmica de toda la casa. ¿Qué preferimos? El mayor efecto terapéutico con el menor efecto secundario, sin dudas.

El consejo final es hablar con su veterinario para comenzar a probar estas nuevas drogas. Como todos los neurolépticos, hay mucha variación individual, razón por la cual le convendrá buscar la dosis justa para su animal y en distintas circunstancias. Y eso no lo podrá hacer el 24 de Diciembre a las 5 de la tarde, si no que tenemos que empezar ahora.

¡No se quede dormido! Cuando nos queremos acordar ya estamos en las Fiestas.

Dr. Roberto F. Giménez

Médico Veterinario (U.B.A.)

MP: 6491