VIEJOS SON LOS TRAPOS

Publicado el día 31/01/2017

Es una vieja costumbre multiplicar por siete la edad de nuestros perros para calcular su equivalencia con la nuestra. Así, decimos que un pichicho de 10 años “es como una persona de 70”. En realidad un perro de esa edad ya vivió dos tercios de su existencia, cosa que en nuestros abuelos ocurre cerca de los cincuenta y pico, por lo que este cálculo simple se vuelve erróneo. Lo apropiado es medir el tiempo en la misma escala de la especie canina, (algo así como “ año perro”), teniendo en cuenta que su promedio de vida es de 13 a 15 años, que la pubertad llega cerca del año y que entre los 18 a 24 meses se alcanza el tamaño adulto. Es así que la niñez, la edad adulta y la ancianidad de nuestras mascotas pasan frente a nuestros ojos en forma mucho más rápida y perceptible que el mismo ciclo en nuestros parientes. Aquel cachorrito que alimentábamos con mamadera se convierte en un parpadeo en la terrible bestia de hoy, entristeciéndonos pensar que en poco tiempo más será un veterano.

Sin embargo hay un concepto común a las personas y a las mascotas: una vida sana y sin excesos asegura una vejez plena. Para nuestros perros, es fundamental una alimentación adaptada a edades avanzadas, fundamentada en la restricción de proteínas y evitando sobrecargar el trabajo de los riñones (los balanceados comerciales presentan formulaciones específicas para esta etapa). Manténgalo en peso pero limite sus ejercicios a largas caminatas, evitando los juegos bruscos, los saltos y el excesivo subir de escaleras. La mayoría de las afecciones en la columna vertebral se producen luego de esfuerzos de este tipo, especialmente en las razas de gran tamaño. Preste atención a la dentadura de su animal: el sarro acumulado en su base produce inflamación dolorosa de las encías con pérdida del apetito, además de uan molesta halitosis. Debe estar atento frente a cualquier síntoma para consultar rápidamente al Veterinario: la resistencia a las enfermedades es mucho menor con la edad.

Por sobre todas las cosas, ofrézcale todo el cariño que pueda. Tal vez el “viejito” no nos despierte la misma ternura que aquel cachorro y su mamadera; tal vez esté gruñón y algo sordo, con el pelo deslucido y casi ciego. Pero puede estar seguro que su corazón cansado necesita tantas caricias como en los mejores años.