VIEJOS SON LOS TRAPOS (2)

Publicado el día 07/02/2017

Hablábamos en la nota anterior sobre “La Tercera Edad” de nuestros animales y de cómo rápidamente el cuerpo y las funciones vitales se van deteriorando. Así, el esqueleto, los dientes, el corazón, los riñones y los ojos son las estructuras que más sufren el desgaste del tiempo.

Sin embargo hay una característica que también cambia con la edad y que generalmente no es tomada en cuenta: el comportamiento.

A lo largo de su vida, hay tres cambios fisiológicos (“normales”) de comportamiento en los perros: la pubertad (cuando empiezan a segregarse las hormonas sexuales), la mediana edad (5 a 7 años aprox., cuando los rasgos particulares de la conducta “se asientan”) y la última etapa de la vida, cuando es “adulto mayor”. Aquí ocurren varios procesos que influyen para este cambio comportamental. Uno de ellos es la degeneración neuronal, también disminución en la secreción de ciertos neurotransmisores y también la caída general del sensorio, esto es: el perro escucha menos, ve menos, huele menos.

Algunos de los comportamientos que pueden presentarse en el perro viejito son:

 

  • Disminución de la Actividad (de la exploración, de interacción con la familia, de guardia, etc): está más tiempo echado, no juega como antes, ni es tan guardian ni da vueltas por la casa o el patio como lo hacía de joven. Se hace un círculo vicioso con la obesidad: menor gasto calórico, mayor inactividad, lo que lleva a un aumento de peso que puede convertirse en mórbido.

 

  • Alteraciones del sueño y la vigilia: puede dormir más o menos que antes o en horarios no habituales (lo “normal” de un perro es que duerma seis horas seguidas de noche, junto a la familia);

 

  • Aumento de la irritabilidad y las agresiones: a medida que se ponen viejitos, nuestros perros pueden volverse más “cascarrabias”. No es nada simpático, porque puede haber gente lastimada. Las causas de esas agresiones tiene que ver con el deterioro escrito más arriba y también por el déficit sensorial: como no escucha o no ve, el perro puede sentirse sorprendido por la aparición (para él repentina) de un humano u otro perro e inmediatamente ataca. Otra causa puede ser la agresión por irritación o dolor: los animales que sufren de patologías dolorosas (como la artrosis), pueden agredir ante la posibilidad del mínimo contacto.

 

Gran parte de estos síntomas se agrupan dentro del llamado “Sindrome de Disfunción Cognitiva” al que se agrega también un “Estado de Ansiedad Permanente” que agrava el cuadro. El viejito no la está pasando bien, no hay un disfrute en su mundo cada vez más aislado y sus reacciones negativas pueden progresar en el tiempo. Algunos llaman a este “combo” como “Alzheimer canino”, pero cabe aclarar que las alteraciones neurológicas de esa enfermedad en el humano no tienen relación con lo que ocurre en el perro.

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestro amigo? Lo primero, tener paciencia: estos procesos llevaron tiempo para desarrollarse y no mejoran de un día para el otro. Luego, hay que “tener cabeza”. Hacer una consulta preventiva con el veterinario de confianza e intentar de disminuir el deterioro físico. Regular la alimentación, evitando la obesidad. Quizá tengamos que variar nuestras costumbres, agregar un paseo diario a los habituales y organizarnos de otra manera. Tanto el “Sindrome de Disfunción Cognitiva” como el “Estado de Ansiedad” pueden atenuarse farmacológicamente, lo cual por supuesto debe estar indicado por un profesional.

Lo importante siempre será darle a nuestro amigo la mejor calidad de vida en sus últimos años. Sin duda, se lo merece.-

Dr. Roberto F. Giménez

Médico Veterinario (U.B.A.)

MP: 6491