¿SI PUEDO TOCARLE LA COMIDA A MI PERRO SIGNIFICA QUE LO DOMINO?

Publicado el día 06/09/2016

Un mito ampliamente difundido sostiene que si podemos tocarle la comida al perro, eso significa que nosotros somos los dominantes y el perro el dominado. Pero veremos qué poco tiene que ver esto con la realidad y que en algunos casos, hasta puede ser contraproducente.
Decíamos que los perros -como descendientes del lobo- tienen una tendencia a organizarse en forma jerárquica, en donde algunos mandan y otros obedecen. También sabemos que ese sistema de dominancia se basa en cómo la jauría gestiona los recursos más importantes, principalmente el alimento, el espacio y los contactos. Los líderes son los que primero comen, los que se ubican en una posición estratégica con respecto al resto y los que regulan quién se relaciona con quién. El equilibrio en una especie “fuertemente armada” se mantiene con un complejo sistema de señales químicas (olores) y visuales, donde predominan las posturas corporales.
Ahora bien, esta es la teoría “cruda”, pero como en tantos asuntos de la biología, las cosas no son “blanco y negro”. La “Teoría de la Jerarquía” tiene sus variaciones y sustocar la comida_ilustración maria de la paz excepciones. Los perros machos, por ejemplo, son mucho más flexibles a la hora de imponer o no su dominio, eventualmente pueden permitir que otro miembro de su entorno asuma temporariamente el rol de líderes o que goce de ciertas priviliegios. Por eso es que a los etólogos clínicos no les gusta hablar de “machos alfa”, porque eso implicaría un ordenamiento estricto (alfa -> beta -> gama) que no siempre es real.
Así como un anfitrión -con un gesto amable- invita a sus comensales que empiecen a comer antes que él, un perro puede permitir que otros miembros de la jauría lo hagan. Bien establecida su jerarquía, ciertos gestos que usualmente son fundamentales para demostrar supremacía, pueden relajarse. Es él… el “Supremo”… “El Uno”… “El Verdadero Jefe” el que da el permiso para que los súbditos se acerquen a la comida. Y lo hace sólo con su mirada, no necesita más que eso: mirar y dejar hacer.
A esto agreguémosle que cuando nosotros nos acercamos a tocarle el plato al Bobby generalmente nos estamos agachando, flexionamos las piernas, asumimos una postura baja… en idioma perruno, damos clara muestra de sumisión. SI el Bobby manda, sólo estamos reafirmando su mandato. Si es sumiso, no va a importarle.
En resúmen: si el perro gruñe, “torea” o agrede cuando nos acercamos a él en el momento que está comiendo podemos estar ante un problema importante de agresividad provocado por numerosas causas. Pero si se deja tocar la comida, no significa absolutamente nada o puede ser una señal confusa.
¿Para qué arriesgarse a hacer las cosas mal? Sencillamente NO LO HAGAMOS, no juguemos a tocarle la comida. Vamos con su plato al sitio en donde come (preferente en un lugar poco importante de la casa, fuera del paso de las personas), se lo dejamos y nos vamos sin ceremonias. No lo miramos comer, no lo acariciamos en ese momento, no nos agachamos salvo para dejar el plato en el piso. A los 20 ó 30 minutos volvemos y retiramos el comedero, haya comido o no. Tener alimento a disposición en forma permanente también es un privilegio de los dominantes… aunque este punto merece otro artículo.

Dr. ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

Asesoramiento e Ilustración: Dra. María de la Paz Salinas