¿POR QUÉ SUFREN LOS GATOS CON LAS MUDANZAS?

Publicado el día 17/08/2016

Los gatos son animales únicos y particulares. Su domesticación (*) es muchísimo más reciente que en el caso de los perros, estamos hablando de “sólo” cinco a diez mil años en el caso de los felinos contra los de más de veinte mil en los caninos. Esto hace que su comportamiento se encuentre mucho más cerca del “gato montés” que lo que está el del perro en relación al lobo.
Los perros nos acompañan desde la época en que la Humanidad era cazadora-recolectora. Los gatos domésticos, en cambio, nacieron con la civilización. Cuando en el Valle Fértil (Mesopotamia Asiática) se domesticaron los cereales, se dió inicio a la agricultura. Fue en el antiguo Egipto donde posteriormente comenzaron a perfeccionarse las técnicas de siembra y acumularse las cosechas. Con estas vinieron las plagas (ratas y lauchas) y es fácil imaginar que eso atrajo a los gatos salvajes y a su posterior adaptación a la vida con el hombre.
Las diferencias de tiempos de domesticación es un factor clave en la comparación entre perros y gatos. Sin dudas, el perro es un animal que está mucho más “intervenido” por nosotros. Veremos así mucha mayor variedad de formas y tamaños entre las razas de perro que entre las de gatos. En los perros tenemos extremos muy diferentes como lo son las razas enanas (Caniches, Yorkshire Terriers, Pequineses) como las gigantes (Gran Danés, Boyero de Beran, San Bernardo). En cambio entre las razas de gatos predominan las variaciones de pelajes y alguna forma mínima de estructura ósea, más que cualquier otra diferencia.
Pero es en los aspectos comportamentales en donde también la antigüedad de la domesticación tiene una influencia directa. Una de las caracterísitcas principales de los procesos de domesticación es la pérdida de la “desconfianza” en el humano. Cuanto más adaptada esté una especie animal a nosotros, es que notaremos menor nerviosismo y tendencia a la huida ante la presencia de personas.
El gato es el único animal con naturaleza territorial que convive con el hombre. No se estructura en forma jerárquica (como lo hacen los perros) y ni siquiera necesita socializarse con individuos de su propia especie. ¿Por qué es así? Como siempre decimos, “todo se explica desde la evolución”, esto es: el gato está adaptado a la caza de pequeñas presas, tanto aves como roedores, cuya caza colectiva sería ineficiente. No se puede cazar un pájaro “de a muchos”, en este tipo de alimentación no importa tanto la organización del grupo como sí el sigilo y la rapidez individual. Así fue en el gato montés originario, así es todavía en nuestro gato doméstico. Diferentes estudios en colonias de gatos urbanos indican que cuando la comida escasea, se vuelven más “individualistas” y salen a cazar en solitario.
Podemos decir que el gato es una especie solitaria con capacidad de adaptarse a la compañía. Para ellos es importante EL LUGAR en donde viva -es decir- su territorio.¿Por qué son territoriales? Simplemente porque “su comida no migra”, las aves y

Gato Montés

Gato Montés

roedores de sus tierras originarias no van a ninguna parte, a diferencia de los rumiantes, que son las presas de predadores más grandes y que se trasladan allí adonde haya mejores pastos. Los gatos monteses originarios sólo tenían que definir su área de caza y apegarse a ella. Con la domesticación, esa fidelidad al territorio no cambió.
Por eso no es tan sencillo adaptar a un gato a una casa luego de una mudanza. Para él, todo es nuevo y no es “cómodo” que todo sea nuevo. Es un territorio diferente y como tal, debe conquistarlo. Ahora bien… ¿hasta dónde llegará ese territorio?. No lo sabemos. Los gatos no saben de castastros y si tienen la costumbre de “vagar”, pueden considerar como propias el terreno, la manzana, el barrio y más.
En un reciente estudio en Australia se colocaron GPS a 14 gatos con hogar y en algunos casos se descubrió que recorrían kilómetros. Habrá casos que el gato puede sentirse tan “desestructurado” con el cambio que cambiará también su conducta y hasta se correrá el riesgo que se fugue.
Las mudanzas tienen a su vez otro factor estresante para los gatos: no sólo implican un cambio de territorio, si no que al mismo tiempo es probable que esté cambiando la cantidad y estructura de “la colonia”. Supongamos que una persona soltera tenga un gato y se muda al casarse: el cambio será territorial y también del entorno animal y en ambas situaciones deberá readaptarse. Los gatos no tienen la plasticidad del perro para aceptar nuevas compañías, podría decirse que “negocia” su independencia con el humano en cuanto lo sabe fuente de alimento y cobijo, a cambio de dejarse mimar de vez en cuando. Esta relación puede marchar sobre ruedas, pero dirigida a uno o pocos humanos. Cualquier alteración de sus compañeros de cohabitación también puede reflejarse en desequilibrios conductuales del animal.
Los cambios de conducta no deseados principales dentro de la casa es que deje de acicalarse, deje de comer, que comience a “dejar de hacer en las piedritas” , a orinar en distintos lugares o emitir su “spray”. Por eso es importante intentar que los otros cambios sean lo menos traumáticos posibles. Junto al gato hay que mudar también su cama o colchón, su comedero y bebedero, sus juguetes, su rascadero, etc. y colocarlos en relación al espacio lo más parecido a como estaban en su antigüa casa. Debe proveerselo de una caja o “hueco” bajo y tranquilo (un rincón en un placard, por ejemplo) en GATO EN UNA CAJAdonde pueda refugiarse y sentirse seguro. También hay que enriquecerle el ambiente con estantes y sitios altos para trepar y echarse, y jugetes colgantes para entretenerse. Existen también en el mercado las llamadas “hormonas de apaciguamiento”, que son preparados con feromonas felinas específicas, que ayudan a que el animal sienta el ambiente como propio, conocido y no estresante.
Con respecto a las salidas, es conveniente impedirlas al menos por un par de semanas luego de la mudanza, hasta que estemos seguros que se ha adaptado correctamente al nuevo ambiente. Y siempre será recomendable que el gato o la gata lleguen a esta instancia ya castrados, así reducimos la posibilidad de vagabundeo por impulso sexual.
(*)- Entiendase por “domesticación” un proceso de adaptación a la convivencia con el humano de TODA UNA ESPECIE, no de los individuos (en este caso se llama “amansamiento”). Así, aunque un tigre sea criado de forma tal que logre convivir con una familia, no se puede afirmar que sea “doméstico”, porque su especie no lo es.

DR. ROBERTO F. GIMÉNEZ
MEDICO VETERINARIO (UBA)
MP- 6491