“Lo que su hijo necesita es un Golden Retriever…”

Publicado el día 25/02/2018

Es común que nos pregunten a los Veterinarios qué tipo de animal adoptar cuando se tiene un chico con algún tipo de problemas o discapacidad y para esto en realidad no hay palabra más autorizada que la de los profesionales que se dedican a ello.  Transcribo una interesante nota del Grupo de Trabajo de “Terapia Asistida de Zona Norte” (en el conurbano bonaerense), “un equipo interdisciplinario destinado al trabajo con pacientes con diferentes necesidades” que intervienen principalmente con perros y del que reproduje el título de su nota.

Dicen los autores (*):

“Son incontables las veces que recibimos consultas de familias a las que el pediatra/neurólogo/psiquiatra/médico de familia le ha “recetado” un perro como solución para la problemática de alguno de sus hijos, especialmente cuando son niños con discapacidad. En numerosas ocasiones, la recomendación no se queda ahí, sino que además especifica raza, y suelen ser los Golden y los Labrador Retriever los elegidos porque “esos perros son buenísimos con los chicos”.
Estas recomendaciones son hechas con las mejores intenciones, pero lamentablemente, con poco sustento científico. Quienes recomiendan suelen saber mucho sobre enfermedades, trastornos y patologías humanas, pero poco sobre perros. Es por eso que las personas que trabajamos en intervenciones asistidas con perros queremos derribar algunos mitos, ya que este consejo ofrecido de buena fe, puede derivar en un problema tanto para la familia involucrada como para el perro.
El primer error en la afirmación que da título a esta nota, es la generalización. No todas las personas somos iguales, y no todos los perros son iguales, incluso los que comparten una misma raza. Y además no todos los niños con discapacidad tienen afinidad con los perros. Los niños son todos únicos y diferentes, un diagnóstico no los define. De la misma manera, los Golden Retriever también son todos diferentes. Hay muchísimos factores que influyen en la formación del carácter de cada perro como individuo. No todos van a ser “buenísimos con los chicos”, algunos quizás ni siquiera estén aptos para convivir con chicos. Para incorporar un perro a la familia tenemos que tener en cuenta todas esas cosas, y evaluar al perro como individuo (más allá de su raza, ya que no importa si es un perro de raza o un mestizo). Si no tenemos en cuenta estas cosas, hay muchas chances de que el perro termine siendo un problema.
El segundo error es depositar en el perro la expectativa mágica de que será el salvador de sus hijos. Un perro es un perro. Puede ser considerado un animal de compañía, un miembro más de la familia, pero si bien puede llegar a ser de gran ayuda, nunca es la solución absoluta. Los perros no hacen terapia, quienes hacen terapia son los terapeutas, que a veces incorporan perros a su trabajo como un facilitador. Que la experiencia de tener un perro pueda ser vivida como “terapéutica” por una persona, no significa que el perro sea un terapeuta.
Muchas personas tienden a confundir a los perros de terapia con los perros de asistencia, con conceptos equivocados sobre ambos. El perro de terapia es el perro que participa en sesiones de terapia junto con un terapeuta. Ese perro vive con su guía o con su propia familia. No vive con el paciente. El perro de asistencia es el perro debidamente entrenado por personas competentes para asistir a determinada persona en su discapacidad, (que puede ser visual, auditiva, motora, etcétera). Este perro vive con su usuario. No es un perro labrador que uno compra por su cuenta y luego contrata un adiestrador para que le enseñe. Los perros de asistencia son minuciosamente evaluados desde cachorros y entrenados con mucho cuidado y responsabilidad, y una vez que están listos, recién ahí son entregados al usuario.
No queremos con esto desalentar a ninguna familia a adquirir un perro. Nuestro deseo es que cuando se tome la decisión, esté basada en expectativas realistas y sea tomada con la responsabilidad que conlleva. Nunca nos vamos a cansar de hacer hincapié en la importancia del cuidado responsable, donde se respete tanto el bienestar animal como el familiar. Creemos que tener un perro en la familia puede ser una experiencia maravillosa, siempre y cuando estemos dispuestos a cuidarlos de manera responsable.
Debemos saber desde un primer momento que un perro nos va a demandar tiempo y dinero. Dinero para mantenerlo en buenas condiciones de salud, con la correspondiente atención veterinaria, vacunas y desparasitaciones al día. Tiempo, porque todos los perros necesitan educación y paseo. Esto resulta fundamental para una buena convivencia entre todos. Si no educamos ni dedicamos tiempo al perro, sobre todo si lo adquirimos de cachorro, nos vamos a encontrar con una gran cantidad de energía acumulada en ese animal. Y seguramente toda esa energía busque como vías de salida conductas que pueden resultar molestas para su familia, como ladridos constantes, hiperactividad, o comportamientos destructivos. Lamentablemente muchos de estos perros terminan siendo confinados a espacios cada vez más pequeños de la casa, para que no molesten, y muchas veces son regalados (en el mejor de los casos, ya que otros son abandonados). Por todos estos motivos queríamos echar un poco de luz sobre estos mitos, y concientizar sobre la necesidad de asesorarse antes de adquirir cualquier cachorro. “

AUTORES: Patricia Bárzola (médica), María Laura Molina y Vedia (Lic. en Psicología), Carolina Marcó del Pont (Lic. en Psicología), Micaela Waldman (Lic en Terapia Ocupacional), Nora Lía Zinelli (docente de nivel inicial), Viviana García (Acompañante Terapéutico), Úrsula Bort (Instructora canina).