Las Unas y Los Otros

Publicado el día 11/04/2017

Si es que existe alguna “batalla de los sexos”, en la especie canina se manifiesta por un frecuente interrogante: “¿quiénes son más inteligentes: las perras o los perros?”. Algunos apoyarán la primer posibilidad y otros la segunda. Con su proverbial sensatez, los pichichos ni se darán por enterados. Es que, en realidad, la pregunta está mal formulada. Si va a adquirir una mascota, lo que debería plantearse además de la raza (o la ausencia de ella, si es mestiza) es cual sexo convendrá que tenga en relación a dónde, cómo y con quienes va a vivir.
Es importante recordar que nosotros adoptaremos a la mascota y ella nos adoptará a nosotros. Los perros consideran la familia a la que pertenecen como una jauría, y a cada uno de sus integrantes como un igual. Para ellos, somos todos perros. Entendido esto, puede deducirse someramente la relación que establecen con cada miembro. Por ejemplo, con el “jefe de la casa” la mayoría de los caninos son sumisos, mientras que frente a los bebés se arrogarán una jerarquía superior. En muchos casos esto es beneficioso, ya que así el animal moviliza su instinto de protección a favor de los chicos.
El problema radica cuando se establece una relación de competencia, lo que ocurre con los niños a partir de la edad que comienzan a caminar. El animal puede sentir invadido su territorio y en permanente competencia con “ese miembro de la jauría que se mete en todos lados”. La reacción en estos casos suele ser bien diferente según el sexo: la competencia innata por la jerarquía está mucho más desarrollada en los machos (el mayor porcentaje de lesiones por agresión se presenta en ellos), mientras que las perras son más sumisas, tolerantes y en general, más protectoras. Lo sensato sería entonces elegir una hembra si es en su familia hay niños pequeños. ¿La desventaja de “ellas”?. La mismísima condición femenina. Adquirir una perra es también traerse a casa la engorrosa cuestión del celo, el control de la natalidad o la preñez no deseada, temas estos que significan preocupaciones y gastos, a qué mentirle. Además, en hogares “dominados” por hembras, tanto humanas como animales, las jerarquíes son más complejas y rígidas. Hay más problemas en casas donde habitan mujeres solas con perras, que cuando ellas adoptan a un cachorro macho. Insisto: el “machismo” perruno es innato y la domesticación no lo ha cambiado.

¿Por qué no adoptar ambos, macho y hembra? Si que se puede ¿quién dijo que no?. Pero no olvide el tema del sexo, porque si no se le va a complicar la vida. Castrar a ambos es la mejor opción (consúltelo con el veterinario). Y no se preocupe, el macho no será menos “guardián” por estar castrado. De no hacerlo, después vienen los cachorros y no los vamos a andar dejando por ahí ¿no es cierto?.

Dr. ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491