Las Fiestas y las “gotitas”

Publicado el día 21/12/2018

Todos los años llegando a los últimos días de Diciembre proliferan las consultas sobre el manejo de los animales ante la pirotecnia. Es un tema que tratamos varias veces en este blog, por ejemplo en la nota “Y cuando queremos acordar ya estamos en las Fiestas…” o “La verdad sobre los perros y la Pirotecnia“.  En ambas notas remarcamos que el problema de algunos animales de compañía con los fuegos artificiales no tiene nada que ver con “sensibilidad auditiva” alguna, si no con una patología de comportamiento: la FOBIA.

Entendemos como “FOBIA” a una respuesta emocional sin control frente a un estímulo que no representa un peligro directo o no lo es en la magnitud que se presenta dicha respuesta. Por ejemplo, para el aracnofóbico, una simple arañita inofensiva deriva en un susto equivalente a una invasión extraterrestre. Es un estado patológico que los perros sufren en distintos grados… pero es (repito) UN ESTADO PATOLÓGICO.

Nuestra respuesta como veterinarios a ese problema ha sido, por muchos años, desacertada. La recomendación más frecuente ha sido la administración de Acepromazina por vía oral, las famosas “gotitas”. La ciencia avanza en todo aspecto y eso nos permite entender hoy día que está lejos de ser una solución.

Al respecto, el Grupo de Especialidad de Etología Clínica de AVEPA (Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales) emitió un muy interesante informe sobre el uso de dicho medicamento, que paso a transcribir:

Tradicionalmente el uso de moléculas como la acepromacina para tratar de manera aguda problemas de miedo a los ruidos en perros ha sido muy frecuente. De hecho, todavía es uno de los fármacos de elección más empleados por los veterinarios generalistas como prescripción, sin terapia de modificación de conducta aparejada, para dichos problemas.

Por ello y porque este uso no conlleva la mejoría del paciente, sino más bien el empeoramiento del bienestar del animal durante los eventos traumáticos, queremos desaconsejar, como grupo de etología, su utilización como tratamiento único en problemas de fobias a los ruidos en el perro..

En el uso tradicional de este fármaco, lo que se pretende es que el animal no sienta miedo en eventos que lo podrían desencadenar. Sin embargo, esto no es lo que se consigue en realidad.

(…) La acepromacina tiene un defecto principal que la hace no perro-tomando-pastilladeseable para su uso en las fobias, y es que disminuye las respuestas motoras pero apenas afecta a la percepción sensorial.

Por consiguiente, el resultado final que obtenemos es un perro cuya respuesta motora está disminuida, pero que seguirá percibiendo el estímulo como amenazante.

Esto se traduce en un incremento del estado de ansiedad, una merma del bienestar del animal y, en ocasiones, un agravamiento de la fobia.

Otro dato añadido, y que empeora su recomendación de uso, es que desinhibe la conducta agresiva, con la consiguiente peligrosidad que ello conlleva para el propietario.

Por estas razones es que recomiendo la NO administración de este fármaco para este tipo de eventos.

Es muy común en nuestro ámbito que algunos zooterápicos estén ya tan “arraigados” en la cultura popular, que son adquiridos en forma rutinaria, en un Pet Shop o Veterinaria sin que el profesional intermedie en el acto. “Deme las gotitas esas, para calmar al Bobby” le piden al empleado… y éste se las da. Esta situación no es la deseable en absoluto y por varias razones, una de ellas es que la Acepromazina se trata de un neuroléptico que se expende bajo receta archivada y cuya administración debiera ser supervisada.
Y además, ahora sabemos que es contraproducente para el animal, y en algún punto hasta cruel.

Como en este mismo blog se dijo en la nota citada… “por suerte la farmacología veterinaria avanza y hay nuevas moléculas que acuden en nuestra ayuda. Una de ellas, más específica para estos problemas, es la LEVOMEPROMACINA. Se vende en comprimidos (en Bahía se consigue) y administrada adecuadamente, previene las reacciones fóbicas a la pirotecnia, las tormentas y los autos, con la ventaja de no provocar el efecto secundario de las famosas “gotitas sedantes”. Con la Levomepromacina el animal simplemente no reacciona a los estímulos que antes le provocaban desesperación y en todo lo demás su comportamiento es normal, sin parecer borracho o atontado. Esta droga actúa directamente a los neurotransmisores involucrados con la respuesta fóbica, es muy específica.”

Una vez más el consejo es elegir un Veterinario de confianza (y actualizado), para confiar en él!

FELICES FIESTAS!!!

M.V. Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491