VIOLENCIA DOMESTICA Y MALTRATO ANIMAL

Publicado el día 08/11/2018

Uno de los grandes flagelos que sufre la sociedad hoy día es la de “Violencia Doméstica”, donde se engloba allí la violencia de género y también las agresiones a niños. En general se sabe que la persona violenta no lo es en forma “espontánea”, de un día para el otro, si no que va mostrando señales que advierten sobre su accionar y que el comportamiento agresivo va escalando en gravedad.
En este plano se ha establecido en muchas investigaciones la relación directa que hay entre individuos que agredieron a animales y que luego lo hicieron con personas de la casa.  
En un reciente estudio publicado en “Agression and Violent Behaviour” se establecen las relaciones que ocurren entre las personas agresoras, los animales y las víctimas, que se resume en estas situaciones:
1- Los agresores aprovechan el vínculo entre la víctima y el animal de compañía para “retener” a las primeras: debido a los fuertes lazos entre las víctimas y las mascotas, las víctimas a menudo posponen el abandono de una situación violenta por temor a lo que les pueda pasar a sus mascotas.
2- Los animales de compañía son utilizados para controlar a las víctimas : los abusadores a menudo utilizan amenazas de violencia a las mascotas para controlar a las víctimas . Esto incluye tácticas comunes de abuso para aislar a las víctimas de modo que sientan que no pueden confiar en que otros cuiden de sus mascotas, ejercen un control financiero al suspender la atención veterinaria y amenazan con dañar (o en realidad dañan) a los animales como un medio para prevenir que sus víctimas se vayan u obligarlos a regresar. El estudio señala que algunos abusadores cometen un acto muy serio de maltrato animal, mientras que otros cometen gradualmente una serie de actos que van aumentando en gravedad.
También se explica la percepción de las víctimas sobre el comportamiento de los abusadores y por qué los abusadores dañan a los animales de compañía, entre otros: una forma de disciplina, celos por el fuerte vínculo entre la víctima y los animales, problemas en la infancia del abusador y el uso excesivo de alcohol.
En el estudio, las víctimas señalaron que no creían que la policía tomara en serio las denuncias de abuso de sus animales de compañía, declarando que faltaban servicios para las víctimas que tienen mascotas. Muchos dijeron que no buscarían refugio si tuvieran que dejar a sus mascotas. En ese plano, muchos programas de protección contra la violencia machista preveén el traslado de las víctimas junto a sus animales de compañía. 
Cualquiera sea el motivo o los orígenes de la violencia doméstica, es importante que el entorno se encuentre atento a las señales para prevenir males mayores. Uno de estos avisos puede ser precisamente el maltrato animal dentro de la casa. Recordemos que en nuestra ciudad hay una Oficina de la Fiscalía General para hacer denuncias sobre crueldad de los animales (pueden acceder a su página AQUI).
Y por supuesto denunciar siempre los actos de violencia de género en la Comisaría de la Mujer (Berutti 650 – 4558762), en el Centro de Asistencia a la Víctima de Violencia de Género (Vieytes y Gorriti) o directamente llamando al 911.

Dr. Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

Los Murciélagos, la Rabia y Nosotros”

Publicado el día 08/10/2018

Un tema que permanece vigente y que genera cada vez más consultas a medida que se acercan los meses de calor: el tema de los murciélagos. Al respecto, compartimos conceptos del Colegio Veterinario de la Provincia de Buenos Aires, que se expide sobre estos particulares bichitos y el riesgo de transmisión de la Rabia:

“En lo que va de 2018 el Departamento de Zoonosis Urbanas de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires confirmó 89 casos de rabia en murciélagos. Ante este panorama, el Colegio de Veterinarios Bonaerense incentiva la vacunación de perros y gatos.

El Departamento de Zoonosis Urbanas de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud Provincial dio a conocer que durante este año ya se registraron 89 casos de rabia en murciélagos insectívoros en la provincia de Buenos Aires, el último fue en el mes de septiembre en Lobería. De esta manera, a pesar de las metas propuestas por la Organización Mundial de la Salud de erradicar la enfermedad, el tema parece estar cada vez más vigente en Argentina.

Cómo actuar en caso de encontrar un murciélago:

– Si se encuentra dentro de un domicilio, se debe intentar que salga solo. De no ser posible, debe aislarse y llamar a Centro de Zoonosis del Municipio al que pertenecen.
– Aunque parezca muerto, no se debe tocar: se debe evitar la exposición a mordeduras. Alejar a los niños y mascotas del lugar.
– Quienes encuentren murciélagos de día, heridos o muertos, deben aislarlos y comunicarse inmediatamente con el Centro de Zoonosis para que puedan realizar las pruebas pertinentes.
– Enseñar a los niños sobre el riesgo de jugar con murciélagos: no son una mascota, no se debe tratar de alimentar ni de manipular. No es habitual que estos animales estén visibles de día y menos en el piso, siendo en estos casos muy probablemente un animal enfermo, con altas probabilidades de tener y contagiar rabia.
– Si el murciélago mordió a una mascota, debe llevarse de urgencia al Centro de Zoonosis del Municipio más cercano o consultar con un profesional veterinario.
– Si el murciélago mordió a una persona, debe concurrir inmediatamente a un hospital.”

Fuente: Prensa – Colegio de Veterinarios de la Pcia. de Bs. As.

EL MANEJO DE LOS RESIDUOS URBANOS, EL ECOSISTEMA Y LOS PERROS

Publicado el día 08/07/2018

Hace muchos años, en un Congreso sobre Leptospirosis (enfermedad bacteriana que las ratas pueden transmitir a perros y humanos a través de la orina) un disertante del cual no recuerdo el nombre dijo: “el problema de los perros callejeros es el de la gestión de los residuos”. En ese momento no lo entendí o lo entendí a medias, pero tiempo después, estudiando ecología de las poblaciones, pude acercarme mejor al concepto.
Para arrancar, algunas cuestiones teóricas: se llama ECOSISTEMA a la “comunidad de los seres vivos cuyos procesos vitales se relacionan entre sí y se desarrollan en función de los factores físicos de un mismo ambiente” (definición de la Real Academia Española). Aunque los libros de texto suelen ilustrar este concepto con un paisaje de mantañas o ríos, la realidad es que una CIUDAD como la nuestra también es un ECOSISTEMA. Tiene todo lo que se necesita para serlo, un componente inanimado, abiótico, sin vida y también uno animado, biótico, con vida. Más académicamente hablando: un BIÓTOPO (el terreno, las calles, las casas, la parte inanimada de la ciudad) y una BIOCENOSIS (organismos, vegetales o animales). Perros y personas formamos parte del componente animado, la Biocenosis, de este ecosistema urbano.
En un ecosistema, cualquiera sea, los organismos viven y se reproducen según los recursos que les ofrece el ambiente. De una forma simplificada, esos recursos son alimento, refugio y ausencia de depredadores. Todo esto le es ofrecido a los perros “sueltos” (callejeros, vagabundos) en el ambiente urbano. Ellos no tienen depredadores directos, aunque las causas de decesos no naturales puedan ser varias, desde accidentes de autos hasta envenenamientos masivos. Por otra parte, en una ciudad, la oferta de refugio es abundante: construcciones, parques y sitios abandonados configuran un paisaje que ayuda a combatir las inclemencias del tiempo. Y queda el tema del alimento, que es el punto al que queríamos llegar.
El alimento otorga a los organismos vivos la energía necesaria para sus procesos naturales. La reproducción es uno de ellos. En la mayoría de las especies (entre ellas, el Canis lupus) hay un consenso general en afirmar que la reproducción es una función “de lujo”. Si la nutrición es adecuada, la reproducción es posible. En el caso de carencia o limitación alimentaria, todos los procesos reproductivos se retardan o directamente se suspenden. El intrincado mecanismo hormonal que necesita un individuo para ser fértil suele depender de la reproducción y de la ausencia de stress. La naturaleza es sabia: si algún recurso escasea o un peligro abunda… ¿para qué traer más individuos al mundo? ¿Qué sentido evolutivo tendría tener más bocas que alimentar en épocas de “malaria”?. En tiempos difíciles y en el caso de las perras, si bien el ciclo ciclo sexual no necesariamente se interrumpa por completo, si puede espaciarse. Sabemos que los lobos tienen una camada por año e incluso cada año y medio. La domesticación redujo el período de celo y lo transformo en dos por año, pero esto es cierto en animales cuidados y bien alimentados, viviendo bajo la protección de una familia. No es ilógico pensar que en el caso de los animales en situación de calle, el ciclo se acerque más a “lo natural” de la especie y las camadas se reduzcan. A lo largo de la vida del animal, la cantidad de cachorros que deje de descendencia será mucho menor que aquel teórico “6 a 8 cachorros cada 6 meses”. Eso impactará directamente en el crecimiento poblacional.
¿Qué alimentos ofrece el Ecosistema Urbano? De dos tipos: la alimentación “solidaria” de las personas que ponen platos de balanceado en la vía pública… y la basura, por más duro que suene.
Los residuos comestibles pueden ser un recurso importante para el mantenimiento de la población de perros y gatos urbanos. En una reciente nota de “La Nueva.com”, el autor apunta que en Bahía Blanca sus habitantes desechan 40 gramos de alimentos diarios. Proyectados a los 301.572 habitantes censados en el 2010, la ciudad desperdicia poco más de 12 toneladas de comida aprovechable todos los días.

Jugando un poco con las cifras y según la ciencia de nutrición animal, un perro necesita entre un 5% a un 7% de su peso corporal por día, con una variabilidad del 20% (esta cantidad se reduce con los alimentos comerciales, debido a su característica de “balanceados”). Para simplificar, supongamos que el peso promedio de los perros en la calle es de 10 kg y que consumen el 5% del peso vivo por día (500 gr), esas 12 toneladas citadas alcanzarían para alimentar a 24.000 animales. Si los datos teóricos de población animal indican que la ciudad cuenta con 1 perro cada 4 habitantes, y de ellos el 40% deambula en la vía pública, tenemos que el residuo comestible alcanzaría para alimentar casi al 80% de esos 30.000 perros.

Y no hay mucho que agregar: el ecosistema se sustenta a sí mismo y mientras los recursos continúen disponibles, las especies que viven en él tenderán siempre a crecer.

Es por esto que es necesario el control ético de la Fauna Urbana pero también un control ambiental de los recursos que ofrece la ciudad. No se trata de “matar de hambre” a los perros, porque siempre habrá quién los alimente, pero si de gestionar adecuadamente los residuos para aprovechar todas las ventajas que eso conlleva, principalmente relacionadas con la salud ambiental, de las personas y de los animales, no perdiendo nunca de vista el concepto universal de “Una Sola Salud”.

DR. ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

El saber abriga más que un chalequito

Publicado el día 25/06/2018

En estas épocas de bajas temperaturas, surge en muchas personas la iniciativa de dotar a los perros con chalecos de abrigo, de los cuales hay muchos modelos y tamaños, de lana o paño, con capucha y sin capucha, temáticos, de colores, a rayas… etc. Lo que nos preguntan a los veterinarios siempre es… “¿realmente lo necesitan?”.

Digamos que desde un punto de vista evolutivo la respuesta sería un contundente “NO!”. El Canis lupus antecesor del perro era todo lo “abrigado” que necesitaba para el ambiente en que vivía: pelo tupido y un manto de subpelo que evita perder calor, además de todos los mecanismos de regulación térmica dentro de los que está incluído la capacidad de “tiritar”.

Pero esta negativa era 100% real  hace algunos siglos. Las cosas han cambiado, lo mismo que cambió el aspecto del primer lobo que se acercó al Hombre si lo comparamos con el perro actual. De un tiempo a esta parte nos hemos dedicado a manipular radicalmente la morfología de los sucesores del lobo de tal manera que muchas de sus funciones se han visto alteradas y no siempre para bien. Una de ellas, es la regulación de la temperatura.

El “sub-pelo” del que hablábamos es un manto piloso suave y corto

IMAGEN: facilisimo.com

que sirve como aislante. Muchas de las razas actuales han perdido este “doble manto” (o “doble capa”) o se lo redujo al mínimo. No lo tienen los de pelo bien cortito, tales como el Daschund (“Salchicha”), el Doberman o el Weimaraner. Lo tienen los perros que más se parecen al lobo, como los Siberian Husky, el Alaskan Malamut y también los tipo “ovejeros”. Lo pueden tener pero modificado (no tan denso, más “ralo) algunas razas como los Terriers, el Caniche o el Pekinés.

Lo obvio es que cuanto más modificado esté el pelaje, más complicado el mecanismo de termoregulación. Todas las razas caninas no “evolucionaron” en forma natural si no que fueron intervenidas artificialmente, por cuanto el diseño de las mismas puede responder más a criterios estéticos y no a los funcionales, por cuanto más nos alejamos del lobo, mayor será la necesidad de compensar artificialmente esas modificaciones.

“El abriguito” entraría en este rubro. Afectada la termoregulación del animal y viviendo en climas fríos, lo más probable es que tengamos que ayudarlo con algo. Sin embargo no es una regla fija y ante la pregunta puntual “¿tengo que ponerle un saquito a mi mascota?” la respuesta es “depende”. Recordemos también que lo mejor es evitar cambios bruscos de temperatura, no pasar del frío extremo al calor caldoso en cuestión de minutos y para tal fin, la ropa para perros puede dar una mano.  Pero si tenemos un perro “común y corriente” y nos damos cuenta que tiene esa doble capa… mejor no agreguemos una tercera. Que el bicho active todos sus mecanismos para compensar el frío en forma natural que para eso evolucionó miles de años.

IMAGEN: elentrerios.com

Un párrafo final para el tema de los perros callejeros. De un tiempo a esta parte surgió la costumbre de hacer campañas para comprar o confeccionar abrigos para animales que deambulan sin dueño por parte de gente bien intencionada, pero poco informada. La cosa es así: en el tema de la termoregulación, de “mantenerse calentito”, más importante que adquirir calor es no perderlo. Un cuerpo bien aislado se mantiene caliente si es que no pierde la propia energía corporal, aparte de la cercanía a una estufa. Gracias al mecanismo de conducción, el calor tiende a desplazarse de las superficies calientes a las frías, por eso es que aún en verano nos enfriamos si nos acostamos en el piso.  ¿Qué pasa con los “callejeritos” y sus abrigos? Pasa que en un principio todo puede parecer perfecto, la “capita” puede verse (y ser) muy abrigada y hasta adivinemos una sonrisa de bienestar en ese animal. Todo bien con el calor y la conservación de la energía, pero no estamos tomando en cuenta un detalle: la humedad. Tarde o temprano, esa “capita” va a humedecerse en el mejor de los casos o directamente empaparse. Aunque el perro sea muy inteligente y “vivo”, no podrá evitar a corto plazo los charcos, un baldazo, la lluvia o simplemente, el rocío. ¿Y qué representa un abrigo mojado? Una superficie fría que envuelve el cuerpo del animal sin que éste pueda librarse de él. Un contacto estrecho que hará que el calor de la piel se transmita a “la capita”. El perro así, se enfriará invariablemente. Si no creen lo que les digo, tomen su mejor campera, la más abrigada, rocíenla o empápenla con agua por dentro y por fuera, póngansela y vayan a tomar mates al patio. En 15 minutos estarán de vuelta con una pulmonía.
Ponerle abrigo permanente a los perros callejeros puede ser bien intencionado, pero está mal pensado. La única opción que queda es chequear periódicamente que la ropa no se haya humedecido, para quitársela o cambiarla. Pero por definición, si es callejero (vagabundo, “en situación de calle” o como quieran llamarlo) esto parece bastante inviable. Además, si lo tenemos tan a mano, si está ahí, tan cerca nuestro como para ver seguido si está húmedo o no… ¿qué nos cuesta adoptarlo, eh?.

Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

CORTE DE OREJAS ¿PARA QUÉ?

Publicado el día 15/05/2018

La “otectomía estética” es el nombre técnico de lo comunmente llamado “corte de orejas”. Esta cirugía es una práctica habitual en ciertas razas tales como Gran Danés, Doberman, Dogo Argentino, Schnauzer, etc. La pregunta que el flamante propietario de alguno de estos cachorros le hace al veterinario, es si le debe cortar las orejas, y entiéndase “deber” como una obligación tendiente a evitarle al animal futuros males.

La respuesta es negativa. Repito: ¡NEGATIVA!

En realidad, ocurre todo lo contrario: el corte de orejas es un trastorno en sí mismo. El animal es sometido a una agresión por la cirugía y, posteriormente, al riesgo de infección; una vez superada la anestesia, la herida se transforma en dolorosa y su post-operatorio largo. Además, muchos estudiosos de la”psicologìa animal” (etología) afirman que el corte de orejas los afecta en su comportamiento, porque el animal ya no da las mismas “señales visuales” a sus congéneres.

Entonces: ¿por qué se hace?. Antigüamente y en ciertos ámbitos, el corte de orejas evitaba que los perros de caza puedan ser aprehendidos de ellos por los animales que acosaban. Evidentemente, esta no es la realidad en la que viven ahora perros que vemos paseando por nuestras plazas. No queda otra que pensar en la cuestión estética: nos hemos acostumbrado a ver a dichas razas con orejas paraditas y en punta, y cuando vemos un ejemplar “al natural” nos resulta anormal esos pabellones anchos y colgantes. Recuerdo al dueño de un hermoso Doberman que se obstinaba frente a mi resistencia a operarlo: “parece un burro”, decía. A mí, en realidad, me parecía un Doberman con orejas de Doberman.

Uno de los mitos es que si no se le cortan las orejas, a largo plazo esos perros se quedan sordos y desconocen al dueño. Algunos dicen que con esa (supuesta ) “cara de bobo”, el perro no será guardián de la casa. No hay basamento científico que avale ninguna de estas afirmaciones. Como seres pensantes que somos, debemos sincerarnos con nosotros mismos: cortarle las orejas a un perro es una decisión netamente decorativa, una cuestión de “pinta”, que como todo lo relacionado con los gustos y las costumbres, es de valoración subjetiva. De hecho, en muchos lugares (principalmente en Europa) ya están prohibiendo a esta cirugía.

El “corte de orejas” y de cola en las Veterinarias aún no es ilegal en la Argentina, aunque en lo personal (insisto… estrictamente en lo personal) aconsejo NO hacerla. No la haga, nunca lo repetiré lo suficiente… pero si igualmente Ud. ha resuelto hacerla, asesórese bien con su veterinario; no piense que la otectomía es una cosa fácil como “cortar el pedazo que sobra”. No es una cuestión de costos: requiere de una técnica cuidada y una minuciosidad casi artística que, mal hecha, se le hará patente cada vez que se enfrente, cara a cara, con su pichicho.

ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario – U.B.A.
MP: 6491

NUESTROS ANIMALES NO SABEN DE CALENDARIOS

Publicado el día 30/04/2018

Ayer se conmemoró el Día del Animal y –como era de esperar- estallaron las redes sociales con fotos de animales de compañía y mensajes de “Feliz Día”. Mucha gente publicaba fotos y celebraba a sus buenos amigos, contaban anécdotas y nos anoticiaban de sus “mañas”. Hasta ahí todo bien… la contracara de los “festejos” suele ser el llamado al Veterinario de la mañana siguiente: “el Bobby está vomitando”… “lo veo decaído”… “se despertó con diarrea”. “¿Qué pasó?” pregunta el clínico. “No… nada… sólo le hice una comidita especial / le compré un hueso / le traje un regalito de lo que le gusta” y otras declaraciones por el estilo.

Desde que inventamos el Calendario, los humanos tenemos una tendencia a rememorar determinadas fechas, aniversarios y cualquier ocasión que sirva para festejar y hacer ese día diferente a los otros. Y como “festejo” viene de “fiesta” y se relaciona con “festín”, no hay una de éstas que se precie que no implique también comida y (por supuesto) bebida. Son esos momentos que parece estar todo permitido y que las leyes naturales parecen flexibilizarse. Somos la única especie del Reino Animal que hace eso, el resto vive una vida pareja en la que un día es exactamente igual al anterior, no hay Lunes ni Domingos, no hay aniversarios ni fechas patrias y mucho menos “Feriados Puente”.

Estos cambios en la rutina a los que sometemos a nuestros animales no es lo mejor para ellos. Ya de por sí acomodamos los hábitos alimenticios de los pobres bichos a nuestros ritmos, con desayunos, almuerzos y cenas, divisiones del acto de alimentarse que no existen en la naturaleza. Y cuando están más o menos acostumbrados a cantidades y frecuencias… un día ¡zas!… se las cambiamos con un atracón de “eso que tanto le gusta”.

En el caso de los perros particularmente, tenemos que entender que no siempre “lo que gusta” es bueno: una golosina, una milanesa frita, les encanta pero los descompone. Es casi igual a la alimentación humana: lo rico no necesariamente es saludable. El tema con los animales es que ellos no tienen la capacidad intelectual de negarse a comer algo sólo por la idea abstracta que “le va a hacer mal” en un futuro. Tampoco tienen la capacidad fisiológica de comer casi cualquier cosa y seguir “como si nada”. En eso nosotros le llevamos ventaja. Recordemos que somos “omnívoros” mientras que ellos son “carnívoros facultativos”, es decir, que la base de su alimentación es la carne con otras cosas agregadas (vegetales y fibra). Todo su aparato gastrointestinal evolucionó para digerir carne y para acumularla si es necesario (comparativamente al nuestro, su estómago es enorme). Lo que NO está preparado es para la variedad, su flora bacteriana es relativamente limitada, definitivamente no evolucionaron para digerir un alfajor.

Entonces acá estamos con el Bobby en casa, se lo ve contento con su alimento balanceado, se lo ve bien de pelaje, está acostumbrado a comer un poquito al mediodía y una ración grande a la noche, de Lunes a Lunes. Y ayer Domingo, porque fue el Día del Animal, le clavamos un pastiche de hígado “que tanto le gusta” y le dimos lo que quedó del asado, con chimichurri y todo. Y ahí el desastre. No exagero, no es inusual: hay gente que les festeja el cumpleaños, con bonete y dulces (¡de verdad!). Y al otro día está llamando al Veterinario.

Para evitar esto tenemos que aferrarnos otra costumbre muy humana: la de pensar!.

Los Calendarios son invento nuestro, no existen en el Reino Animal. No estoy en contra de los aniversarios, de los festejos y mucho menos del “Día del Animal”, que más que una fiesta sirve como un día de reflexión para nosotros, para ayudarnos a pensar cómo nos relacionamos con ellos, los animales. Y una buena reflexión pasa por la necesidad de no humanizarlos, como muchas veces hacemos, precisamente… el Día del Animal.

Pero si aun así en determinadas fechas nos impulsa un deseo irrefrenable de homenajear a nuestro amigo, pensemos mejor en otra cosa… ¡un paseo va a encantarle! Juguemos con él, más que otros días. Traigámosle un hueso de tiento, algún juguete del Pet-Shop, si es que nos gustó. Pero no le hagamos un “festín”, porque no lo alimenta, no va a apreciarlo y seguramente le hará mal. En el tema alimentación, el organismo de los animales ADORA y NECESITA la rutina. La diversidad alimentaria es un tema netamente cultural y por ende, es propiedad de los humanos.

No seamos antropocéntricos y estemos siempre imponiéndoles a nuestros bichos nuestras costumbres, aunque sean sinceras, bien intencionadas y hasta divertidas. Aceptémoslos como son, así… sencillitos.

ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

 

NI PERROS CHICOS, NI OMNIVOROS, NI VEGANOS: LOS GATOS… CARNÍVOROS ESTRICTOS

Publicado el día 18/04/2018
Reproducimos un artículo muy interesante de la página “BIO-FOOD”. Ante el auge de imponer alimentación vegana en especies carnívoras estrictas (como la felina), es necesario conocer la fisiología del animal para no incurrir en maltrato.

Científicamente, los gatos son considerados un carnívoro estricto. El término carnívoro estricto hace referencia a aquellos animales que sólo se alimentan de carne. Obviamente, pueden consumir alimentos de origen vegetal o derivados de otros animales, sin embargo, estos alimentos no son esenciales para su dieta.

La herencia carnívora del gato salvaje ha hecho que los gatos domésticos tengan un metabolismo que procesa de forma efectiva altos niveles de proteína y que requieran de estas proteínas en la alimentación para mantenerse fuertes y sanos y permitir el funcionamiento metabólico de su organismo.

Los gatos son cazadores solitarios originarios de áreas desérticas, siendo los pequeños roedores la base de su alimentación. Esto explica que la evolución haya llevado al gato doméstico a hacer unas 10-20 pequeñas comidas a lo largo del día y de la noche, ya que en la naturaleza cazaba día y noche pequeñas presas.

El gato al ser estrictamente carnívoro, y a diferencia de los perros, necesita un aporte extra de proteína de origen animal como fuente de energía. En estado salvaje se ve reflejado esta preferencia por el tejido animal, y al ingerir las presa, los gatos salvajes evitan consumir las partes vegetales presentes en sus vísceras.

Podemos entender que los perros son omnívoros analizando el comportamiento alimentario de sus ancestros los lobos. Para los lobos su presa natural son los grandes ungulados, de los que sus partes favoritas son las vísceras, donde encuentran materia vegetal parcialmente digerida, formando parte de su dieta normal una cantidad importante de vegetales. Además, también se alimentan directamente de frutas, vainas y hongos. Los perros se comportan de manera muy parecida, y son capaces de digerir y aprovechar una dieta variada, es decir, son animales omnívoros.

El tema de la Taurina

La taurina no es un aminoácido propiamente dicho, contiene ácido aminosulfónico que forma parte de la cadena polipeptídica de las proteínas. Es un producto final del metabolismo de los aminoácidos azufrados, y está relacionado a la estructura y funcionamiento de la retina. Los gatos no pueden sintetizarla en cantidad suficiente y su aporte es importante en esta especie.

La taurina se utiliza en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardíacas graves, llamadas miocardiopatías dilatadas. Para el gato, la taurina es un aminoácido esencial. Es indispensable para la visión y la función reproductora. Sus virtudes protectoras frente a los radicales libres hacen de ella también un antioxidante de calidad en la lucha contra el envejecimiento. La taurina permite que el hígado sintetice las sales biliares. Actúa también influyendo en los flujos de calcio entre el interior y el exterior de la célula, por lo que su acción es muy importante en el funcionamiento cardíaco. Además, tiene una importante acción antioxidante en la célula. Finalmente, la taurina desempeña un papel de precursor en la síntesis de los lípidos complejos de la piel (glicoesfingolípidos), que tienen propiedades antimicrobianas (funciones de barrera).

Los humanos y los perros son capaces de producir taurina (o sea, sintetizar o crear por ellos mismos la Taurina), y por ello no tenemos deficiencia de ella. Pero el organismo de los gatos no puede producir taurina.

NOTA: la fuente principal de Taurina para los gatos es la carne (de pollo, de vaca, el hígado). Los alimentos balanceados para gatos la contienen, puesto que están fabricados en base a carne. Si bien hay vegetales que también contienen Taurina (legumbres), la proporción no sólo es menor si no que tampoco puede ser aprovechada por los felinos. Ellos tienen una longitud intestinal menor (en comparación con omnívoros, como el perro y el hombre), por lo que la absorción de los nutrientes vegetales es más deficiente. La adición de Taurinas artificiales también es deficiente. En definitiva, lo del título: los gatos, carnívoros estrictos.

“C.S.I. Veterinario”… o las dificultades para saber por qué falleció un animal.

Publicado el día 09/04/2018

Tal vez el tema de esta entrada no es todo  lo alegre que uno quisiera, pero tarde o temprano debíamos abordarlo porque suele ser una consulta frecuente. A tal punto es así, que al momento de escribir estas líneas me consultaban en privado por la posibilidad de investigar una mortandad importante de animales marinos en una conocida localidad balnearia de la provincia. Ese tipo de trabajo lo he realizado en muchas ocasiones y con distintas especies, siendo la más común el problema de los envenenamientos masivos de perros y gatos en el ámbito urbano.

Así como la Medicina Forense es una especialidad dedicada a descubir los causales de muerte de los seres humanos, la Medicina Veterinaria Forense tiene el mismo estatus, es decir, el de especialidad, aunque en esta Ciencia no suele estar formalmente instituida. Sin embargo, requiere de conocimientos especiales que un Veterinario “de grado” (común) puede no tener, porque no decidió dedicarse a ello. La mayor parte del saber forense en Medicina Veterinaria se imparte en post-grados y no es una de las especialidades que más demanda tiene, acaso porque sólo en algunas provincias el Poder Judicial incorpora a Veterinarios como peritos oficiales en las causas que debe tratar.

Tenemos entonces una primer dificultad al momento de intentar dilucidar el misterio de uno o varios fallecimientos animales: dar con el profesional adecuado. Éste debe saber diferenciar los cambios ocurridos por la misma naturaleza de la muerte de los que se produjeron por una patología o un atentado. Lo más común es que lo que se vea a simple vista “enmascare” la causa de fallecimiento. Por ejemplo: imaginemos un animal (perro o caballo) tirado en el asfalto con una huella de neumático que lo atraviesa. El impulso original es decir que murió atropellado, cuando también es posible que haya fallecido de otra cosa y luego su cuerpo fue embestido. El veterinario forense entrenado sabrá separar las llamadas lesiones pre-mortem de las post-mortem, de manera tal de acercar el diagnóstico. Esto es muy complicado y a la vez – como siempre en biología –  no siempre preciso, por lo que no es extraño que en el informe final queden más dudas que certezas.

Otra dificultad para toda la medicina forense en general (de humanos o animales) es que muchas veces “los cuerpos no hablan” o dicen poco. Se arriba al diagnóstico de “muerte por causas naturales” casi por descarte. Esto es porque lo que se hace es una necropsia “macroscópica” (concienzuda, pero a simple vista) y se observan las lesiones externas e internas. De esa forma, para avanzar un poco más en la resolución del enigma, hay que contar con métodos complementarios, como por ejemplo, estudios anátomo-patológicos y de laboratorio.

Y aquí un párrafo especial para estos últimos. Generalmente en nuestro país las cosas no son como se las ve en las series policiales tipo “C.S.I.”. Allí tienen un cadáver y le sacan muestras y ponen las muestras en frasquitos y bajos microscopios, encienden aparatos modernos y miran a trasluz tubos de ensayo y así descubren que la víctima murió de una sobredosis de una sustancia de nombre imposible importada de la China, entonces van a la Aduana y dan con la partida y cruzan los datos con un sospechoso a quien le encuentran restos del veneno en el lavadero y el tipo confiesa pocos minutos antes de los créditos finales. La realidad (sobre todo en nuestro país) es mucho más pedestre y compleja. El acceso al laboratorio no es tan sencillo, no siempre hay posibilidad técnica de realizar determinados análisis y si éstos están disponibles, son onerosos.

El caso típico son las intoxicaciones: ante un envenenamiento individual o masivo, en el caso que se haga la necropsia y se obtenga muestra (contenido gástrico, orina, tejido hepático o renal) deben buscarse las sustancias sospechosas. El método de detección más confiable es la Cromatografía (hay de distintos tipos, líquida, gaseosa, de Masa, etc). La Cromatografia compara un preparado de la muestra con un “testigo” del veneno del que se sospecha y el resultado se visualiza en un software, generalmente una curva con “picos”. La comparación de esos picos es lo que nos permite establecer si estamos ante la presencia de la sustancia buscada… o no. El tema es que no existe un “testigo” que abarque a todos los venenos posibles. Entonces, por ejemplo, si sospechamos de envenenamiento por estricnina, tomamos la muestra, la enviamos a laboratorio, se hacen los análisis y puede dar positivo o negativo. Si pasa lo primero… ya está: caso cerrado. Pero si da negativo, no podemos afirmar que el perro NO haya sido envenenado, si no que lo correcto es decir que “no fue envenenado por estricnina”. Bajo ningún concepto podemos afirmar que no haya presencia de otras sustancias como carbamatos, órgano-fosforados, etc. que para descartarlas debemos compararlas con sus propias corridas cromatográficas, cosa que por supuesto, encarece sobremanera la investigación.

Por eso que le aconsejo tener mucha paciencia con su veterinario si no muestra demasiado entusiasmo en disfrazarse de David Caruso (el pelirrojo protagonista de “CSI: Miami”). Seguramente entiende su angustia y él mismo tendrá muchas ganas de saber qué ocurrió en su caso. Pero la realidad no es la tele y a veces no es posible lograr que los misterios sean develados, como casi siempre pasa en la ficción.

ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

QUÉ ES Y QUÉ NO ES LA TENENCIA RESPONSABLE DE ANIMALES DE COMPAÑÍA

Publicado el día 03/04/2018

Mucho hablamos en este blog en relación a la expresión “Tenencia Responsable” de Animales de Compañía y si bien no es de mi agrado (prefiero “Convivencia Saludable”) bueno es aclarar que no es algo que se les ocurrió a los Veterinarios ni a ningún sector en particular, si no que proviene de un consenso general e internacional para combatir las zoonosis, el abandono y el maltrato animal.

Entendemos por “Tenencia Responsable” la condición por la cual una persona tenedora de un animal, asume la obligación como propietario de procurarle una adecuada provisión de alimentos, vivienda, contención, atención de la salud y buen trato durante toda la vida, evitando asimismo el riesgo que pudiere generar como potencial agresor o transmisor de enfermedades a la población humana, animal y medio ambiente (*)

Hay que admitir que es un criterio muy resistido por algunas entidades de nuestro país, ya que aducen principalmente dos objeciones: 1) que para exigir una tenencia responsable el Estado debería brindar atención gratuita y 2) que el Estado se estaría desligando de sus responsabilidad sobre los perros callejeros y se la estaría adjudicando a los propietarios “irresponsables”.

Respecto al punto 1) hay que tener en cuenta que TR no es un

FOTO: Flor Belenguer

término jurídico, sino un concepto;  Tenencia significa “el que tiene” y el objetivo es que lo haga de forma responsable, para cuidar su integridad física y mental y la de los demás. Bueno es recordar, aunque sea antipático, que para el Código Civil argentino los animales son “cosas”. Son semovientes (deambulan por sí mismos) y pasibles de protección por parte del humano, pero “cosas” al fin. Al no haber registro dominial sobre ellos, basta la propia declaración de una persona física para que sea declarada de su propiedad. Por eso podés decir “este es mi perro” y yo no puedo sacártelo (y si lo hago, podés denunciarme).

El Estado no puede ser responsable de las acciones de los individuos y la Tenencia Responsable es una acción individual. En ningún reglamento, disposición y ordenanza está ligado el término de Tenencia Responsable a las actitudes del Estado, y menos a un servicio gratuito. La gratuidad de un servicio es una decisión (política o partidaria) de un Gobierno, pero nunca condiciona la tenencia. Esta confusión es frecuente porque no se suele distinguir un Gobierno (que pertenece a a un partido político y responde a determinadas ideologías) con el Estado (que debe proveer a los ciudadanos de lo que necesitan Sólo cuando el Estado toma bajo su control un animal, por ejemplo en un refugio, pasa a ser responsable de lo que está bajo su guarda.

Con respecto al punto (2) (sobre que el término Tenencia Responsable desliga al Estado de los animales en situación de calle), es difícil comprender cómo se sostiene tal argumento. Si tomamos la clásica división de la Fauna Urbana (perros y gatos fundamentalmente) como domiciliarios, semi-domiciliarios y callejeros, la Tenencia Responsable se refiere a los dos primeros, es cierto: tiene que haber un “tenedor” para que éste sea responsable. Las obligaciones del Estado sobre los últimos (los callejeros) no terminan ni se diluyen por orientar sus acciones sobre lo anterior, si no que tendrían que ser políticas que interaccionen dentro de un Programa general de Control de la Fauna Urbana. Esta división que hacemos de los animales  (domiciliarios, semi-domiciliarios y callejeros) es totalmente artificial y nos ayuda a comprender una realidad, pero en absoluto significa que las tres condiciones representan “compartimentos estancos”. Muy por el contrario, si se habla de “abandono” como una de las principales causas del incremento de los animales callejeros, no deja de ser una población que “migra” de una condición (“domiciliarios”) a otra (“callejeros”), por cuanto controlar la primera implica sin dudas efectos directos sobre la segunda.

Justo es aclarar que las políticas sanitarias de Tenencia Responsable no son un invento de los Colegios o Consejos Veterinarios argentinos, si no que se basan en un consenso internacional impulsado por la Organización Mundial de Salud (OMS/PAHO) impulsado ya en la “1ra Reunión Latinoamericana de Expertos en Tenencia Responsable de Mascotas y Control de las Poblaciones” de Río de Janeiro (2003). Esto va de la mano que las políticas relacionadas con la Salud Pública y la prevención de las enfermedades zoonóticas no están libradas al azar ni se toman en forma aislada, sino que responden (o deberían responder) a estrategias globales de control que involucran a otros países. A su vez, la toma de decisiones para el abordaje de las políticas sanitarias está perfectamente reglada, va de las autoridades municipales, provinciales y nacionales a los organismos internacionales. Hacer planteos contrarios a dichos objetivos y pretender imponerlos sólo a nivel local, es cuanto menos, irresponsable.

Ante la opción de tener un animal, tenemos que analizar las posibilidades reales de esa Tenencia en cuanto a cuidados, alimentación, espacio y paseos. Para ello, siempre conviene asesorarse con un profesional veterinario antes de tomar decisiones que involucren tanto a nuestra familia como a un ser sintiente.

ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

(*) – adaptación de la definición de la Comisión Técnica Asesora del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, año 1994: “Normas y recomendaciones nacionales para la vigilancia, prevención y control de la rabia en Argentina, Ministerio de Salud de la Nación 2015″.

“Lo que su hijo necesita es un Golden Retriever…”

Publicado el día 25/02/2018

Es común que nos pregunten a los Veterinarios qué tipo de animal adoptar cuando se tiene un chico con algún tipo de problemas o discapacidad y para esto en realidad no hay palabra más autorizada que la de los profesionales que se dedican a ello.  Transcribo una interesante nota del Grupo de Trabajo de “Terapia Asistida de Zona Norte” (en el conurbano bonaerense), “un equipo interdisciplinario destinado al trabajo con pacientes con diferentes necesidades” que intervienen principalmente con perros y del que reproduje el título de su nota.

Dicen los autores (*):

“Son incontables las veces que recibimos consultas de familias a las que el pediatra/neurólogo/psiquiatra/médico de familia le ha “recetado” un perro como solución para la problemática de alguno de sus hijos, especialmente cuando son niños con discapacidad. En numerosas ocasiones, la recomendación no se queda ahí, sino que además especifica raza, y suelen ser los Golden y los Labrador Retriever los elegidos porque “esos perros son buenísimos con los chicos”.
Estas recomendaciones son hechas con las mejores intenciones, pero lamentablemente, con poco sustento científico. Quienes recomiendan suelen saber mucho sobre enfermedades, trastornos y patologías humanas, pero poco sobre perros. Es por eso que las personas que trabajamos en intervenciones asistidas con perros queremos derribar algunos mitos, ya que este consejo ofrecido de buena fe, puede derivar en un problema tanto para la familia involucrada como para el perro.
El primer error en la afirmación que da título a esta nota, es la generalización. No todas las personas somos iguales, y no todos los perros son iguales, incluso los que comparten una misma raza. Y además no todos los niños con discapacidad tienen afinidad con los perros. Los niños son todos únicos y diferentes, un diagnóstico no los define. De la misma manera, los Golden Retriever también son todos diferentes. Hay muchísimos factores que influyen en la formación del carácter de cada perro como individuo. No todos van a ser “buenísimos con los chicos”, algunos quizás ni siquiera estén aptos para convivir con chicos. Para incorporar un perro a la familia tenemos que tener en cuenta todas esas cosas, y evaluar al perro como individuo (más allá de su raza, ya que no importa si es un perro de raza o un mestizo). Si no tenemos en cuenta estas cosas, hay muchas chances de que el perro termine siendo un problema.
El segundo error es depositar en el perro la expectativa mágica de que será el salvador de sus hijos. Un perro es un perro. Puede ser considerado un animal de compañía, un miembro más de la familia, pero si bien puede llegar a ser de gran ayuda, nunca es la solución absoluta. Los perros no hacen terapia, quienes hacen terapia son los terapeutas, que a veces incorporan perros a su trabajo como un facilitador. Que la experiencia de tener un perro pueda ser vivida como “terapéutica” por una persona, no significa que el perro sea un terapeuta.
Muchas personas tienden a confundir a los perros de terapia con los perros de asistencia, con conceptos equivocados sobre ambos. El perro de terapia es el perro que participa en sesiones de terapia junto con un terapeuta. Ese perro vive con su guía o con su propia familia. No vive con el paciente. El perro de asistencia es el perro debidamente entrenado por personas competentes para asistir a determinada persona en su discapacidad, (que puede ser visual, auditiva, motora, etcétera). Este perro vive con su usuario. No es un perro labrador que uno compra por su cuenta y luego contrata un adiestrador para que le enseñe. Los perros de asistencia son minuciosamente evaluados desde cachorros y entrenados con mucho cuidado y responsabilidad, y una vez que están listos, recién ahí son entregados al usuario.
No queremos con esto desalentar a ninguna familia a adquirir un perro. Nuestro deseo es que cuando se tome la decisión, esté basada en expectativas realistas y sea tomada con la responsabilidad que conlleva. Nunca nos vamos a cansar de hacer hincapié en la importancia del cuidado responsable, donde se respete tanto el bienestar animal como el familiar. Creemos que tener un perro en la familia puede ser una experiencia maravillosa, siempre y cuando estemos dispuestos a cuidarlos de manera responsable.
Debemos saber desde un primer momento que un perro nos va a demandar tiempo y dinero. Dinero para mantenerlo en buenas condiciones de salud, con la correspondiente atención veterinaria, vacunas y desparasitaciones al día. Tiempo, porque todos los perros necesitan educación y paseo. Esto resulta fundamental para una buena convivencia entre todos. Si no educamos ni dedicamos tiempo al perro, sobre todo si lo adquirimos de cachorro, nos vamos a encontrar con una gran cantidad de energía acumulada en ese animal. Y seguramente toda esa energía busque como vías de salida conductas que pueden resultar molestas para su familia, como ladridos constantes, hiperactividad, o comportamientos destructivos. Lamentablemente muchos de estos perros terminan siendo confinados a espacios cada vez más pequeños de la casa, para que no molesten, y muchas veces son regalados (en el mejor de los casos, ya que otros son abandonados). Por todos estos motivos queríamos echar un poco de luz sobre estos mitos, y concientizar sobre la necesidad de asesorarse antes de adquirir cualquier cachorro. “

AUTORES: Patricia Bárzola (médica), María Laura Molina y Vedia (Lic. en Psicología), Carolina Marcó del Pont (Lic. en Psicología), Micaela Waldman (Lic en Terapia Ocupacional), Nora Lía Zinelli (docente de nivel inicial), Viviana García (Acompañante Terapéutico), Úrsula Bort (Instructora canina).