“EMBARAZO PSICOLÓGICO”: ni embarazo ni psicológico

Publicado el día 04/05/2017

Surgió, espontánea, la pregunta: “la Daisy, ¿no estárá embarazada?”. La familia hacía apuestas después del almuerzo. “Está más gorda, más ancha de acá” observa alguien, señalando las caderas un poco más cuadradas. “Y le crecieron las tetitas” dice otro. “Y está rara – apunta un tercero – como más tranquila y cariñosa que de costumbre”. La mayoría se juega por la preñez , y a medida que los días y los síntomas avanzan, hacen planes para el reparto de cachorros. Sólo el encargado de sacar a Daisy a pesear es el que tiene dudas. “Nunca estuvo con un perro” explica, pero no está seguro. Todos saben que la gestación dura más o menos dos meses y a medida que pasan las semanas, el alumbramiento se manifiesta inminente. A la Daisy se la ve francamente hinchada, perezosa, aparece leche en las mamas y hasta se buscó un rincón como para hacer un nido. Pero se cumple el plazo supuesto y pasa el día y luego otro y luego otro y de los cachorros ni noticias. Los síntomas “del embarazo” empiezan a disminuir y aparecen otros, como inapetencia, decaimiento y fiebre. Las mamas se palparán calientes y la emisión de leche ahora parece ser franca. “Fue un embarazo psicológico” dictamina, ahora canchero, el erudito de la casa.

La falsa preñez (o en idioma científico: “pseudociesis” o “pseudogestación”) se presenta con frecuencia variable en las perras, aunque aún no está claro si es una patología ya que su base hormonal es parte de la fisiología normal del animal. Me explico: en la mayoría de los mamíferos, luego de la ovulación, aparece la hormona de la gestación (progesterona) que “prepara” al útero para que se implante el embrión y produce los síntomas característicos de la gravidez . Cuando hay fecundación (la hembra se preña), la progesterona sigue trabajando; si no hay fecundación, diversos mecanismos hacen que esta hormona desaparezca, recomenzando luego todo el ciclo sexual. Pero en las perras es diferente: la progesterona no desaparece y sigue actuando varias semanas como si nada. Por eso si poco después del celo les hiciéramos un test de gestación a nuestras perras, todas ellas darían positivo y el Boby viviría con el corazón en la boca. Al parecer, éste sería un mecanismo atávico de la especie canina como para contar con un buen número de nodrizas en las jaurías primitivas. Pero hoy día, este perfil hormonal normal puede manifiestarse exageradamente, con una proliferación de síntomas como los descriptos en el caso de la Daisy. Es así que las perras se ponen molestas, febriles, decaen demasiado y llegan hasta tener trastornos en las mamas. Como remedios caseros se aconseja la aplicación de paños fríos sobre ellas y nunca “ordeñarla” para aliviarle la presión de la leche, porque ese acto genera una mayor secreción. También se deben desalentar las conductas maternales, como las de acovacharse y ” hacer nido” y consultar por otro tipo de terapias como aplicación de hormonas inhibitorias, antibióticos y castración.
Finalmente mencionaré que no es correcto llamar a este cuadro como “embarazo picológico”. Le he oído decir a algún dueño que la falsa preñéz se produce porque su perrita “quiere ser mamá” y que por eso la consienten aún más, la llevan a dormir a la habitación y la hacen comer en la mesa, pobrecita. Todo al revés: está comprobado que existe mayor predisposición a la pseudociesis en pichichas demasiado mimadas y que son tratadas como si fueran una persona más en la familia. Es por eso que siempre conviene darle bolilla al veterinario en sus recomendaciones de no malcriar a la gorda y tratarla con cariño, pero siempre”como una perra”.