El saber abriga más que un chalequito

Publicado el día 25/06/2018

En estas épocas de bajas temperaturas, surge en muchas personas la iniciativa de dotar a los perros con chalecos de abrigo, de los cuales hay muchos modelos y tamaños, de lana o paño, con capucha y sin capucha, temáticos, de colores, a rayas… etc. Lo que nos preguntan a los veterinarios siempre es… “¿realmente lo necesitan?”.

Digamos que desde un punto de vista evolutivo la respuesta sería un contundente “NO!”. El Canis lupus antecesor del perro era todo lo “abrigado” que necesitaba para el ambiente en que vivía: pelo tupido y un manto de subpelo que evita perder calor, además de todos los mecanismos de regulación térmica dentro de los que está incluído la capacidad de “tiritar”.

Pero esta negativa era 100% real  hace algunos siglos. Las cosas han cambiado, lo mismo que cambió el aspecto del primer lobo que se acercó al Hombre si lo comparamos con el perro actual. De un tiempo a esta parte nos hemos dedicado a manipular radicalmente la morfología de los sucesores del lobo de tal manera que muchas de sus funciones se han visto alteradas y no siempre para bien. Una de ellas, es la regulación de la temperatura.

El “sub-pelo” del que hablábamos es un manto piloso suave y corto

IMAGEN: facilisimo.com

que sirve como aislante. Muchas de las razas actuales han perdido este “doble manto” (o “doble capa”) o se lo redujo al mínimo. No lo tienen los de pelo bien cortito, tales como el Daschund (“Salchicha”), el Doberman o el Weimaraner. Lo tienen los perros que más se parecen al lobo, como los Siberian Husky, el Alaskan Malamut y también los tipo “ovejeros”. Lo pueden tener pero modificado (no tan denso, más “ralo) algunas razas como los Terriers, el Caniche o el Pekinés.

Lo obvio es que cuanto más modificado esté el pelaje, más complicado el mecanismo de termoregulación. Todas las razas caninas no “evolucionaron” en forma natural si no que fueron intervenidas artificialmente, por cuanto el diseño de las mismas puede responder más a criterios estéticos y no a los funcionales, por cuanto más nos alejamos del lobo, mayor será la necesidad de compensar artificialmente esas modificaciones.

“El abriguito” entraría en este rubro. Afectada la termoregulación del animal y viviendo en climas fríos, lo más probable es que tengamos que ayudarlo con algo. Sin embargo no es una regla fija y ante la pregunta puntual “¿tengo que ponerle un saquito a mi mascota?” la respuesta es “depende”. Recordemos también que lo mejor es evitar cambios bruscos de temperatura, no pasar del frío extremo al calor caldoso en cuestión de minutos y para tal fin, la ropa para perros puede dar una mano.  Pero si tenemos un perro “común y corriente” y nos damos cuenta que tiene esa doble capa… mejor no agreguemos una tercera. Que el bicho active todos sus mecanismos para compensar el frío en forma natural que para eso evolucionó miles de años.

IMAGEN: elentrerios.com

Un párrafo final para el tema de los perros callejeros. De un tiempo a esta parte surgió la costumbre de hacer campañas para comprar o confeccionar abrigos para animales que deambulan sin dueño por parte de gente bien intencionada, pero poco informada. La cosa es así: en el tema de la termoregulación, de “mantenerse calentito”, más importante que adquirir calor es no perderlo. Un cuerpo bien aislado se mantiene caliente si es que no pierde la propia energía corporal, aparte de la cercanía a una estufa. Gracias al mecanismo de conducción, el calor tiende a desplazarse de las superficies calientes a las frías, por eso es que aún en verano nos enfriamos si nos acostamos en el piso.  ¿Qué pasa con los “callejeritos” y sus abrigos? Pasa que en un principio todo puede parecer perfecto, la “capita” puede verse (y ser) muy abrigada y hasta adivinemos una sonrisa de bienestar en ese animal. Todo bien con el calor y la conservación de la energía, pero no estamos tomando en cuenta un detalle: la humedad. Tarde o temprano, esa “capita” va a humedecerse en el mejor de los casos o directamente empaparse. Aunque el perro sea muy inteligente y “vivo”, no podrá evitar a corto plazo los charcos, un baldazo, la lluvia o simplemente, el rocío. ¿Y qué representa un abrigo mojado? Una superficie fría que envuelve el cuerpo del animal sin que éste pueda librarse de él. Un contacto estrecho que hará que el calor de la piel se transmita a “la capita”. El perro así, se enfriará invariablemente. Si no creen lo que les digo, tomen su mejor campera, la más abrigada, rocíenla o empápenla con agua por dentro y por fuera, póngansela y vayan a tomar mates al patio. En 15 minutos estarán de vuelta con una pulmonía.
Ponerle abrigo permanente a los perros callejeros puede ser bien intencionado, pero está mal pensado. La única opción que queda es chequear periódicamente que la ropa no se haya humedecido, para quitársela o cambiarla. Pero por definición, si es callejero (vagabundo, “en situación de calle” o como quieran llamarlo) esto parece bastante inviable. Además, si lo tenemos tan a mano, si está ahí, tan cerca nuestro como para ver seguido si está húmedo o no… ¿qué nos cuesta adoptarlo, eh?.

Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491