EL LENGUAJE SECRETO DEL LAMIDO PERRUNO

Publicado el día 20/07/2018

Hay muchas cosas que hacen los perros a las que generalmente no le prestamos atención, porque parecen “naturales” o “instintivas” y sin embargo son indicativas de algunas características comportamentales de la especie. Una de ellas es la costumbre de lamer, tanto a las cosas, a nosotros, como a sí mismos.
El lamido de las cosas, de los objetos, puede formar parte de la “fase exploratoria” normal de los perros. Para ellos la vista no es el principal sentido, tienen un olfato muy potente y también un sentido del gusto importante, de manera tal que primero olfatearlos y después “probarlos” les aporta datos a los que nosotros -los humanos- no accedemos. Pero esta fase debe interrumpirse en algún momento, el lamido constante de los muebles, las paredes o cualquier cosa del entorno puede respondar al Sindrome de Ansiedad y es patológico.
Es importante saber reconocer por qué los animales hacen ciertas cosas y en qué contexto, para así prevenir situaciones indeseables tanto para ellos como para nosotros. Por ejemplo: el acto de “relamerse”, de pasar la lengua una y otra vez por el borde de los labios (el gesto que hacemos para caricaturizar que algo está muy rico). En los perros es un indicio de estrés por la situación que está pasando. Por ejemplo: perros frecuentemente dóciles que están siendo manoseados en exceso por humanos, el típico bebé que se le cuelga de las orejas, una persona que lo reta y lo reta sin parar por algo que hizo hace dos horas… veremos al animal asumiendo la posición sumisa, el rabo entre las patas, el cuerpo lo más bajo posible, las orejas caídas, la mirada huidiza… y el constante relamido. El perro la está pasando mal. Si hizo una macana, lo más probable es que ni se acuerde, pero entiende el enojo del líder y asume su rol de sumiso.

Sin embargo, el estímulo (el reto, el manoseo) persiste. Y es ahí cuando comienza la señal de estrés, el movimiento de la lengua. En muchos perros puede ser un aviso de peligro: hay situaciones que esa demostración de estrés termina en un mordisco. ¡Estar atentos!.
Tampoco es un buen signo cuando los perros se lamen en exceso a sí mismos. Un poco de acicalamiento está bien, es normal y alivia la picazón en caso de dermatitis o heridas. Pero cuando esa actividad no para, cuando se hace en forma constante y hay que retarlo para que cese, podemos estar de cara a una “Estereotipia”, un comportamiento compulsivo basado en un problema similar a cuando el animal se persigue la cola.
A tal punto puede llegar este comportamiento, que es bien conocida la patología denominada “Granuloma Acral”, una lesión focalizada que se da en la piel de las patas delanteras o traseras de los perros (generalmente la que le queda más cerca de la boca cuando están echados) cuya resolución en algunos casos tiene que ser quirúrgica.
Finalemente cabe la pregunta: ¿por qué nos lamen a nosotros?. Ya hemos dicho otras veces que para los perros nosotros también somos perros (“doble impronta”) y por lo tanto se comportan con las personas como lo harían con sus compañeros de jauría. En una especie social, el acicalamiento mutuo, limpiarse unos a otros, es un comportamiento normal. Así como los chimpancés se “despiojan” entre ellos, los perros se lamen. Pero además tiene otro significado, el de “sumisión”, el de decir “vos mandás”. Esta actitud está vinculada directamente a las etapas de cachorro y a la evolución. ¿Cómo?. El lobo, antecesor de nuestro perro, era un cazador y oportunista nato. Cuando encontraba comida, ya sea como presa viva o como carroña, simpre comía mucho más de lo que necesitaba. Llenaba su amplio estómago (“amplio” en relación a su anatomía) y regresaba a la guarida en donde estaba el resto de la jauría. Allí los cachorros le lamían el rostro, lo cual desencadenaba el reflejo de regurgitación y la cría podía alimentarse. El acto de lamido en la cara del proveedor es innato en el “Canis lupus” y sería una de las razones por las cuales a los perros les gusta tanto “darnos besos”, como muestra también de apego y sumisión.
No soy yo para decirles si está bien o mal, pero si le gusta darles besos en la boca al perro vean bien dónde estuvo ese hocico antes. Y si eso aún lo tiene sin cuidado… bueno: al menos téngalo desparasitado.

M.V. ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario – MP: 6491