MI GATO PATOTERO (conociendo la agresividad felina)

Publicado el día 13/07/2017

La agresividad felina es una de las consultas más frecuentes de comportamiento, junto con la falta de aseo o las micciones inadecuadas. No se manifiestan en forma tan espectacular como la de los perros, pero si causan preocupación en los propietarios y en algún caso heridas graves.
Según el especialista David Marbella Fernández (*), la agresividad puede estar dirigida hacia otros gatos, otros animales o hacia las personas. Sus posibles presentaciones varían según el hábitat del gato, el número de animales que viven juntos, si están enteros o castrados, si es época de celo, de cómo fue el periodo de
socialización del gatito, etc. En ocasiones la agresividad es debida a una causa orgánica. Procesos que afectan al sistema nervioso (tumores, meningitis, intoxicaciones por enfermedad hepática: tumores, cirrosis, shunts), procesos dolorosos (artritis, problemas dentales, obstrucciones uretrales), desequilibrios endocrinos (hipertiroidismo, hipotiroidismo en el que se aprecian problemas de conducta agresiva sin ningún otro tipo de sintomatología), infecciones víricas, virus de la rabia, peritonitis infecciosa felina o virus de la inmunodeficiencia felina (FIV), pueden dar problemas de comportamiento. Se ha visto agresividad en gatos infectados con FIV antes que cualquier otro signo de enfermedad.

TIPOS DE AGRESIVIDAD

La agresividad felina sin causa orgánica puede presentarse como agresividad del juego, predadora, inducida por las caricias, por miedo, territorial, redirigido, entre machos. (…)

La agresividad por miedo y la territorial son más frecuentes entre gatos. La agresividad inducida por las caricias y la del juego son más frecuentes hacia las personas. La agresividad entre machos se da exclusivamente entre gatos.

Agresividad del juego: tiene lugar en un contexto de juego, los objetivos suelen ser los movimientos de los pies o las manos de los propietarios. El juego, aún siendo una conducta normal en gatitos y gatos jóvenes, debe estar controlado. La mayoría de los casos se dan en viviendas de un solo gato que no tiene la oportunidad de jugar con animales de su propia especie. Puede derivar en una agresividad predadora.
El tratamiento está indicado cuando el mordisco y los arañazos no están inhibidos y las lesiones son profundas, o el juego es nocturno y no deja descansar a los miembros de la familia. El tratamiento intenta redirigir la conducta de juego a juguetes, de tipo colgante, objetos que se muevan, balanceen o salten, como cañas de pescar para gatos, y no hacia las manos de los dueños. Medidas disuasorias para inhibir al gato son el ruido producido por un silbato o una bocina, o usar una pistola de agua. Hay que recompensar al gato cuando se relaciona de manera amistosa. Se puede poner un cascabel al gato y así sabremos dónde se encuentra y anticipar un hipotético ataque.

Agresividad predadora: la predación es una conducta inherente al comportamiento felino. Responde a la naturaleza cazadora del gato, no hay señales de amenaza previa, y luego, mal encauzada, puede dar lugar a graves lesiones. Afecta a animales de ambos sexos y de cualquier edad. El gato persigue, muerde y en último extremo mata a su presa, luego el peligro es máximo cuando se dirige hacia un niño o hacia otro animal de compañía.

Agresividad inducida por las caricias: Estoy acariciando al gato y de repente me muerde como si dijese ya está bien”, se oye con cierta frecuencia en las clínicas veterinarias. Algunos gatos muerden a sus dueños cuando están siendo acariciados. Su frecuencia es mayor de lo que se cree.
Hay gatos que tienen cierto umbral de tolerancia para las caricias. Antes de la mordedura el gato envía señales: aplana las orejas y las dirige hacia atrás, sacude la cola, se encorva, también puede sisear o
mover la cabeza hacia la mano de quien le está acariciando. Los niños son los que se encuentran más desprotegidos pues no suelen reconocer los signos previos al ataque. El tratamiento se basa en averiguar el umbral de tolerancia de caricias del gato, empezar a acariciar por debajo de ese umbral mientras el gato no muestre signos de agresividad y recompensar, aumentando el tiempo de caricias poco a poco.

Agresividad por miedo: la agresividad por miedo aparece cuando el gato se enfrenta a un estímulo evocador de
miedo sin posibilidad de huir. Ese estímulo puede ser un ruido, un castigo, la amenaza de otro gato o de una persona. La agresividad por miedo es una agresividad defensiva. Una causa común de agresividad por miedo es la falta de socialización.
La desensibilización y el contracondicionamiento son las técnicas de modificación de conducta indicadas en el tratamiento. En casos muy extremos se puede añadir a la modificación de conducta un tratamiento farmacológico.

Agresividad territorial: este tipo de agresividad en gatos que viven en una vivienda es muy frecuente, se puede dar entre machos, y entre machos y hembras, aunque en este caso suele ser el macho el agresor. Los gatos son animales que se apegan al territorio, territorio que dividen en zonas con distinto carácter y que marcan con feromonas de manera regular. Cualquier alteración en ese
territorio producirá una alteración en el gato. Los gatos que viven en libertad durante la época de celo solapan sus territorios, hecho que no ocurre cuando no están en celo. Los gatos que conviven en una vivienda comparten territorios, se toleran, pero en ocasiones la incursión de un gato en territorio ajeno puede desembocar en una pelea. Cuando un gato es introducido en una vivienda donde ya existe otro se puede estimular la agresividad territorial y en ocasiones el nuevo gato es el agresor. Esta agresividad puede acentuarse cuando uno de los gatos huye estimulando el ataque del
gato agresor. La agresividad territorial se puede producir en gatos que llevan años conviviendo juntos, sin razón aparente. Por cualquier motivo, una obra en la vivienda, un estímulo externo que provoque miedo en uno de los gatos, la enfermedad de uno de los
animales, o incluso una visita al veterinario, puede desencadenar la agresividad territorial. Algunas teorías la denominan “ansiedad de la cohabitación”. La agresividad territorial se puede dar en un grupo de tres gatos de tal manera que dos de ellos ataquen al otro gato.
La desensibilización y el contracondicionamiento son el modo adecuado de tratamiento. A veces es necesario el uso de fármacos, tanto para controlar la impulsividad del agresor, como para reducir la ansiedad del agredido. La agresividad territorial se puede dar hacia las personas, teniendo ésta un pronóstico más favorable.

Agresividad redirigida: la agresividad redirigida es aquella que se da hacia un objeto distinto al que genera el estímulo excitador del estado agresivo. Es el caso del gato que ve a otro gato a través de la
ventana y el dueño u otro animal de la casa están a su lado, o en una pelea de gatos durante la cual una persona se mete a separarlos, o cuando el animal tiene miedo y se intenta tranquilizarle con caricias. A veces esta agresividad es inducida por el miedo. Puede derivar
en una agresividad territorial. Es importante identificar el estímulo excitador e intentar eliminarlo, o impedir el acceso del gato al mismo. A veces el estímulo apareció hace horas pero el gato continúa excitado, lo que complica la identificación del estímulo original y el pronóstico. En caso de peleas de gatos es recomendable no meterse por medio ante el peligro de resultar agredido, y utilizar un método de distracción (un silbato, una pistola de agua).

Agresividad entre machos: la agresividad entre machos ocurre cuando hay una hembra en celo próxima, cuando un gato joven alcanza la madurez sexual o un gato se hace viejo y hay una disputa por el control dentro de la flexibilidad de los grupos sociales felinos.

 


FUENTE: David Marbella Fernández – Veterinario Magíster en Etología Clínica y Bienestar Animal,  UCM ( Las Palmas de Gran Canaria) – PV ARGOS 18/2013 / 3 de mayo de 2013,