DE TONY, DE CUCHAS y PLATITOS

Publicado el día 18/05/2017

Estas semanas nuestros amigos los perros han sido protagonistas de muchos minutos en los medios. Por un lado tenemos a Tony, el “petizo guardián” cuya imagen se hizo viral por quedarse junto a su amigo humano luego de un accidente. Por otro lado tenemos la polémica en la ciudad referida a las llamadas “Cuchas Comunitarias”, las cuales según algunos provocarían que los callejeros del sector se conviertan en agresivos.

La pregunta es… ¿qué hace que un perro se convierta en “guardián” con una persona o un lugar?. La respuesta es la misma de siempre: la evolución. Recordemos que los perros son lobos evolucionados, domesticados y seleccionados artificialmente por nosotros para que convivan en el medio humano. Este mecanismo logró -luego de miles de años- una condición que los hace únicos: la “doble impronta”.

Entendemos por “impronta” al aprendizaje que se adquiere en los períodos tempranos de vida por el cual un individuo se reconoce a sí mismo y a los demás como parte de una misma especie animal. Los perros parecen tener una “doble impronta” innata por la cual nos ven a los humanos como de la misma especie. Para ellos, no hay distinciones entre los otros perros de la casa y la familia (podés saber más sobre este concepto leyendo esta nota).

Desde ese punto de vista, el impulso de protección de Tony hacia su compañero herido, es el mismo que tendría un lobo por otro miembro de la jauría en iguales condiciones. Por supuesto que la excepcional sensibilidad de los animales a los cambios de humor y salud de sus iguales les permite saber cuándo alguno de la manada debe ser asistido, protegido, esperado. ¿Quién no jugó a “hacerse el muerto” con su perrito para ver cómo éste se desespera?.

Hemos dicho también que los perros son animales “sociales”, es decir, lo más importante para ellos es EL OTRO, los miembros de su jauría, sea humano u otro perro. Los gatos, en cambio, son territoriales, cazadores solitario y para los cuales su espacio es fundamental.

Los perros siempre defenderán su jauría y es la jauría la que tiene territorio, no el individuo. El territorio de la jauría se formará en base a los recursos, el principal de ellos es la alimentación. Lo que en los lobos era un “territorio de caza”, hoy la ciudad ofrece un “territorio de alimento”, el cual puede ser desde los platitos de balanceado que le deja la gente a los animales de la cuadra o también (lamentablemente) la basura.

El reparo (las cuchas) no es tan importante. Los perros no saben de catastros ni propiedades, no les importa mientras estén con su manada. Los lobos migran a donde hay alimentos, no donde hay un techo (en todo caso lo encuentran cuando se aseguran el sustento). Por eso es tan fácil “mudar” un perro, irse a otra casa con él, mientras que los gatos sufren mucho más estas situaciones. Esto no significa que no existan los accidentes por mordedura con perros de la calle, todo lo contrario. Una vez que la jauría estableció su territorio, la defiende en conjunto. Pero es por el alimento y la supuesta seguridad de la jauría, no por el territorio concebido como “propiedad”. Para el control de la fauna urbana es fundamental conocer los mecanismos del comportamiento animal, para no actuar con falsos prejuicios.

Si tiene que haber o no “cuchas comunitarias” (y/o comederos, y/o bebederos comunitarios) es un tema muy distinto a la ciencia de la etología. Más bien tiene que ver con lo legal y el uso del espacio público, aunque su ocupación se haga con las mejores intenciones.

La clave en común serían dos palabras: Tenencia Responsable. Cuando está presente, (como parece ser el caso de Tony) es más sencillo que haya una convivencia equilibrada entre el animal y el humano conviviente. Y por otro lado, la cantidad de perros abandonados que existen en nuestras calles y que son asistidos por los vecinos, nos indica que falta… y mucho.

Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491