CUANDO EL BEBÉ LLEGA DESPUÉS QUE EL PERRO

Publicado el día 23/03/2017

En otras notas hemos hablado sobre el vínculo que los perros establecen con las personas convivientes, reconociendo a la familia como su jauría y a cada integrante como un perro más. También dimos consejos sobre cómo lograr que los niños y las mascotas se lleven bien. Sin embargo, hay otras situacines en que la relación de dominancia o sumisión que se establece con cada uno de sus integrantes puede desnaturalizarse. Es cuando a la familia llega un nuevo “intruso”, ese pequeño invasor que apareció después que nuestro perro: un bebé.

Para comprender el cuadro, pongámonos en el lugar del perro: hasta el momento él era el mimado del hogar, merecía todas las atenciones y podía ir de un lado al otro de la casa sin mayores restricciones. De repente aparece esa cosa chiquita a la que le dicen “bebé” y a la que todos miman, aunque él (por alguna oculta razón), no pueda ni acercársele. Si el bebé llora todos corren a ver qué pasa mientras que si el perro ladra le gritan para que se calle. Si el pichicho quiere (como es natural) olisquear al chico para “conocerlo mejor”, lo retan, lo cascan y hasta lo echan afuera.

Lamentablemente, esta actitud puede provocar que el animal establezca una relación de competencia negativa con el chico, en lugar de erigirse en su “protector”. Luego esa competencia puede derivar en agresiones, especialmente en la edad en la que el chico comienza a gatear y a “invadir” el territorio de la mascota, la que puede reaccionar violentamente.

Es así que para evitar accidentes por mordeduras y lograr una mayor armonía entre humanos y caninos, la palabra clave es INTEGRACION. Es importante integrar al animal a todo el proceso de espera y crianza del “cachorro humano” sin que sufra desatención. Por ejemplo, si está preparando la habitación para cuando el bebé nazca, permítale a su mascota ingresar en ella, de manera tal que vaya incorporando los cambios en el territorio hogareño. Cuando llegue el bebé, “presénteselo”, deje que lo huela concienzudamente y que de esa manera lo reconozca. Procure no variar demasiado la rutina de su mascota: si antes salía a caminar con él no deje de hacerlo, aunque sea incómodo ir a la plaza con el cochecito del bebé y el perro juntos. Y a medida que el chico vaya creciendo, “adiéstrelo” a él también para que no moleste al bicho cuando come, duerme o simplemente no tiene ganas que le tiren de las orejas. Es obvio que si hay chicos en casa debe cuidarse especialmente el estado sanitario del animal, pero salvado este punto, Ud. puede permitir la convivencia estrecha entre ambos y lograr que su perro llegue a ser también el mejor amigo de su hijo.

NOTA IMPORTANTE: no obstante todas las precauciones señaladas, volvemos a recomendar desde este blog que NUNCA deben dejarse a solas perros (conocidos o no) con chicos menores de seis años. Éstos últimos no sabrán reconocer las señales caninas que rodean a una agresión inminente y los perros no se sentirán inhibidos por la presencia de un adulto dominante, por lo que es importante prevenir y directamente evitar dichas situaciones.

Dr. Roberto F. Giménez

Médico Veterinario (U.B.A.)

MP: 6491