Los Murciélagos, la Rabia y Nosotros”

Publicado el día 08/10/2018

Un tema que permanece vigente y que genera cada vez más consultas a medida que se acercan los meses de calor: el tema de los murciélagos. Al respecto, compartimos conceptos del Colegio Veterinario de la Provincia de Buenos Aires, que se expide sobre estos particulares bichitos y el riesgo de transmisión de la Rabia:

“En lo que va de 2018 el Departamento de Zoonosis Urbanas de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires confirmó 89 casos de rabia en murciélagos. Ante este panorama, el Colegio de Veterinarios Bonaerense incentiva la vacunación de perros y gatos.

El Departamento de Zoonosis Urbanas de la Dirección de Epidemiología del Ministerio de Salud Provincial dio a conocer que durante este año ya se registraron 89 casos de rabia en murciélagos insectívoros en la provincia de Buenos Aires, el último fue en el mes de septiembre en Lobería. De esta manera, a pesar de las metas propuestas por la Organización Mundial de la Salud de erradicar la enfermedad, el tema parece estar cada vez más vigente en Argentina.

Cómo actuar en caso de encontrar un murciélago:

– Si se encuentra dentro de un domicilio, se debe intentar que salga solo. De no ser posible, debe aislarse y llamar a Centro de Zoonosis del Municipio al que pertenecen.
– Aunque parezca muerto, no se debe tocar: se debe evitar la exposición a mordeduras. Alejar a los niños y mascotas del lugar.
– Quienes encuentren murciélagos de día, heridos o muertos, deben aislarlos y comunicarse inmediatamente con el Centro de Zoonosis para que puedan realizar las pruebas pertinentes.
– Enseñar a los niños sobre el riesgo de jugar con murciélagos: no son una mascota, no se debe tratar de alimentar ni de manipular. No es habitual que estos animales estén visibles de día y menos en el piso, siendo en estos casos muy probablemente un animal enfermo, con altas probabilidades de tener y contagiar rabia.
– Si el murciélago mordió a una mascota, debe llevarse de urgencia al Centro de Zoonosis del Municipio más cercano o consultar con un profesional veterinario.
– Si el murciélago mordió a una persona, debe concurrir inmediatamente a un hospital.”

Fuente: Prensa – Colegio de Veterinarios de la Pcia. de Bs. As.

LA GUIA DEFINITIVA PARA DARLE LA PASTILLA AL GATO

Publicado el día 01/08/2018

Si existe un verdadero desafío en la Medicina Veterinaria es administrarle medicación a un gato. ¿Vieron qué difícil que es? Realmente el carácter de estos animales sumado a la capacidad destructiva de uñas y dientes hacen que el problema sea tan básico como complejo.

Antes que nada, un poco de farmacología explícita.  Hay dos tipos de medicación: la “enteral” (por boca) y la “parenteral” (inyectable, venosa, intramuscular o subcutánea). Cada forma de aplicación tienen su técnica y también se relaciona con el tipo de medicamento, la velocidad en que la droga hace efecto, cómo se distribuye en el cuerpo, cuánto tarda en metabolizarse, el tiempo en que está activa, etc., etc.

Darle un inyectable subcutáneo o intramuscular a un gato suele estar en manos de un profesional o de sus ayudantes. Puede ser complicado o no (depende del gato y la habilidad del operador), pero de alguna forma eso está controlado. El problema es cuando el veterinario agarra el recetario y se pone a escribir “… y le vamos a dar una pastillita por unos días para…”. ¡Sonamos! En nuestra cabeza se nos forma la imagen de las batallas campales que están por venir. Por más bueno que sea el gato, una medicación dada en forma continua (como se hace hasta tres veces por día durante varios días) puede molestar su habitual buen humor y volverlo más arisco que de costumbre.

¿Qué es lo que hacemos, entonces? Como dicen en la industria: “Safety First”, la seguridad es lo primero. Debemos pasar la prueba sin salir lastimados ni nosotros ni el gato. Una primer medida puede ser proveerse de esos guantes gruesos de jardinería y (mucho mejor) los de soldador, de manera tal de poder manejar al animal y que si nos clava uñas o dientes, no pase nada. Otra opción posible es envolver al animal en una toalla o manta, para mantener las pequeñas garras de la pantera lejos de nuestra piel.

Es importante hacer todo tranquilo, sin provocar más estrés del necesario. Alzarlo, ponerlo en la falda, acariciarlo o… todo lo contrario (sobre una mesa o dentro de la “gatera”), lo que uno sepa que es mejor para el gato, de acuerdo a su carácter. Una buena opción es la llamada “clipnosis”, que consiste en ponerle un clip en el pliegue cutáneo de la nuca y el cuello, lo cual es relajante para la especie porque es la forma en que la gata agarra a sus cachorros (en el video de aquí queda muy claro)

Es obvio que las opciones más sencillas son la de darle la pastilla directamente y que la acepte o también dejar el comprimido mezclado con balanceado y que se lo coma por sí mismo. En el 99% de los casos, eso no pasa. La otra es poner el medicamento dentro de algo que le guste, como un trozo de carne o de hígado, y dárselo “camuflado”, pero quienes hace mucho que tienen gatos saben lo “vivos” que son, y sobre todo la capacidad olfativa que tienen, así que lo más probable es que nos vaya bien con el método un par de veces y después nunca más. Por eso es necesario apelar a métodos más elaborados. Generalmente administrar un líquido nos resulta más sencillo que una “pastilla”. Por eso, si es jarabe mejor, pero no todas las drogas están disponibles en ese formato. En todo caso, si nos recetaron comprimidos o grageas, es conveniente preguntarle al Veterinario si la misma se puede moler y diluir en agua, porque hay algunos medicamentos que les hace perder sus propiedades.

Si tenemos jarabe o un comprimido diluido, ponemos el mismo en una jeringa y con el gato inmovilizado (envuelto en una toalla o sostenido por otra persona), tomamos su cabeza) y la levantamos unos 45 grados, manteniéndole la boca cerrada. Luego colocamos el extremo de la jeringa en la comisura de los labios y muy lentamente descargamos el líquido dentro de la boca, dándole tiempo para tragar, evitando que se ahogue. Hay algo que se llama “reflejo deglutorio”, que es cuando los sólidos o líquidos llegan a ciertas parte de la faringe, es imposible para el animal no tragarlos. De todas maneras, tenemos que considerar las pérdidas que seguramente habrá. Digamos, si le tenemos que dar un comprimido y el gato escupió una parte, va a haber que administrarle lo que tiró (por ejemplo: medio comprimido más). No dejar de hacerlo, porque se debe respetar la dosis recetada por el profesional, puesto que en algunos tipos de medicamento, la subdosificación no sólo no cura si no que produce resistencia (ejemplo: los antibióticos).

Finalmente, les dejo un método bastante más “etológico”: habiendo consultado con el veterinario la posibilidad de fragmentar la pastilla, la “hacemos polvo” lo más que podemos y luego lo mezclamos bien con queso blanco o dulce de leche. Tomamos el gato y le untamos una pata (cualquiera) con dicha mezcla. Y lo dejamos. Así de simple. Que se vaya a su rincón y que se limpie solo. Muchas veces, la actitud innata de acicalamiento es mucho más fuerte que el gusto y el olor que pueda tener una droga. Y así, limpiándose, entre lamido y lamido, se habrá tragado todo lo que necesite para curarse.

ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario
MP: 6491

EL LENGUAJE SECRETO DEL LAMIDO PERRUNO

Publicado el día 20/07/2018

Hay muchas cosas que hacen los perros a las que generalmente no le prestamos atención, porque parecen “naturales” o “instintivas” y sin embargo son indicativas de algunas características comportamentales de la especie. Una de ellas es la costumbre de lamer, tanto a las cosas, a nosotros, como a sí mismos.
El lamido de las cosas, de los objetos, puede formar parte de la “fase exploratoria” normal de los perros. Para ellos la vista no es el principal sentido, tienen un olfato muy potente y también un sentido del gusto importante, de manera tal que primero olfatearlos y después “probarlos” les aporta datos a los que nosotros -los humanos- no accedemos. Pero esta fase debe interrumpirse en algún momento, el lamido constante de los muebles, las paredes o cualquier cosa del entorno puede respondar al Sindrome de Ansiedad y es patológico.
Es importante saber reconocer por qué los animales hacen ciertas cosas y en qué contexto, para así prevenir situaciones indeseables tanto para ellos como para nosotros. Por ejemplo: el acto de “relamerse”, de pasar la lengua una y otra vez por el borde de los labios (el gesto que hacemos para caricaturizar que algo está muy rico). En los perros es un indicio de estrés por la situación que está pasando. Por ejemplo: perros frecuentemente dóciles que están siendo manoseados en exceso por humanos, el típico bebé que se le cuelga de las orejas, una persona que lo reta y lo reta sin parar por algo que hizo hace dos horas… veremos al animal asumiendo la posición sumisa, el rabo entre las patas, el cuerpo lo más bajo posible, las orejas caídas, la mirada huidiza… y el constante relamido. El perro la está pasando mal. Si hizo una macana, lo más probable es que ni se acuerde, pero entiende el enojo del líder y asume su rol de sumiso.

Sin embargo, el estímulo (el reto, el manoseo) persiste. Y es ahí cuando comienza la señal de estrés, el movimiento de la lengua. En muchos perros puede ser un aviso de peligro: hay situaciones que esa demostración de estrés termina en un mordisco. ¡Estar atentos!.
Tampoco es un buen signo cuando los perros se lamen en exceso a sí mismos. Un poco de acicalamiento está bien, es normal y alivia la picazón en caso de dermatitis o heridas. Pero cuando esa actividad no para, cuando se hace en forma constante y hay que retarlo para que cese, podemos estar de cara a una “Estereotipia”, un comportamiento compulsivo basado en un problema similar a cuando el animal se persigue la cola.
A tal punto puede llegar este comportamiento, que es bien conocida la patología denominada “Granuloma Acral”, una lesión focalizada que se da en la piel de las patas delanteras o traseras de los perros (generalmente la que le queda más cerca de la boca cuando están echados) cuya resolución en algunos casos tiene que ser quirúrgica.
Finalemente cabe la pregunta: ¿por qué nos lamen a nosotros?. Ya hemos dicho otras veces que para los perros nosotros también somos perros (“doble impronta”) y por lo tanto se comportan con las personas como lo harían con sus compañeros de jauría. En una especie social, el acicalamiento mutuo, limpiarse unos a otros, es un comportamiento normal. Así como los chimpancés se “despiojan” entre ellos, los perros se lamen. Pero además tiene otro significado, el de “sumisión”, el de decir “vos mandás”. Esta actitud está vinculada directamente a las etapas de cachorro y a la evolución. ¿Cómo?. El lobo, antecesor de nuestro perro, era un cazador y oportunista nato. Cuando encontraba comida, ya sea como presa viva o como carroña, simpre comía mucho más de lo que necesitaba. Llenaba su amplio estómago (“amplio” en relación a su anatomía) y regresaba a la guarida en donde estaba el resto de la jauría. Allí los cachorros le lamían el rostro, lo cual desencadenaba el reflejo de regurgitación y la cría podía alimentarse. El acto de lamido en la cara del proveedor es innato en el “Canis lupus” y sería una de las razones por las cuales a los perros les gusta tanto “darnos besos”, como muestra también de apego y sumisión.
No soy yo para decirles si está bien o mal, pero si le gusta darles besos en la boca al perro vean bien dónde estuvo ese hocico antes. Y si eso aún lo tiene sin cuidado… bueno: al menos téngalo desparasitado.

M.V. ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario – MP: 6491

El saber abriga más que un chalequito

Publicado el día 25/06/2018

En estas épocas de bajas temperaturas, surge en muchas personas la iniciativa de dotar a los perros con chalecos de abrigo, de los cuales hay muchos modelos y tamaños, de lana o paño, con capucha y sin capucha, temáticos, de colores, a rayas… etc. Lo que nos preguntan a los veterinarios siempre es… “¿realmente lo necesitan?”.

Digamos que desde un punto de vista evolutivo la respuesta sería un contundente “NO!”. El Canis lupus antecesor del perro era todo lo “abrigado” que necesitaba para el ambiente en que vivía: pelo tupido y un manto de subpelo que evita perder calor, además de todos los mecanismos de regulación térmica dentro de los que está incluído la capacidad de “tiritar”.

Pero esta negativa era 100% real  hace algunos siglos. Las cosas han cambiado, lo mismo que cambió el aspecto del primer lobo que se acercó al Hombre si lo comparamos con el perro actual. De un tiempo a esta parte nos hemos dedicado a manipular radicalmente la morfología de los sucesores del lobo de tal manera que muchas de sus funciones se han visto alteradas y no siempre para bien. Una de ellas, es la regulación de la temperatura.

El “sub-pelo” del que hablábamos es un manto piloso suave y corto

IMAGEN: facilisimo.com

que sirve como aislante. Muchas de las razas actuales han perdido este “doble manto” (o “doble capa”) o se lo redujo al mínimo. No lo tienen los de pelo bien cortito, tales como el Daschund (“Salchicha”), el Doberman o el Weimaraner. Lo tienen los perros que más se parecen al lobo, como los Siberian Husky, el Alaskan Malamut y también los tipo “ovejeros”. Lo pueden tener pero modificado (no tan denso, más “ralo) algunas razas como los Terriers, el Caniche o el Pekinés.

Lo obvio es que cuanto más modificado esté el pelaje, más complicado el mecanismo de termoregulación. Todas las razas caninas no “evolucionaron” en forma natural si no que fueron intervenidas artificialmente, por cuanto el diseño de las mismas puede responder más a criterios estéticos y no a los funcionales, por cuanto más nos alejamos del lobo, mayor será la necesidad de compensar artificialmente esas modificaciones.

“El abriguito” entraría en este rubro. Afectada la termoregulación del animal y viviendo en climas fríos, lo más probable es que tengamos que ayudarlo con algo. Sin embargo no es una regla fija y ante la pregunta puntual “¿tengo que ponerle un saquito a mi mascota?” la respuesta es “depende”. Recordemos también que lo mejor es evitar cambios bruscos de temperatura, no pasar del frío extremo al calor caldoso en cuestión de minutos y para tal fin, la ropa para perros puede dar una mano.  Pero si tenemos un perro “común y corriente” y nos damos cuenta que tiene esa doble capa… mejor no agreguemos una tercera. Que el bicho active todos sus mecanismos para compensar el frío en forma natural que para eso evolucionó miles de años.

IMAGEN: elentrerios.com

Un párrafo final para el tema de los perros callejeros. De un tiempo a esta parte surgió la costumbre de hacer campañas para comprar o confeccionar abrigos para animales que deambulan sin dueño por parte de gente bien intencionada, pero poco informada. La cosa es así: en el tema de la termoregulación, de “mantenerse calentito”, más importante que adquirir calor es no perderlo. Un cuerpo bien aislado se mantiene caliente si es que no pierde la propia energía corporal, aparte de la cercanía a una estufa. Gracias al mecanismo de conducción, el calor tiende a desplazarse de las superficies calientes a las frías, por eso es que aún en verano nos enfriamos si nos acostamos en el piso.  ¿Qué pasa con los “callejeritos” y sus abrigos? Pasa que en un principio todo puede parecer perfecto, la “capita” puede verse (y ser) muy abrigada y hasta adivinemos una sonrisa de bienestar en ese animal. Todo bien con el calor y la conservación de la energía, pero no estamos tomando en cuenta un detalle: la humedad. Tarde o temprano, esa “capita” va a humedecerse en el mejor de los casos o directamente empaparse. Aunque el perro sea muy inteligente y “vivo”, no podrá evitar a corto plazo los charcos, un baldazo, la lluvia o simplemente, el rocío. ¿Y qué representa un abrigo mojado? Una superficie fría que envuelve el cuerpo del animal sin que éste pueda librarse de él. Un contacto estrecho que hará que el calor de la piel se transmita a “la capita”. El perro así, se enfriará invariablemente. Si no creen lo que les digo, tomen su mejor campera, la más abrigada, rocíenla o empápenla con agua por dentro y por fuera, póngansela y vayan a tomar mates al patio. En 15 minutos estarán de vuelta con una pulmonía.
Ponerle abrigo permanente a los perros callejeros puede ser bien intencionado, pero está mal pensado. La única opción que queda es chequear periódicamente que la ropa no se haya humedecido, para quitársela o cambiarla. Pero por definición, si es callejero (vagabundo, “en situación de calle” o como quieran llamarlo) esto parece bastante inviable. Además, si lo tenemos tan a mano, si está ahí, tan cerca nuestro como para ver seguido si está húmedo o no… ¿qué nos cuesta adoptarlo, eh?.

Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

Cuando no mandar no está bien (sobre las Sociopatías)

Publicado el día 29/05/2018

Hace un tiempo comentábamos en este Blog las bases de la “Sociopatía” en perros, entendiendo estas como “el estado patológico en el cual la organización del grupo social está alterada con las fluctuaciones de las situaciones jerárquicas, encontrándose Sociopatías en las manadas o dentro de los grupos de los grupos hombre-perro” (1) Decíamos allí que  la organización jerárquica en la especie canina es bastante sencilla cuando hay dominantes (líder) y dominados, pero se complica con los individuos “en competencia”. Y generalmente esto es lo que pasa cuando somos nosotros los que cometemos el error de dejar que “el perro mande”. A veces no lo hacemos a propósito, a veces lo hacemos hasta “con amor”, sin embargo podemos provocar en el animal un estado en el cual se nos complica convivir con él.

El origen del trastorno debe buscarse en la existencia de la ambigüedad social que deforma todas las relaciones entre el perro y sus dueños. Generalmente se otorgan al animal prerrogativas normalmente asociadas a un estatus de dominante, pero quieren sin embargo ejercer su autoridad. Es la contradicción entre estas dos series de mensajes : “eres dominante”, “nosotros somos dominantes”, el origen del trastorno.  Muchas veces el animal adquiere un estatus de dominante el cual jamás es cuestionado por los propietarios. En estos casos, los perros no se muestran ocasionalmente agresivos, ya que su posición en “la escala jerárquica” no está amenazada. En cambio las Sociopatías  se dan cuando viven en una situación de competencia permanente, lo que ocasiona los “cortocircuitos”.

Muchos de estos problemas derivan en Estados de Ansiedad. El comportamiento errático, el excesivo “celo” hacia la figura femenina de la casa, la “hembra de la manada” y la progresión en la escala de agresiones a los animales de la casa. La Ansiedad Intermitente se manifiesta con comportamiento imprevisible, agresiones sin avisos previos, estado de excitación fluctuante.

Debe quedar en claro que en estas situaciones hay SUFRIMIENTO, el animal no está bien, en equilibrio, porque la ansiedad es un malestar nada agradable. Además, si no se tratan sus orígenes, suele empeorar.

Dr. Roberto F. Giménez
Médico Veterinario
MP: 6491

Bibliografía:Patología del Comportamiento del Perro“- Patrick Pageat (Pulso Ediciones); “Curso Básico de Etología Canina y Felina” – FCV – UNCPBA (2001)

CORTE DE OREJAS ¿PARA QUÉ?

Publicado el día 15/05/2018

La “otectomía estética” es el nombre técnico de lo comunmente llamado “corte de orejas”. Esta cirugía es una práctica habitual en ciertas razas tales como Gran Danés, Doberman, Dogo Argentino, Schnauzer, etc. La pregunta que el flamante propietario de alguno de estos cachorros le hace al veterinario, es si le debe cortar las orejas, y entiéndase “deber” como una obligación tendiente a evitarle al animal futuros males.

La respuesta es negativa. Repito: ¡NEGATIVA!

En realidad, ocurre todo lo contrario: el corte de orejas es un trastorno en sí mismo. El animal es sometido a una agresión por la cirugía y, posteriormente, al riesgo de infección; una vez superada la anestesia, la herida se transforma en dolorosa y su post-operatorio largo. Además, muchos estudiosos de la”psicologìa animal” (etología) afirman que el corte de orejas los afecta en su comportamiento, porque el animal ya no da las mismas “señales visuales” a sus congéneres.

Entonces: ¿por qué se hace?. Antigüamente y en ciertos ámbitos, el corte de orejas evitaba que los perros de caza puedan ser aprehendidos de ellos por los animales que acosaban. Evidentemente, esta no es la realidad en la que viven ahora perros que vemos paseando por nuestras plazas. No queda otra que pensar en la cuestión estética: nos hemos acostumbrado a ver a dichas razas con orejas paraditas y en punta, y cuando vemos un ejemplar “al natural” nos resulta anormal esos pabellones anchos y colgantes. Recuerdo al dueño de un hermoso Doberman que se obstinaba frente a mi resistencia a operarlo: “parece un burro”, decía. A mí, en realidad, me parecía un Doberman con orejas de Doberman.

Uno de los mitos es que si no se le cortan las orejas, a largo plazo esos perros se quedan sordos y desconocen al dueño. Algunos dicen que con esa (supuesta ) “cara de bobo”, el perro no será guardián de la casa. No hay basamento científico que avale ninguna de estas afirmaciones. Como seres pensantes que somos, debemos sincerarnos con nosotros mismos: cortarle las orejas a un perro es una decisión netamente decorativa, una cuestión de “pinta”, que como todo lo relacionado con los gustos y las costumbres, es de valoración subjetiva. De hecho, en muchos lugares (principalmente en Europa) ya están prohibiendo a esta cirugía.

El “corte de orejas” y de cola en las Veterinarias aún no es ilegal en la Argentina, aunque en lo personal (insisto… estrictamente en lo personal) aconsejo NO hacerla. No la haga, nunca lo repetiré lo suficiente… pero si igualmente Ud. ha resuelto hacerla, asesórese bien con su veterinario; no piense que la otectomía es una cosa fácil como “cortar el pedazo que sobra”. No es una cuestión de costos: requiere de una técnica cuidada y una minuciosidad casi artística que, mal hecha, se le hará patente cada vez que se enfrente, cara a cara, con su pichicho.

ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario – U.B.A.
MP: 6491

NUESTROS ANIMALES NO SABEN DE CALENDARIOS

Publicado el día 30/04/2018

Ayer se conmemoró el Día del Animal y –como era de esperar- estallaron las redes sociales con fotos de animales de compañía y mensajes de “Feliz Día”. Mucha gente publicaba fotos y celebraba a sus buenos amigos, contaban anécdotas y nos anoticiaban de sus “mañas”. Hasta ahí todo bien… la contracara de los “festejos” suele ser el llamado al Veterinario de la mañana siguiente: “el Bobby está vomitando”… “lo veo decaído”… “se despertó con diarrea”. “¿Qué pasó?” pregunta el clínico. “No… nada… sólo le hice una comidita especial / le compré un hueso / le traje un regalito de lo que le gusta” y otras declaraciones por el estilo.

Desde que inventamos el Calendario, los humanos tenemos una tendencia a rememorar determinadas fechas, aniversarios y cualquier ocasión que sirva para festejar y hacer ese día diferente a los otros. Y como “festejo” viene de “fiesta” y se relaciona con “festín”, no hay una de éstas que se precie que no implique también comida y (por supuesto) bebida. Son esos momentos que parece estar todo permitido y que las leyes naturales parecen flexibilizarse. Somos la única especie del Reino Animal que hace eso, el resto vive una vida pareja en la que un día es exactamente igual al anterior, no hay Lunes ni Domingos, no hay aniversarios ni fechas patrias y mucho menos “Feriados Puente”.

Estos cambios en la rutina a los que sometemos a nuestros animales no es lo mejor para ellos. Ya de por sí acomodamos los hábitos alimenticios de los pobres bichos a nuestros ritmos, con desayunos, almuerzos y cenas, divisiones del acto de alimentarse que no existen en la naturaleza. Y cuando están más o menos acostumbrados a cantidades y frecuencias… un día ¡zas!… se las cambiamos con un atracón de “eso que tanto le gusta”.

En el caso de los perros particularmente, tenemos que entender que no siempre “lo que gusta” es bueno: una golosina, una milanesa frita, les encanta pero los descompone. Es casi igual a la alimentación humana: lo rico no necesariamente es saludable. El tema con los animales es que ellos no tienen la capacidad intelectual de negarse a comer algo sólo por la idea abstracta que “le va a hacer mal” en un futuro. Tampoco tienen la capacidad fisiológica de comer casi cualquier cosa y seguir “como si nada”. En eso nosotros le llevamos ventaja. Recordemos que somos “omnívoros” mientras que ellos son “carnívoros facultativos”, es decir, que la base de su alimentación es la carne con otras cosas agregadas (vegetales y fibra). Todo su aparato gastrointestinal evolucionó para digerir carne y para acumularla si es necesario (comparativamente al nuestro, su estómago es enorme). Lo que NO está preparado es para la variedad, su flora bacteriana es relativamente limitada, definitivamente no evolucionaron para digerir un alfajor.

Entonces acá estamos con el Bobby en casa, se lo ve contento con su alimento balanceado, se lo ve bien de pelaje, está acostumbrado a comer un poquito al mediodía y una ración grande a la noche, de Lunes a Lunes. Y ayer Domingo, porque fue el Día del Animal, le clavamos un pastiche de hígado “que tanto le gusta” y le dimos lo que quedó del asado, con chimichurri y todo. Y ahí el desastre. No exagero, no es inusual: hay gente que les festeja el cumpleaños, con bonete y dulces (¡de verdad!). Y al otro día está llamando al Veterinario.

Para evitar esto tenemos que aferrarnos otra costumbre muy humana: la de pensar!.

Los Calendarios son invento nuestro, no existen en el Reino Animal. No estoy en contra de los aniversarios, de los festejos y mucho menos del “Día del Animal”, que más que una fiesta sirve como un día de reflexión para nosotros, para ayudarnos a pensar cómo nos relacionamos con ellos, los animales. Y una buena reflexión pasa por la necesidad de no humanizarlos, como muchas veces hacemos, precisamente… el Día del Animal.

Pero si aun así en determinadas fechas nos impulsa un deseo irrefrenable de homenajear a nuestro amigo, pensemos mejor en otra cosa… ¡un paseo va a encantarle! Juguemos con él, más que otros días. Traigámosle un hueso de tiento, algún juguete del Pet-Shop, si es que nos gustó. Pero no le hagamos un “festín”, porque no lo alimenta, no va a apreciarlo y seguramente le hará mal. En el tema alimentación, el organismo de los animales ADORA y NECESITA la rutina. La diversidad alimentaria es un tema netamente cultural y por ende, es propiedad de los humanos.

No seamos antropocéntricos y estemos siempre imponiéndoles a nuestros bichos nuestras costumbres, aunque sean sinceras, bien intencionadas y hasta divertidas. Aceptémoslos como son, así… sencillitos.

ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

 

NI PERROS CHICOS, NI OMNIVOROS, NI VEGANOS: LOS GATOS… CARNÍVOROS ESTRICTOS

Publicado el día 18/04/2018
Reproducimos un artículo muy interesante de la página “BIO-FOOD”. Ante el auge de imponer alimentación vegana en especies carnívoras estrictas (como la felina), es necesario conocer la fisiología del animal para no incurrir en maltrato.

Científicamente, los gatos son considerados un carnívoro estricto. El término carnívoro estricto hace referencia a aquellos animales que sólo se alimentan de carne. Obviamente, pueden consumir alimentos de origen vegetal o derivados de otros animales, sin embargo, estos alimentos no son esenciales para su dieta.

La herencia carnívora del gato salvaje ha hecho que los gatos domésticos tengan un metabolismo que procesa de forma efectiva altos niveles de proteína y que requieran de estas proteínas en la alimentación para mantenerse fuertes y sanos y permitir el funcionamiento metabólico de su organismo.

Los gatos son cazadores solitarios originarios de áreas desérticas, siendo los pequeños roedores la base de su alimentación. Esto explica que la evolución haya llevado al gato doméstico a hacer unas 10-20 pequeñas comidas a lo largo del día y de la noche, ya que en la naturaleza cazaba día y noche pequeñas presas.

El gato al ser estrictamente carnívoro, y a diferencia de los perros, necesita un aporte extra de proteína de origen animal como fuente de energía. En estado salvaje se ve reflejado esta preferencia por el tejido animal, y al ingerir las presa, los gatos salvajes evitan consumir las partes vegetales presentes en sus vísceras.

Podemos entender que los perros son omnívoros analizando el comportamiento alimentario de sus ancestros los lobos. Para los lobos su presa natural son los grandes ungulados, de los que sus partes favoritas son las vísceras, donde encuentran materia vegetal parcialmente digerida, formando parte de su dieta normal una cantidad importante de vegetales. Además, también se alimentan directamente de frutas, vainas y hongos. Los perros se comportan de manera muy parecida, y son capaces de digerir y aprovechar una dieta variada, es decir, son animales omnívoros.

El tema de la Taurina

La taurina no es un aminoácido propiamente dicho, contiene ácido aminosulfónico que forma parte de la cadena polipeptídica de las proteínas. Es un producto final del metabolismo de los aminoácidos azufrados, y está relacionado a la estructura y funcionamiento de la retina. Los gatos no pueden sintetizarla en cantidad suficiente y su aporte es importante en esta especie.

La taurina se utiliza en la prevención y el tratamiento de las enfermedades cardíacas graves, llamadas miocardiopatías dilatadas. Para el gato, la taurina es un aminoácido esencial. Es indispensable para la visión y la función reproductora. Sus virtudes protectoras frente a los radicales libres hacen de ella también un antioxidante de calidad en la lucha contra el envejecimiento. La taurina permite que el hígado sintetice las sales biliares. Actúa también influyendo en los flujos de calcio entre el interior y el exterior de la célula, por lo que su acción es muy importante en el funcionamiento cardíaco. Además, tiene una importante acción antioxidante en la célula. Finalmente, la taurina desempeña un papel de precursor en la síntesis de los lípidos complejos de la piel (glicoesfingolípidos), que tienen propiedades antimicrobianas (funciones de barrera).

Los humanos y los perros son capaces de producir taurina (o sea, sintetizar o crear por ellos mismos la Taurina), y por ello no tenemos deficiencia de ella. Pero el organismo de los gatos no puede producir taurina.

NOTA: la fuente principal de Taurina para los gatos es la carne (de pollo, de vaca, el hígado). Los alimentos balanceados para gatos la contienen, puesto que están fabricados en base a carne. Si bien hay vegetales que también contienen Taurina (legumbres), la proporción no sólo es menor si no que tampoco puede ser aprovechada por los felinos. Ellos tienen una longitud intestinal menor (en comparación con omnívoros, como el perro y el hombre), por lo que la absorción de los nutrientes vegetales es más deficiente. La adición de Taurinas artificiales también es deficiente. En definitiva, lo del título: los gatos, carnívoros estrictos.

CON EL PERRO AL VETERINARIO: ¿disfrute u odisea?

Publicado el día 01/02/2018

Llevar a nuestro amigo al Veterinario suele ser una de las experiencias más traumáticas que muchos padecen cuando tienen un animal de compañía. El viaje en auto, la espera, la misma atención por el profesional, se convierten en un festival de mordidas, babeos, intentos de escape, forcejeos, pelos y más babeos. Lo peor no es cómo queda la sala de espera del veterinario o el asiento de atrás del auto: el tema es que semejante comportamiento por parte del Bobby lleva a que inconscientemente evitemos lo más posible semejante incordio, a tal punto de minimizar sin quererlo cualquier síntoma que muestre en casa y demorando el diagnóstico precoz. Además, las maniobras veterinarias (desde tomar la temperatura, aplicar un inyectable y hasta sacar sangre) se ven entorpecidas por el comportamiento del animal y con ello, su cura. Lo digo ahora, aunque sé que lo repetiré después: el Veterinario es un profesional médico, no un domador. El control del perro durante la consulta es tuyo.

Si tu amiguito ya es grande y viene con problemas para llevarlo a consulta, he aquí unos tips:

  • coordiná con el Veterinario el horario de visita, así se acortan los tiempos de espera;
  • colocale el collar, la correa y el bozal antes de salir de casa (no esperes a llegar al consultorio);
  • llevá  salchichas o galletas para premiarlo por cada cosa que haga bien, por cada orden que acate (“sentate”, “quedate”, “arriba!”). Hay que pensar que no todos los estímulos deben ser negativos;
  • quien lleve el perro al veterinario debe ser alguien que lo domine, de ser posible por presencia, liderazgo y jerarquía y si no al menos físicamente. Aunque el Veterinario cuente con ayudantes, siempre la sujeción es más sencilla si es hecha por alguien de la confianza del animal;
  • consultá con el Veterinario la necesidad o no de darle una medicación previa y de qué tipo. La Levomepromacina (de la cual hablamos por el tema de la pirotecnia en esta nota) puede ser una opción, más eficiente que las tradicionales “gotitas”. De todas maneras no se las des sin consultar, ya que algunos fármacos enmascaran síntomas y alteran los resultados de los análisis.

No me cansaré de repetir lo importante que es el tema del comportamiento en consulta para “allanar” todos los procedimientos diagnósticos y de tratamiento. De verdad: todas las posibilidades de atención de tu animal de compañía van a multiplicarse si este es fácilmente manipulable. Además, muchos parámetros que son importantes para entender su estado de salud, tales como pulso y ritmo crdíaco, frecuencia respiratoria, dilatación pupilar, temperatura, recuento de glóbulos blancos, ciertas hormonas, etc. se ven alteradas si el animal está en en estado de stress.

Ahora bien, tenemos un cachorro recién adoptado, ¿cómo evitamos que llegue a ser tan intolerante a la consulta?. Simplemente… ¡pensamos! Los cachorritos son un manojo de neuronas en crecimiento que absorben como una esponja todos los estímulos del entorno para identificar peligros y situaciones complejas. Pongansé en el lugar de él, sólo imaginando: “me subieron al auto.. ¡qué lindo! ¡Paseo!… fuimos a un lugar con olor a otros perros… mmm… no está tan bien… huelo que algunos estaban sufriendo. También anduvieron gatos por aquí. Un señor de blanco me puso arriba de una mesa brillante… me acarició… ¡y me metió “un coso” por la cola!. ¡Y después me pinchó!. Salgamos de este maldito lugar…” Un par de situaciones como esta y el picho se va a esconder apenas agarremos la llave del auto.

Lo mejor que podemos hacer es acostumbrar y desensibilizar a nuestro perro de movida nomás. ¿Cómo? Lo primero es NO llevarlo a la Veterinaria solamente a vacunar. Podemos ir con él cada vez que vayamos a comprar alimento balanceado, quedarnos un rato, charlar con el veterinario e incluso comentarle lo que estamos intentando. También, si la clínica nos queda cerca o “de pasada” podemos ir hasta la vereda y seguir de largo. E incluso ponerle el collar, la correa y hasta el bozal en casa… ¡sin salir a la calle! (al ratito se lo sacamos, obvio). Todo esto es para romper la relación directa entre el estímulo (la correa, el auto, a veterinaria) y el dolor (los pinchazos). Si bajamos la ansiedad producto de la anticipación que el perro hace por todas esas señales, sin dudas la consulta será más armónica.

Por supuesto que lo más importante sería que la relación entre el animal y su compañero humano sea de un equilibrio emocional saludable, es decir, que éste lo “domine” en el buen sentido, entendiendo por “dominancia” al ejercicio de una jerarquía en la que las personas de la familia se ubiquen en un rango comportamental superior a él. De esa manera, aunque haya procedimientos dolorosos inevitables, el perro mirará a “su líder”, lo percibirá tranquilo y eso le bastará para entender que todo está bien. Y este último consejo es para la vida social en general, no sólo para ir al Veterinario.

Y ya que lo mencioné… ¿les dije que es un profesional médico, no un domador?.

Roberto F. Giménez

Médico Veterinario (U.B.A.)

MP: 6491

NO TODO ES PIROTECNIA EN LAS FIESTAS

Publicado el día 26/12/2017

Aunque en publicaciones anteriores hemos hablado profusamente  del tema Fuegos Artificiales y animales de compañía (por ejemplo aquí y aquí), bueno es aclarar que no es el único problema al que están expuestos nuestros amigos en estas fechas.

Para arrancar, hay que entender que los perros y los gatos son amantes de la rutina, tener determinada cantidad de personas en la casa, horarios fijos, actividades repetitivas no les significa un bajón, todo lo contrario: un entorno previsible les da seguridad y les disminuye la ansiedad ante lo desconocido.

Todo lo que ocurre alrededor de las Fiestas en muchas familias no contribuye a eso. Los movimientos en la casa, las visitas, la estadía de una cuñada que vino de Viedma, la música, algún karaoke espantoso, son demasiadas “invasiones” al espacio de “la manada” y una cantidad de estímulos que hacen explosión los días de Fiesta.

Acaso el mayor problema sea el de la alimentación. Es muy común que proyectemos en los bichos todos los excesos (y variaciones) de comida practicamos con nosotros mismos. El Bobby pasa de tener un balanceado bien balanceado a entrarle a un plato de lechón o cordero con ensalada rusa o restos de fiambre alemán, manjares que nunca estuvieron en su dieta diaria, aparte de ser poco apropiados para la especie. Ni su sistema gastrointestinal ni su flora bacteriana están acostumbrados a esas “sobras”. ¿Cuál es el sentido de dárselas? Si es por ahorro, es relativo, si el animal se descompone van a terminar gastando mucho más en el Veterinario. Cuidado también con los huesos de pollo que quedan en la basura, con los tapones de sidra y los restos de los adornos navideños si nuestro perro acostumbra levantar con la boca cualquier objeto que le parece interesante. ¿Qué más decir que “no le de eso” y “tenga cuidado”?

El exceso de gente en la casa es un tema. Los gatos -por ejemplo- se lo toman muy mal. Recordemos que ellos son territoriales y toda invasión a su “feudo” es ansiogénica. La manifestación más visible es el intento de huida o de refugio. Si tiene acceso al exterior, es frecuente que “desaparezca”. Dentro de la casa, puede buscar lugares de refugio, como cajas, placares o acovacharse debajo de muebles. Déjelo y no lo fuerce a salir, eso lo ayuda a calmarse. Por el lado de los perros, todo el tránsito de gente (que incluya chicos o personas que no saben manejarlos) predispone a accidentes por mordedura y a “escapes” del animal por descuidos.

Se requiere entonces tomar la mayor cantidad de recaudos posibles para que todos, humanos y animales, pasemos unas Muy Felices Fiestas!!!.-

ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491