CON EL PERRO AL VETERINARIO: ¿disfrute u odisea?

Publicado el día 01/02/2018

Llevar a nuestro amigo al Veterinario suele ser una de las experiencias más traumáticas que muchos padecen cuando tienen un animal de compañía. El viaje en auto, la espera, la misma atención por el profesional, se convierten en un festival de mordidas, babeos, intentos de escape, forcejeos, pelos y más babeos. Lo peor no es cómo queda la sala de espera del veterinario o el asiento de atrás del auto: el tema es que semejante comportamiento por parte del Bobby lleva a que inconscientemente evitemos lo más posible semejante incordio, a tal punto de minimizar sin quererlo cualquier síntoma que muestre en casa y demorando el diagnóstico precoz. Además, las maniobras veterinarias (desde tomar la temperatura, aplicar un inyectable y hasta sacar sangre) se ven entorpecidas por el comportamiento del animal y con ello, su cura. Lo digo ahora, aunque sé que lo repetiré después: el Veterinario es un profesional médico, no un domador. El control del perro durante la consulta es tuyo.

Si tu amiguito ya es grande y viene con problemas para llevarlo a consulta, he aquí unos tips:

  • coordiná con el Veterinario el horario de visita, así se acortan los tiempos de espera;
  • colocale el collar, la correa y el bozal antes de salir de casa (no esperes a llegar al consultorio);
  • llevá  salchichas o galletas para premiarlo por cada cosa que haga bien, por cada orden que acate (“sentate”, “quedate”, “arriba!”). Hay que pensar que no todos los estímulos deben ser negativos;
  • quien lleve el perro al veterinario debe ser alguien que lo domine, de ser posible por presencia, liderazgo y jerarquía y si no al menos físicamente. Aunque el Veterinario cuente con ayudantes, siempre la sujeción es más sencilla si es hecha por alguien de la confianza del animal;
  • consultá con el Veterinario la necesidad o no de darle una medicación previa y de qué tipo. La Levomepromacina (de la cual hablamos por el tema de la pirotecnia en esta nota) puede ser una opción, más eficiente que las tradicionales “gotitas”. De todas maneras no se las des sin consultar, ya que algunos fármacos enmascaran síntomas y alteran los resultados de los análisis.

No me cansaré de repetir lo importante que es el tema del comportamiento en consulta para “allanar” todos los procedimientos diagnósticos y de tratamiento. De verdad: todas las posibilidades de atención de tu animal de compañía van a multiplicarse si este es fácilmente manipulable. Además, muchos parámetros que son importantes para entender su estado de salud, tales como pulso y ritmo crdíaco, frecuencia respiratoria, dilatación pupilar, temperatura, recuento de glóbulos blancos, ciertas hormonas, etc. se ven alteradas si el animal está en en estado de stress.

Ahora bien, tenemos un cachorro recién adoptado, ¿cómo evitamos que llegue a ser tan intolerante a la consulta?. Simplemente… ¡pensamos! Los cachorritos son un manojo de neuronas en crecimiento que absorben como una esponja todos los estímulos del entorno para identificar peligros y situaciones complejas. Pongansé en el lugar de él, sólo imaginando: “me subieron al auto.. ¡qué lindo! ¡Paseo!… fuimos a un lugar con olor a otros perros… mmm… no está tan bien… huelo que algunos estaban sufriendo. También anduvieron gatos por aquí. Un señor de blanco me puso arriba de una mesa brillante… me acarició… ¡y me metió “un coso” por la cola!. ¡Y después me pinchó!. Salgamos de este maldito lugar…” Un par de situaciones como esta y el picho se va a esconder apenas agarremos la llave del auto.

Lo mejor que podemos hacer es acostumbrar y desensibilizar a nuestro perro de movida nomás. ¿Cómo? Lo primero es NO llevarlo a la Veterinaria solamente a vacunar. Podemos ir con él cada vez que vayamos a comprar alimento balanceado, quedarnos un rato, charlar con el veterinario e incluso comentarle lo que estamos intentando. También, si la clínica nos queda cerca o “de pasada” podemos ir hasta la vereda y seguir de largo. E incluso ponerle el collar, la correa y hasta el bozal en casa… ¡sin salir a la calle! (al ratito se lo sacamos, obvio). Todo esto es para romper la relación directa entre el estímulo (la correa, el auto, a veterinaria) y el dolor (los pinchazos). Si bajamos la ansiedad producto de la anticipación que el perro hace por todas esas señales, sin dudas la consulta será más armónica.

Por supuesto que lo más importante sería que la relación entre el animal y su compañero humano sea de un equilibrio emocional saludable, es decir, que éste lo “domine” en el buen sentido, entendiendo por “dominancia” al ejercicio de una jerarquía en la que las personas de la familia se ubiquen en un rango comportamental superior a él. De esa manera, aunque haya procedimientos dolorosos inevitables, el perro mirará a “su líder”, lo percibirá tranquilo y eso le bastará para entender que todo está bien. Y este último consejo es para la vida social en general, no sólo para ir al Veterinario.

Y ya que lo mencioné… ¿les dije que es un profesional médico, no un domador?.

Roberto F. Giménez

Médico Veterinario (U.B.A.)

MP: 6491