PERROS: “EDUCACIÓN” Y “ADIESTRAMIENTO”, DOS PROCESOS SEPARADOS

Publicado el día 04/09/2018

Es común que se confunda “educar” a un animal de compañía y/o modificar su comportamiento, con el hecho de “adiestrarlo”. Aunque ambos términos (educar y adiestrar)  se refieren a los aspectos de la conducta de nuestro perro, lo cierto es que son dos cosas absolutamente distintas.

Entendemos como “comportamiento” a todas las acciones de nuestro animal que lo hacen interactuar con nosotros y con el entorno. Lo solemos resumir en simples frases como: “se porta bien”, “se porta mal”, “es bravo”, “es buenito”, pero la verdad que las relaciones entre especies (la humana y la canina) son un poco más complejas. El comportamiento de los perros suele depender en muy bajo porcentaje de lo genético y todo lo demás son los llamados factores “epigenéticos”, los que tienen que ver con la crianza, la madre, el ambiente, el destete y cómo lo tratamos nosotros.

Debemos recordar que la especie canina no es “el mejor amigo del hombre” por casualidad. Ningún otro animal se acercó tanto a nosotros y la razón de ello es la capacidad de cambiar y adaptarse a las condiciones  que nosotros le imponemos. Esa plasticidad implica capacidad de observación, de distinguir “patrones” y actuar en consecuencia. Los perros son así de adaptables tanto como especie como en la mayoría de los casos, en forma individual. Piense esto: su perro no tiene nada que hacer en la vida, no trabaja, no estudia y el dólar le importa poco. Sólo tiene que estar atento a “su jauría” de humanos y otros animales y a su entorno. El perro entiende “el patrón” de la rutina de la casa, se da cuenta que se levantan y si durmió adentro, le abren la puerta para ir al baño. También que todos desayunan y le dan de comer para después subirse al auto y se van todos para volver tiempo después. Con el tiempo, el perro se adelanta a todo eso, empieza a dar vueltas cerca de la hora en la que suena el despertador, pide salir para volver a entrar y ligar una galletita en la cocina. También tiene las antenas paradas frente a todo el entorno, oye muchísimo más que lo que nosotros podemos oír, entiende los “patrones” del ambiente y los asocia con los nuestros. Quizá a un par de cuadras hay una escuela que hace sonar el timbre temprano. Él lo escucha y nosotros no, pero él lo asocia con la “levantada general” de la familia. Y se da cuenta que los días que no hay timbre, no hay “levantada”, así que de poco vale moverse por una galletita que tardará un poco más. Él no sabe que los días sin timbre se llaman “Domingos” o “Vacaciones”. No necesita saberlo. Le basta darse cuenta que el entorno es diferente y que coincide con un comportamiento particular de la familia. Parece magia, pero no lo es: es una gran capacidad de observación unida a una gran capacidad de adaptación.

Las mejores prácticas de educación para perros tienen que ver con utilizar esa plasticidad a nuestro favor. Como hemos dicho en otras notas relacionadas con la jerarquía, nosotros la demostramos con los pequeños gestos relacionados con la comida, los espacios y los contactos. Lo de siempre: no hacerlo dormir en la cama, no permitirle que siempre esté en el medio, no darle de comer en la mesa, que coma horas antes u horas después de nosotros, etc., aprovechan la capacidad de entender patrones de nuestros pichos.

El adiestramiento también utiliza la plasticidad de los perros para asociar acciones con reacciones. Por ejemplo, si felicitamos y premiamos a un animal cada vez que vaya a sentarse por sí mismo al tiempo que le damos la orden (“sit!”, “sentado” o lo que querramos), entenderá que “cola al suelo” es un premio y va querer a sentarse para obtenerlo.  El sonido de la orden será un disparador para el “recuerdo” del patrón (“cola al piso” y premio). Pero es un “truco”, una habilidad que no tiene que ver con un perro “bueno” o “malo”, ni siquiera “inteligente”. Puede ser muy práctico para un montón de situaciones, como por ejemplo que el Bobby se siente antes de cruzar la calle, pero son habilidades muy puntuales que requieren antes que nada, la base de un perro educado y equilibrado. Es que no convivimos con el “truco”, sino con la educación general del animal, con su equilibrio, con su aprendizaje epigenético y de los “patrones de comportamiento” de toda la familia. De todas maneras, puedo asegurarles que un perro que no tenga una estructura comportamental bien equilibrada tampoco aprenderá ningún truco. Es como un chico con defectos de atención por malas condiciones del entorno familiar: resulta difícil que aprenda la tabla del siete. La educación y el adiestramiento son dos procesos de la conducta de nuestros perros, pero son diferentes. Y generalmente no se puede hacer el segundo si la primera no es completa.

Cuando se pierde la plasticidad y la adecuada interpretación del entorno, es que aparecen los problemas. O el perro no entiende lo que le transmitimos con nuestra actitud, o nuestras señales no son claras. Cuando la conducta es nociva para la convivencia con las personas, es cuando decimos que estamos ante un problema comportamental. Un veterinario especializado en Etología (la ciencia del comportamiento) podrá diagnosticar si esa “conducta nociva” es por una patología del animal o es algo que no funciona entre él y las personas que lo rodean.

Lo ampliaremos en siguientes notas.

Dr. Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

 

LA GUIA DEFINITIVA PARA DARLE LA PASTILLA AL GATO

Publicado el día 01/08/2018

Si existe un verdadero desafío en la Medicina Veterinaria es administrarle medicación a un gato. ¿Vieron qué difícil que es? Realmente el carácter de estos animales sumado a la capacidad destructiva de uñas y dientes hacen que el problema sea tan básico como complejo.

Antes que nada, un poco de farmacología explícita.  Hay dos tipos de medicación: la “enteral” (por boca) y la “parenteral” (inyectable, venosa, intramuscular o subcutánea). Cada forma de aplicación tienen su técnica y también se relaciona con el tipo de medicamento, la velocidad en que la droga hace efecto, cómo se distribuye en el cuerpo, cuánto tarda en metabolizarse, el tiempo en que está activa, etc., etc.

Darle un inyectable subcutáneo o intramuscular a un gato suele estar en manos de un profesional o de sus ayudantes. Puede ser complicado o no (depende del gato y la habilidad del operador), pero de alguna forma eso está controlado. El problema es cuando el veterinario agarra el recetario y se pone a escribir “… y le vamos a dar una pastillita por unos días para…”. ¡Sonamos! En nuestra cabeza se nos forma la imagen de las batallas campales que están por venir. Por más bueno que sea el gato, una medicación dada en forma continua (como se hace hasta tres veces por día durante varios días) puede molestar su habitual buen humor y volverlo más arisco que de costumbre.

¿Qué es lo que hacemos, entonces? Como dicen en la industria: “Safety First”, la seguridad es lo primero. Debemos pasar la prueba sin salir lastimados ni nosotros ni el gato. Una primer medida puede ser proveerse de esos guantes gruesos de jardinería y (mucho mejor) los de soldador, de manera tal de poder manejar al animal y que si nos clava uñas o dientes, no pase nada. Otra opción posible es envolver al animal en una toalla o manta, para mantener las pequeñas garras de la pantera lejos de nuestra piel.

Es importante hacer todo tranquilo, sin provocar más estrés del necesario. Alzarlo, ponerlo en la falda, acariciarlo o… todo lo contrario (sobre una mesa o dentro de la “gatera”), lo que uno sepa que es mejor para el gato, de acuerdo a su carácter. Una buena opción es la llamada “clipnosis”, que consiste en ponerle un clip en el pliegue cutáneo de la nuca y el cuello, lo cual es relajante para la especie porque es la forma en que la gata agarra a sus cachorros (en el video de aquí queda muy claro)

Es obvio que las opciones más sencillas son la de darle la pastilla directamente y que la acepte o también dejar el comprimido mezclado con balanceado y que se lo coma por sí mismo. En el 99% de los casos, eso no pasa. La otra es poner el medicamento dentro de algo que le guste, como un trozo de carne o de hígado, y dárselo “camuflado”, pero quienes hace mucho que tienen gatos saben lo “vivos” que son, y sobre todo la capacidad olfativa que tienen, así que lo más probable es que nos vaya bien con el método un par de veces y después nunca más. Por eso es necesario apelar a métodos más elaborados. Generalmente administrar un líquido nos resulta más sencillo que una “pastilla”. Por eso, si es jarabe mejor, pero no todas las drogas están disponibles en ese formato. En todo caso, si nos recetaron comprimidos o grageas, es conveniente preguntarle al Veterinario si la misma se puede moler y diluir en agua, porque hay algunos medicamentos que les hace perder sus propiedades.

Si tenemos jarabe o un comprimido diluido, ponemos el mismo en una jeringa y con el gato inmovilizado (envuelto en una toalla o sostenido por otra persona), tomamos su cabeza) y la levantamos unos 45 grados, manteniéndole la boca cerrada. Luego colocamos el extremo de la jeringa en la comisura de los labios y muy lentamente descargamos el líquido dentro de la boca, dándole tiempo para tragar, evitando que se ahogue. Hay algo que se llama “reflejo deglutorio”, que es cuando los sólidos o líquidos llegan a ciertas parte de la faringe, es imposible para el animal no tragarlos. De todas maneras, tenemos que considerar las pérdidas que seguramente habrá. Digamos, si le tenemos que dar un comprimido y el gato escupió una parte, va a haber que administrarle lo que tiró (por ejemplo: medio comprimido más). No dejar de hacerlo, porque se debe respetar la dosis recetada por el profesional, puesto que en algunos tipos de medicamento, la subdosificación no sólo no cura si no que produce resistencia (ejemplo: los antibióticos).

Finalmente, les dejo un método bastante más “etológico”: habiendo consultado con el veterinario la posibilidad de fragmentar la pastilla, la “hacemos polvo” lo más que podemos y luego lo mezclamos bien con queso blanco o dulce de leche. Tomamos el gato y le untamos una pata (cualquiera) con dicha mezcla. Y lo dejamos. Así de simple. Que se vaya a su rincón y que se limpie solo. Muchas veces, la actitud innata de acicalamiento es mucho más fuerte que el gusto y el olor que pueda tener una droga. Y así, limpiándose, entre lamido y lamido, se habrá tragado todo lo que necesite para curarse.

ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario
MP: 6491

EL LENGUAJE SECRETO DEL LAMIDO PERRUNO

Publicado el día 20/07/2018

Hay muchas cosas que hacen los perros a las que generalmente no le prestamos atención, porque parecen “naturales” o “instintivas” y sin embargo son indicativas de algunas características comportamentales de la especie. Una de ellas es la costumbre de lamer, tanto a las cosas, a nosotros, como a sí mismos.
El lamido de las cosas, de los objetos, puede formar parte de la “fase exploratoria” normal de los perros. Para ellos la vista no es el principal sentido, tienen un olfato muy potente y también un sentido del gusto importante, de manera tal que primero olfatearlos y después “probarlos” les aporta datos a los que nosotros -los humanos- no accedemos. Pero esta fase debe interrumpirse en algún momento, el lamido constante de los muebles, las paredes o cualquier cosa del entorno puede respondar al Sindrome de Ansiedad y es patológico.
Es importante saber reconocer por qué los animales hacen ciertas cosas y en qué contexto, para así prevenir situaciones indeseables tanto para ellos como para nosotros. Por ejemplo: el acto de “relamerse”, de pasar la lengua una y otra vez por el borde de los labios (el gesto que hacemos para caricaturizar que algo está muy rico). En los perros es un indicio de estrés por la situación que está pasando. Por ejemplo: perros frecuentemente dóciles que están siendo manoseados en exceso por humanos, el típico bebé que se le cuelga de las orejas, una persona que lo reta y lo reta sin parar por algo que hizo hace dos horas… veremos al animal asumiendo la posición sumisa, el rabo entre las patas, el cuerpo lo más bajo posible, las orejas caídas, la mirada huidiza… y el constante relamido. El perro la está pasando mal. Si hizo una macana, lo más probable es que ni se acuerde, pero entiende el enojo del líder y asume su rol de sumiso.

Sin embargo, el estímulo (el reto, el manoseo) persiste. Y es ahí cuando comienza la señal de estrés, el movimiento de la lengua. En muchos perros puede ser un aviso de peligro: hay situaciones que esa demostración de estrés termina en un mordisco. ¡Estar atentos!.
Tampoco es un buen signo cuando los perros se lamen en exceso a sí mismos. Un poco de acicalamiento está bien, es normal y alivia la picazón en caso de dermatitis o heridas. Pero cuando esa actividad no para, cuando se hace en forma constante y hay que retarlo para que cese, podemos estar de cara a una “Estereotipia”, un comportamiento compulsivo basado en un problema similar a cuando el animal se persigue la cola.
A tal punto puede llegar este comportamiento, que es bien conocida la patología denominada “Granuloma Acral”, una lesión focalizada que se da en la piel de las patas delanteras o traseras de los perros (generalmente la que le queda más cerca de la boca cuando están echados) cuya resolución en algunos casos tiene que ser quirúrgica.
Finalemente cabe la pregunta: ¿por qué nos lamen a nosotros?. Ya hemos dicho otras veces que para los perros nosotros también somos perros (“doble impronta”) y por lo tanto se comportan con las personas como lo harían con sus compañeros de jauría. En una especie social, el acicalamiento mutuo, limpiarse unos a otros, es un comportamiento normal. Así como los chimpancés se “despiojan” entre ellos, los perros se lamen. Pero además tiene otro significado, el de “sumisión”, el de decir “vos mandás”. Esta actitud está vinculada directamente a las etapas de cachorro y a la evolución. ¿Cómo?. El lobo, antecesor de nuestro perro, era un cazador y oportunista nato. Cuando encontraba comida, ya sea como presa viva o como carroña, simpre comía mucho más de lo que necesitaba. Llenaba su amplio estómago (“amplio” en relación a su anatomía) y regresaba a la guarida en donde estaba el resto de la jauría. Allí los cachorros le lamían el rostro, lo cual desencadenaba el reflejo de regurgitación y la cría podía alimentarse. El acto de lamido en la cara del proveedor es innato en el “Canis lupus” y sería una de las razones por las cuales a los perros les gusta tanto “darnos besos”, como muestra también de apego y sumisión.
No soy yo para decirles si está bien o mal, pero si le gusta darles besos en la boca al perro vean bien dónde estuvo ese hocico antes. Y si eso aún lo tiene sin cuidado… bueno: al menos téngalo desparasitado.

M.V. ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario – MP: 6491

Cuando no mandar no está bien (sobre las Sociopatías)

Publicado el día 29/05/2018

Hace un tiempo comentábamos en este Blog las bases de la “Sociopatía” en perros, entendiendo estas como “el estado patológico en el cual la organización del grupo social está alterada con las fluctuaciones de las situaciones jerárquicas, encontrándose Sociopatías en las manadas o dentro de los grupos de los grupos hombre-perro” (1) Decíamos allí que  la organización jerárquica en la especie canina es bastante sencilla cuando hay dominantes (líder) y dominados, pero se complica con los individuos “en competencia”. Y generalmente esto es lo que pasa cuando somos nosotros los que cometemos el error de dejar que “el perro mande”. A veces no lo hacemos a propósito, a veces lo hacemos hasta “con amor”, sin embargo podemos provocar en el animal un estado en el cual se nos complica convivir con él.

El origen del trastorno debe buscarse en la existencia de la ambigüedad social que deforma todas las relaciones entre el perro y sus dueños. Generalmente se otorgan al animal prerrogativas normalmente asociadas a un estatus de dominante, pero quieren sin embargo ejercer su autoridad. Es la contradicción entre estas dos series de mensajes : “eres dominante”, “nosotros somos dominantes”, el origen del trastorno.  Muchas veces el animal adquiere un estatus de dominante el cual jamás es cuestionado por los propietarios. En estos casos, los perros no se muestran ocasionalmente agresivos, ya que su posición en “la escala jerárquica” no está amenazada. En cambio las Sociopatías  se dan cuando viven en una situación de competencia permanente, lo que ocasiona los “cortocircuitos”.

Muchos de estos problemas derivan en Estados de Ansiedad. El comportamiento errático, el excesivo “celo” hacia la figura femenina de la casa, la “hembra de la manada” y la progresión en la escala de agresiones a los animales de la casa. La Ansiedad Intermitente se manifiesta con comportamiento imprevisible, agresiones sin avisos previos, estado de excitación fluctuante.

Debe quedar en claro que en estas situaciones hay SUFRIMIENTO, el animal no está bien, en equilibrio, porque la ansiedad es un malestar nada agradable. Además, si no se tratan sus orígenes, suele empeorar.

Dr. Roberto F. Giménez
Médico Veterinario
MP: 6491

Bibliografía:Patología del Comportamiento del Perro“- Patrick Pageat (Pulso Ediciones); “Curso Básico de Etología Canina y Felina” – FCV – UNCPBA (2001)

NUESTROS ANIMALES NO SABEN DE CALENDARIOS

Publicado el día 30/04/2018

Ayer se conmemoró el Día del Animal y –como era de esperar- estallaron las redes sociales con fotos de animales de compañía y mensajes de “Feliz Día”. Mucha gente publicaba fotos y celebraba a sus buenos amigos, contaban anécdotas y nos anoticiaban de sus “mañas”. Hasta ahí todo bien… la contracara de los “festejos” suele ser el llamado al Veterinario de la mañana siguiente: “el Bobby está vomitando”… “lo veo decaído”… “se despertó con diarrea”. “¿Qué pasó?” pregunta el clínico. “No… nada… sólo le hice una comidita especial / le compré un hueso / le traje un regalito de lo que le gusta” y otras declaraciones por el estilo.

Desde que inventamos el Calendario, los humanos tenemos una tendencia a rememorar determinadas fechas, aniversarios y cualquier ocasión que sirva para festejar y hacer ese día diferente a los otros. Y como “festejo” viene de “fiesta” y se relaciona con “festín”, no hay una de éstas que se precie que no implique también comida y (por supuesto) bebida. Son esos momentos que parece estar todo permitido y que las leyes naturales parecen flexibilizarse. Somos la única especie del Reino Animal que hace eso, el resto vive una vida pareja en la que un día es exactamente igual al anterior, no hay Lunes ni Domingos, no hay aniversarios ni fechas patrias y mucho menos “Feriados Puente”.

Estos cambios en la rutina a los que sometemos a nuestros animales no es lo mejor para ellos. Ya de por sí acomodamos los hábitos alimenticios de los pobres bichos a nuestros ritmos, con desayunos, almuerzos y cenas, divisiones del acto de alimentarse que no existen en la naturaleza. Y cuando están más o menos acostumbrados a cantidades y frecuencias… un día ¡zas!… se las cambiamos con un atracón de “eso que tanto le gusta”.

En el caso de los perros particularmente, tenemos que entender que no siempre “lo que gusta” es bueno: una golosina, una milanesa frita, les encanta pero los descompone. Es casi igual a la alimentación humana: lo rico no necesariamente es saludable. El tema con los animales es que ellos no tienen la capacidad intelectual de negarse a comer algo sólo por la idea abstracta que “le va a hacer mal” en un futuro. Tampoco tienen la capacidad fisiológica de comer casi cualquier cosa y seguir “como si nada”. En eso nosotros le llevamos ventaja. Recordemos que somos “omnívoros” mientras que ellos son “carnívoros facultativos”, es decir, que la base de su alimentación es la carne con otras cosas agregadas (vegetales y fibra). Todo su aparato gastrointestinal evolucionó para digerir carne y para acumularla si es necesario (comparativamente al nuestro, su estómago es enorme). Lo que NO está preparado es para la variedad, su flora bacteriana es relativamente limitada, definitivamente no evolucionaron para digerir un alfajor.

Entonces acá estamos con el Bobby en casa, se lo ve contento con su alimento balanceado, se lo ve bien de pelaje, está acostumbrado a comer un poquito al mediodía y una ración grande a la noche, de Lunes a Lunes. Y ayer Domingo, porque fue el Día del Animal, le clavamos un pastiche de hígado “que tanto le gusta” y le dimos lo que quedó del asado, con chimichurri y todo. Y ahí el desastre. No exagero, no es inusual: hay gente que les festeja el cumpleaños, con bonete y dulces (¡de verdad!). Y al otro día está llamando al Veterinario.

Para evitar esto tenemos que aferrarnos otra costumbre muy humana: la de pensar!.

Los Calendarios son invento nuestro, no existen en el Reino Animal. No estoy en contra de los aniversarios, de los festejos y mucho menos del “Día del Animal”, que más que una fiesta sirve como un día de reflexión para nosotros, para ayudarnos a pensar cómo nos relacionamos con ellos, los animales. Y una buena reflexión pasa por la necesidad de no humanizarlos, como muchas veces hacemos, precisamente… el Día del Animal.

Pero si aun así en determinadas fechas nos impulsa un deseo irrefrenable de homenajear a nuestro amigo, pensemos mejor en otra cosa… ¡un paseo va a encantarle! Juguemos con él, más que otros días. Traigámosle un hueso de tiento, algún juguete del Pet-Shop, si es que nos gustó. Pero no le hagamos un “festín”, porque no lo alimenta, no va a apreciarlo y seguramente le hará mal. En el tema alimentación, el organismo de los animales ADORA y NECESITA la rutina. La diversidad alimentaria es un tema netamente cultural y por ende, es propiedad de los humanos.

No seamos antropocéntricos y estemos siempre imponiéndoles a nuestros bichos nuestras costumbres, aunque sean sinceras, bien intencionadas y hasta divertidas. Aceptémoslos como son, así… sencillitos.

ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

 

“Lo que su hijo necesita es un Golden Retriever…”

Publicado el día 25/02/2018

Es común que nos pregunten a los Veterinarios qué tipo de animal adoptar cuando se tiene un chico con algún tipo de problemas o discapacidad y para esto en realidad no hay palabra más autorizada que la de los profesionales que se dedican a ello.  Transcribo una interesante nota del Grupo de Trabajo de “Terapia Asistida de Zona Norte” (en el conurbano bonaerense), “un equipo interdisciplinario destinado al trabajo con pacientes con diferentes necesidades” que intervienen principalmente con perros y del que reproduje el título de su nota.

Dicen los autores (*):

“Son incontables las veces que recibimos consultas de familias a las que el pediatra/neurólogo/psiquiatra/médico de familia le ha “recetado” un perro como solución para la problemática de alguno de sus hijos, especialmente cuando son niños con discapacidad. En numerosas ocasiones, la recomendación no se queda ahí, sino que además especifica raza, y suelen ser los Golden y los Labrador Retriever los elegidos porque “esos perros son buenísimos con los chicos”.
Estas recomendaciones son hechas con las mejores intenciones, pero lamentablemente, con poco sustento científico. Quienes recomiendan suelen saber mucho sobre enfermedades, trastornos y patologías humanas, pero poco sobre perros. Es por eso que las personas que trabajamos en intervenciones asistidas con perros queremos derribar algunos mitos, ya que este consejo ofrecido de buena fe, puede derivar en un problema tanto para la familia involucrada como para el perro.
El primer error en la afirmación que da título a esta nota, es la generalización. No todas las personas somos iguales, y no todos los perros son iguales, incluso los que comparten una misma raza. Y además no todos los niños con discapacidad tienen afinidad con los perros. Los niños son todos únicos y diferentes, un diagnóstico no los define. De la misma manera, los Golden Retriever también son todos diferentes. Hay muchísimos factores que influyen en la formación del carácter de cada perro como individuo. No todos van a ser “buenísimos con los chicos”, algunos quizás ni siquiera estén aptos para convivir con chicos. Para incorporar un perro a la familia tenemos que tener en cuenta todas esas cosas, y evaluar al perro como individuo (más allá de su raza, ya que no importa si es un perro de raza o un mestizo). Si no tenemos en cuenta estas cosas, hay muchas chances de que el perro termine siendo un problema.
El segundo error es depositar en el perro la expectativa mágica de que será el salvador de sus hijos. Un perro es un perro. Puede ser considerado un animal de compañía, un miembro más de la familia, pero si bien puede llegar a ser de gran ayuda, nunca es la solución absoluta. Los perros no hacen terapia, quienes hacen terapia son los terapeutas, que a veces incorporan perros a su trabajo como un facilitador. Que la experiencia de tener un perro pueda ser vivida como “terapéutica” por una persona, no significa que el perro sea un terapeuta.
Muchas personas tienden a confundir a los perros de terapia con los perros de asistencia, con conceptos equivocados sobre ambos. El perro de terapia es el perro que participa en sesiones de terapia junto con un terapeuta. Ese perro vive con su guía o con su propia familia. No vive con el paciente. El perro de asistencia es el perro debidamente entrenado por personas competentes para asistir a determinada persona en su discapacidad, (que puede ser visual, auditiva, motora, etcétera). Este perro vive con su usuario. No es un perro labrador que uno compra por su cuenta y luego contrata un adiestrador para que le enseñe. Los perros de asistencia son minuciosamente evaluados desde cachorros y entrenados con mucho cuidado y responsabilidad, y una vez que están listos, recién ahí son entregados al usuario.
No queremos con esto desalentar a ninguna familia a adquirir un perro. Nuestro deseo es que cuando se tome la decisión, esté basada en expectativas realistas y sea tomada con la responsabilidad que conlleva. Nunca nos vamos a cansar de hacer hincapié en la importancia del cuidado responsable, donde se respete tanto el bienestar animal como el familiar. Creemos que tener un perro en la familia puede ser una experiencia maravillosa, siempre y cuando estemos dispuestos a cuidarlos de manera responsable.
Debemos saber desde un primer momento que un perro nos va a demandar tiempo y dinero. Dinero para mantenerlo en buenas condiciones de salud, con la correspondiente atención veterinaria, vacunas y desparasitaciones al día. Tiempo, porque todos los perros necesitan educación y paseo. Esto resulta fundamental para una buena convivencia entre todos. Si no educamos ni dedicamos tiempo al perro, sobre todo si lo adquirimos de cachorro, nos vamos a encontrar con una gran cantidad de energía acumulada en ese animal. Y seguramente toda esa energía busque como vías de salida conductas que pueden resultar molestas para su familia, como ladridos constantes, hiperactividad, o comportamientos destructivos. Lamentablemente muchos de estos perros terminan siendo confinados a espacios cada vez más pequeños de la casa, para que no molesten, y muchas veces son regalados (en el mejor de los casos, ya que otros son abandonados). Por todos estos motivos queríamos echar un poco de luz sobre estos mitos, y concientizar sobre la necesidad de asesorarse antes de adquirir cualquier cachorro. “

AUTORES: Patricia Bárzola (médica), María Laura Molina y Vedia (Lic. en Psicología), Carolina Marcó del Pont (Lic. en Psicología), Micaela Waldman (Lic en Terapia Ocupacional), Nora Lía Zinelli (docente de nivel inicial), Viviana García (Acompañante Terapéutico), Úrsula Bort (Instructora canina).

 

CON EL PERRO AL VETERINARIO: ¿disfrute u odisea?

Publicado el día 01/02/2018

Llevar a nuestro amigo al Veterinario suele ser una de las experiencias más traumáticas que muchos padecen cuando tienen un animal de compañía. El viaje en auto, la espera, la misma atención por el profesional, se convierten en un festival de mordidas, babeos, intentos de escape, forcejeos, pelos y más babeos. Lo peor no es cómo queda la sala de espera del veterinario o el asiento de atrás del auto: el tema es que semejante comportamiento por parte del Bobby lleva a que inconscientemente evitemos lo más posible semejante incordio, a tal punto de minimizar sin quererlo cualquier síntoma que muestre en casa y demorando el diagnóstico precoz. Además, las maniobras veterinarias (desde tomar la temperatura, aplicar un inyectable y hasta sacar sangre) se ven entorpecidas por el comportamiento del animal y con ello, su cura. Lo digo ahora, aunque sé que lo repetiré después: el Veterinario es un profesional médico, no un domador. El control del perro durante la consulta es tuyo.

Si tu amiguito ya es grande y viene con problemas para llevarlo a consulta, he aquí unos tips:

  • coordiná con el Veterinario el horario de visita, así se acortan los tiempos de espera;
  • colocale el collar, la correa y el bozal antes de salir de casa (no esperes a llegar al consultorio);
  • llevá  salchichas o galletas para premiarlo por cada cosa que haga bien, por cada orden que acate (“sentate”, “quedate”, “arriba!”). Hay que pensar que no todos los estímulos deben ser negativos;
  • quien lleve el perro al veterinario debe ser alguien que lo domine, de ser posible por presencia, liderazgo y jerarquía y si no al menos físicamente. Aunque el Veterinario cuente con ayudantes, siempre la sujeción es más sencilla si es hecha por alguien de la confianza del animal;
  • consultá con el Veterinario la necesidad o no de darle una medicación previa y de qué tipo. La Levomepromacina (de la cual hablamos por el tema de la pirotecnia en esta nota) puede ser una opción, más eficiente que las tradicionales “gotitas”. De todas maneras no se las des sin consultar, ya que algunos fármacos enmascaran síntomas y alteran los resultados de los análisis.

No me cansaré de repetir lo importante que es el tema del comportamiento en consulta para “allanar” todos los procedimientos diagnósticos y de tratamiento. De verdad: todas las posibilidades de atención de tu animal de compañía van a multiplicarse si este es fácilmente manipulable. Además, muchos parámetros que son importantes para entender su estado de salud, tales como pulso y ritmo crdíaco, frecuencia respiratoria, dilatación pupilar, temperatura, recuento de glóbulos blancos, ciertas hormonas, etc. se ven alteradas si el animal está en en estado de stress.

Ahora bien, tenemos un cachorro recién adoptado, ¿cómo evitamos que llegue a ser tan intolerante a la consulta?. Simplemente… ¡pensamos! Los cachorritos son un manojo de neuronas en crecimiento que absorben como una esponja todos los estímulos del entorno para identificar peligros y situaciones complejas. Pongansé en el lugar de él, sólo imaginando: “me subieron al auto.. ¡qué lindo! ¡Paseo!… fuimos a un lugar con olor a otros perros… mmm… no está tan bien… huelo que algunos estaban sufriendo. También anduvieron gatos por aquí. Un señor de blanco me puso arriba de una mesa brillante… me acarició… ¡y me metió “un coso” por la cola!. ¡Y después me pinchó!. Salgamos de este maldito lugar…” Un par de situaciones como esta y el picho se va a esconder apenas agarremos la llave del auto.

Lo mejor que podemos hacer es acostumbrar y desensibilizar a nuestro perro de movida nomás. ¿Cómo? Lo primero es NO llevarlo a la Veterinaria solamente a vacunar. Podemos ir con él cada vez que vayamos a comprar alimento balanceado, quedarnos un rato, charlar con el veterinario e incluso comentarle lo que estamos intentando. También, si la clínica nos queda cerca o “de pasada” podemos ir hasta la vereda y seguir de largo. E incluso ponerle el collar, la correa y hasta el bozal en casa… ¡sin salir a la calle! (al ratito se lo sacamos, obvio). Todo esto es para romper la relación directa entre el estímulo (la correa, el auto, a veterinaria) y el dolor (los pinchazos). Si bajamos la ansiedad producto de la anticipación que el perro hace por todas esas señales, sin dudas la consulta será más armónica.

Por supuesto que lo más importante sería que la relación entre el animal y su compañero humano sea de un equilibrio emocional saludable, es decir, que éste lo “domine” en el buen sentido, entendiendo por “dominancia” al ejercicio de una jerarquía en la que las personas de la familia se ubiquen en un rango comportamental superior a él. De esa manera, aunque haya procedimientos dolorosos inevitables, el perro mirará a “su líder”, lo percibirá tranquilo y eso le bastará para entender que todo está bien. Y este último consejo es para la vida social en general, no sólo para ir al Veterinario.

Y ya que lo mencioné… ¿les dije que es un profesional médico, no un domador?.

Roberto F. Giménez

Médico Veterinario (U.B.A.)

MP: 6491

LA PIROTECNIA (otra vez) PERO HAY MÁS CONSEJOS!!

Publicado el día 18/12/2017

Campaña “Bahía Sin Pirotecnia”

Una vez más, para esta época, volvemos a un tema repetido: el temor de los animales de compañía a la pirotecnia de las Fiestas.
En un artículo del año pasado explicamos las bases comportamentales del problema y la necesidad de tratar durante el año las Fobias asociadas a los estruendos.
Sin embargo, esos tratamientos llevan tiempo y ya estamos a días de la Navidad y el Año Nuevo. ¿Qué hacemos? He aquí algunos tips:

  • Interponga muchas puertas o barreras entre el Bobby y la calle: no es momento de dejarlo en el patio de adelante, aunque habitualmente se quede ahí todo el año. El ataque fóbico por pirotecnia va a correr por completo el eje del comportamiento normal del animal. No va a ser el mismo, incluso puede llegar a adquirir habilidades extraordinarias, como saltar un paredón que en apariencia era infranqueable.
  • De ser necesario, enciérrelo. Una habitación (un lavadero, un galponcito) preparados para tal fin, sin grandes ventanales de vidrio ni nada que pueda ser atravesado o lastimarlo.
  • Póngale música fuerte o prenda el televisor, cualquier sonido al que esté habituado y que supere o enmascare al de la pirotecnia.
  • No lo consienta de más. Si muestra temor, procure continuar con su vida, como si nada. No lo alce ni le acaricie ni le hable explicándole las bases antropológicas del festejo navideño. Él no lo entenderá y sólo captará que su miedo fue aceptado y premiado.
  • No lo ate con una correa a un árbol. En la desesperación, el bicho puede girar en redondo hasta ahorcarse.
  • Por las dudas, póngale collar con una chapita o al menos un llaverito como el de la imagen (salen 5 pesos). En esa chapa o llavero ponga su celular, nada de “Bobby”, porque no será un dato que sirva en caso que se pierda, aún tomando las previsiones que recomendamos en esta nota.
  • No deje de consultar con su Veterinario de confianza, tal vez haya que medicar.

 

En el flyer que ilustra esta nota queda claro que adherimos a la campaña #BahiaSinPirotecnia, la cual está organizada por ONG’s de padres de chicos con autismo y entidades animalistas, todas en apoyo al cumplimiento de la Ordenanza 11252, que a pesar de datar del año 2000, sabemos que no se respeta. No sólo los perros con fobia sufren con los petardos, también los chicos autistas, los ancianos y los pájaros, además de las personas que se accidentan y los incendios que se producen. Más allá de las puniciones, la campaña intenta promover CONCIENCIA sobre el sufrimiento del otro y no podemos estar más de acuerdo con eso.

Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (UBA)
MP: 6491

TODO ES CIENCIA… INCLUSO QUE EL BOBBY SE SACUDA EL AGUA

Publicado el día 30/11/2017

Hoy me preguntaban algunos cuidados a tener con los perros cuando los bañamos, y a los tradicionales de la elección del shampoo, el cuidado de los oídos, la frecuencia, etc. se cruzó otra preocupación que parece menor pero que es válida: cómo prevenir que el Bobby se sacuda el agua en medio del baño empapándonos a todos y a todo.

Aunque parezca mentira, el movimiento de sacudida para sacarse el agua de los perros y otros animales ha sido objeto de estudio no sólo de anatomistas, fisiólogos y veterinarios, si no también de físicos. En un estudio del Instituto Tecnológico de Georgia

Los ingenieros mecánicos Andrew Dickerson y David Hu analizaron los movimientos de 13 diferentes usando  filmaciones de alta velocidad y Rayos X, para ver  detalles de cómo se sacuden para secarse. Constataron que los animales oscilan a frecuencias cuyo valor es suficiente para expulsar las gotas de agua, y que la frecuencia de las sacudidas está en función del tamaño del animal. Cuanto más grande sea el animal, con más lentitud se sacude. Un ratón por ejemplo mueve su cuerpo a razón de 27 sacudidas por segundo, en tanto que un oso pardo lo hace a 4 sacudidas por segundo. Según los científicos, con esa velocidad de movimientos, los mamíferos más pequeños pueden experimentar una fuerza centírífuga de 20G (20 veces la fuerza de la gravedad terrestre). Lo mismo es válido para los perros pequeños o grandes: los primeros se sacudirán más fuerte. Agregan que “los mamíferos con pelaje, a diferencia de los humanos, tienden a tener una piel flácida, que se agita en todo el animal cuando éste cambia de dirección bruscamente en sus movimientos. Esto es crucial para sacudirse con eficiencia el agua, e indirectamente también resulta vital para una adecuada conservación del calor corporal.”

El significado evolutivo de este comportamiento es claro: los largos pelajes retienen el agua y eso complica la regulación de la temperatura en los climas fríos, razón por la cual cuanto antes se seque el animal, menor probabilidad de disconfort.

Ahora bien.. ¿cómo se puede “prevenir” (al menos hasta que estemos preparados) una gran sacudida? Entendamos la mecánica del movimiento: éste no es otra cosa que un movimiento de rotación oscilante sobre el eje longitudinal del animal y que va de adelante hacia atrás, involucrando cabeza, tronco y cola en ese orden. Cada ciclo arranca en la cabeza (con el cuello estirado) y se traslada de ésta por medio de los grandes grupos musculares de la columna vertebral. Mientras el movimiento progresa hacia la cola, la cabeza llegó al máximo de su rotación y violentamente va hacia el otro lado, lo que reinicia el ciclo en sentido opuesto. Esto puede verse en detalle en el siguiente video:

Ahora, ¿cómo lo evitamos? Sencillo: evitando que se inicie, esto es, impidiendo que el perro rote la cabeza. Y como para preparar ese movimiento el Bobby necesita el hocico libre, es suficiente con tomar éste último con una mano para que el perro ya no pueda hacer la secuencia.
Una mano sobre el hocico. Y nada más. Con eso es suficiente para que toda esta complejidad mecánica de la que hablamos no pueda ni empezar. Por supuesto que la dificultad de la maniobra dependerá de la mansedumbre del animal, pero podemos mantener tomado el hocico durante todo el baño o soltarlo y estar atento para cuando se acomode para hacerlo. Si no llegamos a tiempo, no hay problema: una vez agarrada “la trompa”, la secuencia cesará.
Con esta pavada nosdamos el tiempo suficiente para secarlo con una toalla o para contar “Uno… dos… tres…!!” y salir corriendo antes que explote un volcán de pelos y agua.

Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

FUENTE: GEORGIA TECH RESEARCHES APPLIED PHYSICS OF THE WET DOG SHAKE / Selected Science News (Nov. 2017)

EL PERRO LADRA Y LOS VECINOS SE QUEJAN

Publicado el día 22/11/2017

Una situación muy frecuente: adoptamos un perrito, lo amamos, pero cuando nos vamos ladra y ladra como el helado: sin pararrrr!!!

Generalmente nosotros no somos concientes del problema porque cuando regresamos a casa, él simplemente nos hace fiestas. Pero no falta mucho para que un vecino (más o menos malhumorado) nos toque el timbre y nos diga: “su perro ladró todo el día. Insoportable.”

Un reciente artículo del Grupo de Especialidad de Etología Clínia de AVEPA España advierte que no hay que tomar el comentario a la ligera. “Las vocalizaciones excesivas (ladridos, gemidos, aullidos) cuando los perros se quedan solos en casa son un problema bastante común entre la población canina.”

Durante mucho tiempo se tomaba esta actidud como una patología en sí misma y se la denominaba “Ansiedad por Separación” a todo lo molesto que el Bobby haga cuando nosotros no estamos (ladrar, romper, ensuciar). Hoy día se está re-evaluando eso, ya que la ApS parece ser un síntoma, más que una causa en sí misma (de hecho, la nomenclatura correcta sería “Autónomopatía”).

Desde el punto de vista del origen del problema hay varios componentes que pueden estar interactuando. La cuestión “de base” puede ser un trastorno de desarrollo, con perros destetados precozmente que padezcan de un Hiperapego (esos que nos siguen hasta el baño) , un Sindrome de Hipersensibilidad/Hiperactividad (ver la nota “La Maldición del Perro Adorable”) y hasta una Sociopatía o Trastorno Jerárquico 

El tema es diferenciar uno de otro cuando muchas veces todo está enmascarado por un Estado de Ansiedad permanente o intermitente. Entendemos como “Ansiedad” a un estado negativo y perjudicial de anticipación de una amenaza o daño que -al no concretarse – cronifica sus manifestaciones motoras y fifiológicas. Es el perro que siente que “algo va a pasar” pero cuando eso no ocurre, prolonga su alerta en el tiempo en forma patológica y nociva para sí mismo y su entorno.

En el caso de las vocalizaciones en ausencia del dueño, la Ansiedad suele ser el estado común a todas las patologías ennumeradas antes. En muchos casos hay que medicar para lograr tener algún efecto terapéutico y esta medicación debemos hacerla con fármacos psiquiátricos específicos que no tengan “groggy” al perro todo el día, cuestión que atentaría contra el bienestar del animal.

Por supuesto que para todo tratamiento tenemos que consultar a un Médico Veterinario instruído en Etología Clínica, sin embargo son procedentes los consejos que nos deja el “GRECTA”.

¿Qué cosas no tengo que hacer?

  • No te quedes esperando al otro lado de la puerta para, cuando empiece a ladrar, entrar a decirle que se calle. Con esto, inconscientemente, estarás reforzando el ladrido. Su asociación será “Ladro, y mi propietario vuelve” aunque no reciba exactamente el tipo de atención que desearía, está recibiendo tu atención.
  • No le encierres en un cuarto para que se le oiga menos. Con esto lo único que vas a conseguir es aumentar el estrés y deteriorar el vínculo que tiene contigo.

¿Y si adopto a otro perro para que le haga compañía?

  • Si haces esto sin haber averiguado la causa de los ladridos lo más probable es que el problema continúe igual porque no sea esto lo que tu perro necesita, o bien que acabes con doble problema porque se pongan los dos a ladrar por facilitación social.

¿Qué cosas sí tengo que hacer?

  • Asegurar que las necesidades físicas y comportamentales de tu perro están cubiertas.
  • Adoptar medidas de enriquecimiento ambiental adaptadas a las necesidades individuales de tu perro.
  • Dejar en casa cuando te marches un dispositivo de grabación de video y audio que grabe al menos la primera hora de tus salidas (a distintas horas y días de la semana). La visualización de estas grabaciones aporta una información muy valiosa para el diagnóstico de estos problemas y también para valorar la evolución de los mismos.
  • Tan pronto como detectes el problema consulta con un especialista en conducta. Ya que cuanto más tiempo dejes pasar más te costará solucionarlo.

 

MV ROBERTO F. GIMÉNEZ

MP: 6491

FUENTE: GRUPO DE ESPECIALIDAD DE ETOLOGÍA CLÍNICA DE AVEPA (GRETCA) España