Otro número mágico: 90

Publicado el día 07/06/2020

Noventa días (de vida) es el tiempo en el que transcurre el llamado “período sensible” de un cachorro. Segun la bibliografía (*), “un período sensible es una etapa en la edad del animal durante el cual los sucesos tienen un efecto que es susceptible de persistir por largo plazo, o durante el cual se realiza un aprendizaje facilitado y memorizado a largo plazo. Corresponde a un momento particular del desarrollo del sistema nervioso central. Durante un período sensible, una pequeña cantidad de experiencias determinantes va a producir efectos (o daños) mayores sobre el comportamiento posterior.

Durante el período sensible de los cachorros, se crean las sinapsis que le harán comprender el entorno, aceptar lo nuevo e incorporarlo como parte de lo que sería su mundo habitual. Luego, una vez pasados esos noventa días, las sinapsis que no se encuentran “activadas”, se atrofian.

El período sensible es precedido y seguido de un período de menor sensibilidad y la transición es gradual. Durante estos períodos sensibles el cachorro va a adquirir todos los comportamientos básicos que requerirá a lo largo de su existencia. A cada período corresponde la adquisición de comportamientos específicos.”

Para la vida equilibrada de un animal, nada peor que un cachorro poco estimulado. Todos los eventos que le son ajenos y no puede incorporar a su sensorio, tarde o temprano pueden resultar ansiogénicos e incluso fóbicos, como lo contamos en las entradas de este Blog relacionadas con la Pirotecnia.

“El cachorro correctamente vacunado, debe salir hacia los lugares que encontrará una vez adulto. Se recomienda repetidamente caminar en calle tranquila, después en calle ruidosa, visita a un mercado público, visita de una estación de tren o de autobuses, desplazamiento en carro y en transporte colectivo, encuentro con personas de diferentes tipos, encuentro con cachorros y perros adultos, encuentro asiduo con otras especies animales: gatos, aves, animales de granja”

Med. Vet. Roberto F. Giménez
MP: 6491

(*)-CURSO GECAF:
Dehasse j (1993):Epigenèse, émotionnelle et relationnelle du chiot, Cahiers dÉthologie, Liège, 12(4)443-466.
Pageat (1995);: Manuel de pathologie comportamentale canine, Le point Vétérinaire, Paris.

EL NÚMERO MÁGICO

Publicado el día 27/05/2020

Sesenta días  es el período mínimo recomendado para que un cachorro esté con su madre después de nacer. Una perra equilibrada necesitará ese tiempo para desapegar a su cría y enseñarle (entre otras cosas) a inhibir la mordida. Ningún cachorro debe morder después de los tres meses, ni siquiera jugando.
Sesenta días... no importa que ya no mame, aún así que se quede con la madre aunque parezca que ésta lo rechaza. La única razón que muchos entregan los cachorros a los 45 días es económica, porque a esa edad le tocan las primeras vacunas, y los que hacen de esto un “negocio” incurren en un gasto que prefieren evitar. El principal problema es que para darle a Ud un cachorro a los 45 días de edad, se lo tienen que dar comiendo sólidos (balanceado) y procurando que no tenga descomposturas o diarreas por cambio de dieta. Para ello es necesario separarlo de la madre cerca de los 25 o 30 días a más tardar. Demasiado temprano. Esto más que destete es un “desmadre”, el cual es un concepto diferente. La madre puede destetar a los cachorros en forma natural porque le irritaron las mamas, se cansó, no tiene leche o ya es tiempo. Pero eso no quiere decir que haya que apartarlos por completo, “desmadrarlos”. Una madre equilibrada, aunque ya no de leche, le enseña a su cachorro cómo jugar y limitarse, lo mantiene “a raya” y lo invita “amablemente” que salga a explorar el mundo. Una madre equilibrada le da equilibrio al cachorro, y ese equilibrio se reflejará en su conducta futura. No la hipoteque llevándose el cachorro antes de tiempo. Converse con el criador y llegue a un acuerdo económico si es necesario, en cuanto al alimento balanceado y el plan vacunal. Pero espere, como mínimo, el número mágico: sesenta días.

 

Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

ANSIEDAD EN CUARENTENA: es posible?

Publicado el día 02/04/2020

Si, absolutamente. Tenemos que pensar que nuestros perros son muy muy sensibles a las variaciones del entorno y al comportamiento de “la manada”, viven pendiente de lo que hacemos, cuando salimos, cuándo se come, cuándo se pasea, etc.  A su vez, los animales aman la rutina. La rutina es seguridad, es confort. En la rutina todo es previsible y nada puede sorprender. Nada más alejado de la rutina lo que vivimos estos días en tiempos de Cuarentena. De repente, estamos todos en casa. ¿Cómo procesan eso nuestros animales de compañía? Muchos bien, algunos más o menos… otros mal.

Como decía, los perros son muy adaptables, sin embargo el individuo puede haber perdido esa plasticidad, por distintas causas. Si pensamos que nos íbamos de casa a la mañana y volvíamos 8 hs después para muchas veces volver a salir, toda esa “gestión” de la soledad que el perro adquirió a lo largo de su vida está siendo puesta a prueba con el aislamiento preventivo. Adaptarse a tenernos ahí todo el tiempo es un desafío para ellos. Los perros equilibrados no tendrán problemas. Otros que tengan, por ejemplo, Hiperapego… ¡menos!… porque nos tienen a mano siempre, lo cual en su trastorno, es una bendición. Y por supuesto que “desaparecerán” las Ansiedades por Separación, porque simplemente no hay “separación”. 

¿Qué es lo que puede suceder? Hay un tipo de ansiedad llamada  “Ansiedad por Desritualización”, que es una “alteración ansiosa que aparece como resultado de una desorganización de los rituales del grupo. La ansiedad es una consecuencia del aumento de las situaciones ambivalentes, resueltas habitualmente con los rituales” (1). Básicamente, se cambiaron esas rutinas, se perdió esa seguridad y además todo se prolonga en el tiempo.., y el pobre animal se “desorganiza”. es así que en muchos de nuestros “pichos” pueden aparecer signos inusuales, como por ejemplo jadeos constantes, deambulación, “atorarse” con la comida, diarreas o constipación, ladridos excesivos, roturas, agresividad, etc.

Tenemos que ser conscientes también que pueden tener mucho menor consumo de energía: tomemos en cuenta que los paseos han dejado de ser tales y  sólo debieran hacerse salidas para las necesidades de los animales. Todo esto contribuye al cuadro.

¿Qué hacer? Lo primero consultar a nuestro Veterinario de confianza, el ya nos puede dar una orientación sobre que no exista otra patología (recuerden que en tiempos de Pandemia, se deben pedir los turnos previamente por teléfono o Whatsapp). Luego es importante generar nuevas rutinas en el hogar, que tendrían que incluir Juegos (con una botella, con una pelota) al menos tres o cuatro sesiones por día. Y finalmente hay que “enriquecer” el ambiente del animales, con juguetes y elementos que le representen un desafío. No es necesario salir a comprar esas cosas al Pet-Shop, será suficiente por ejemplo, con una botellita de gaseosa chica al que le haremos unos agujeros chicos y pondremos en su interior un pedacito de carne o alimento que le guste. Luego, dejaremos que el Bobby se entretenga tratando de acceder “al premio”, por una buena cantidad de minutos. Lo importante es que pasado un tiempo abramos el “juguete” y le demos el premio, para que tampoco este juego se convierta en una experiencia frustrante.

Para otras entradas, nos queda pendiente el cuadro de Depresión en perros (que también está apareciendo en circunstancias como la que vivimos) y qué ocurre en la misma situación en gatos.

Roberto F. Giménez”
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

  1. – Patrick Pageat  – “Patología del Comportamiento del Perro” – Pulso Ed. (2000)

FOBIA y ANSIEDAD: parecido pero no lo mismo

Publicado el día 07/01/2020

Habiendo pasado las dichosas Fiestas, quedaron muchas preguntas relacionadas con los estados fóbicos, que hemos desarrollado en otras notas.
Una de las principales es cómo diferenciar un perro verdaderamente fóbico de uno simplemente “miedoso” o ansioso. Y las diferencias son muchas.

Para entender la diferencia entre Fobia y Ansiedad (*):

“El ESTADO FÓBICO es un estado reaccional caracterizado por la produccíón de respuestas de miedo o de temor al ser expuestos a un estímulo o a un grupo de estímulos BIEN DEFINIDO” Está “desencadenado sistemáticamente por un estímulo sin que la ausencia de consecuencia objetivamente negativa para el sujeto disminuya la incidencia o la intensidad de la respuesta emocional”

Se define la ANSIEDAD como “un estado reaccional caracterizadop por el aumento de la probabilidad de desencadenarán reacciones emocionales análogas a las del miedo en respuesta a toda variación del entorno (interno y externo). Resulta de ello una desorganización de los autocontroles (…) y por tanto una pérdida de la adaptibilidad a toda variación del entorno. ”

El estado ansioso puede manifestarse de formas clínicas muy diferentes, aunque hay tres grandes tipos: paroxística (aparición explosiva), intermitente (de vez en cuando) y permanente, caracterizados por  las manifestaciones neurovegetativas (físicas), la agresión por miedo e irritación y la asociación con inhibición y/o actividades sustitutivas (lamerse, perseguirse la cola, romper muebles y cosas).

Traduciendo: en la FOBIA el estímulo es bien definido, es puntual (un ruido, un tipo de persona, los autos, etc), mientras que el estímulo en la ANSIEDAD nsiedad es mucho más complejo de determinar. En algunas de las Fobias (Estadío 3) la anticipación al estímulo es tal que se entra en un estado es pre-ansioso, clínicamente muy difícil de diferenciar del verdadero estado ansioso.

Mi esquema mental para esto, si bien no es 100% preciso desde lo académico, es el siguiente:

— > MIEDO: respuesta fisiológica, reacción a estímulos objetivamente peligrosos, desaparece cuando termina el estímulo;
—> FOBIA: respuesta patológica, reacción desmedida a estímulos puntuales y no peligrosos, desaparece cuando termina el estímulo (salvo en el Estadío 3)
—> ANSIEDAD: respuesta patológica, reacción a estímulos difusos, no desaparece (salvo en la paroxística)

Med.Vet Roberto F. Giménez
MP: 6491

(*) Fuente: “Patología del Comportamiento del Perro” – Patrick Pageat

¿Por qué mi perro “levanta la pata” en todas partes, aún dentro de casa?

Publicado el día 03/12/2019

Todos sabemos que el comportamiento relacionado con la orina de los perros es muy particular. Por un lado tenemos el acto fisiológico, esto es, el hecho de orinar por necesidad del organismo, pero también tenemos el acto comportamental, lo que se transmite por la orina en términos de comunicación. En los perros, “levantar” la pata es toda una ceremonia con significados, una de las teorías más aceptadas es que su sentido principal es exponer los genitales como signo de jerarquía. En ambor sexos a la vez la orina “de marcaje” es un mensaje químico muy fuerte con múltiples significados, entre ellos, el territorial.
Los perros aprenden relativamente pronto a orinar en el lugar que le asignemos. Hay que tener un poco de paciencia nomás y ya con pocos meses piden “para salir”. Si el perro es adulto, las micciones inadecuadas frecuentes NO son normales.

Los problemas más comunes pueden ser:

1- Orgánicos: una enfermedad en los riñones o en vìas urinarias (por ejemplo, cistitis). Simplemente el pobre animal no se aguanta y hace donde le atacan las ganas. En el caso de enfermedades renales, aumenta también la ingesta (polidipsia) y es cuando el perro “se hace encima” aún dormido (poliuria).

2- Comportamentales: muchas situaciones pueden provocar que el perro se orine. Hay micciones por miedo, por ansiedad (ansiedad por separación, híperapego) y por trastornos jerárquicos. Muchos perros con el Sindrome de Híperactividad/Híper Sensibilidad, hacen micciones emocionales frente al dueño. En la llamada Ansiedad por Separación (“autónomopatías”) el perro suele orinar alrededor de puertas y ventanas, que es por donde sale la familia y la ve venir.
Los pasos a seguir son dos: primero llevarlo al veterinario clínico generalista, para descartar las causas fìsicas y si no existen, a un veterinario especialista de comportamiento.

En general, los repelentes (líquidos para que “no haga allí”) no sirven para nada, lo mismo que retarlo refregándole el hocico en el “charquito”. El castigo, como muchas veces hemos dicho en esta página, debe ser inmediato. Lo tenemos que agarrar “in fraganti” levantando la pata donde no debe, pegarle un grito o darle un reto corto. No sirve llegar después y actuar sobre la consecuencia, de hecho, aconsejo que si nos encontramos con “un carco” en el medio del living, primero saquemos al perro de la vista antes de limpiarlo, porque si no creamos toda una “ceremonia” alrededor de la orina (retos, amenazas, trapos) que el Bobby puede tomar como que sirve para llamar la atención.

MV Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)

CACHORROS Y SINAPSIS

Publicado el día 22/09/2019

El concepto de Tenencia Responsable implica acciones preventivas en la salud de nuestros animales de compañía y su relación con las personas y el ambiente. Sin embargo la prevención comportamental es una de las cuestiones más importantes y que en general menos se tienen en cuenta. Nos preocupamos que nuestro cachorro tenga todas las vacunas pero no que nosotros tengamos el conocimiento necesario para criar un animal equilibrado en su conducta. Y no estoy hablando de “adiestramiento” si no de educación. Tal como me explayé en ESTA NOTA, son dos conceptos bien diferentes.

Se dice que los comportamientos del perro dependen en promedio en un 20 % de la herencia y en un 80 % de los aprendizajes. Estos aprendizajes se adquieren durante el período de cachorro y marcaran toda su vida. El perro tendrá que aprender a qué especie pertenece, cuáles son sus amigos, como comunicarse y  cómo organizar sus comportamientos.

El desarrollo corporal es paralelo al desarrollo del sistema nervioso y del cerebro. El progreso del cerebro se relaciona directamente con los los estímulos del medio.del cachorro. Esta influencia del ambiente es mayor al nivel de las sinapsis, que son las conexiones entre las neuronas. Estos efectos sobre el cerebro se traducirán luego en efectos sobre el comportamiento.

Un cachorro con sus sinapsis bajo la lupa (una exageración, claro está)

El cerebro de los perros se desarrolla durante la preñez y se extiende hasta la edad en promedio de tres meses. Este período es una fase sensible para la adquisición  de comportamientos. Si el cachorro pierde este aprendizaje, podría no recuperarlo nunca.

Las sinapsis son las conexiones que transmiten información entre las neuronas. Se calcula que a los 35 días de vida un perro cuenta aproximadamente con 10 mil sinapsis. Los estímulos externos que producen la madre y el ambiente provocan un estímulo eléctrico en las neuronas que liberan los neurotransmisores entre ellas y hace madurar las sinapsis. Esto forma una red neuronal que poco a poco establece el comportamiento propio de la especie. En determinado momento, las sinapsis que no han sido estimuladas comienzan a destruirse: el cerebro es un lugar demasiado chico como para guardar lo que no sirve.

Es por eso que en la especie canina, entre la tercer semana y el tercer mes de vida se atraviesa un período sensible crucial para el comportamiento del cachorro.

Para los 20 días de vida, el cachorro ve, escucha, se desplaza con facilidad y juega a pelearse. Ensaya sus medios de comunicación, gruñe y ladra. Se apega a su madre y se angustia en su ausencia. Luego la madre comienza a quitárselo de encima y el cachorro empieza a explorar. Lo ideal es que viva con otros perros, con distintos tipos de gente y e inclusive con otros animales (gatos), los que estimularán sus sinapsis en distintas areas cerebrales.

A medida que crece, la madre le enseña a  controlar su mordida, paso fundamental para evitar comportamientos agresivos.

Es así que desde las 7-8 semanas hasta los 3 meses el cachorro conoce el ambiente e integra los ruidos y estímulos de la ciudad. No se lo debe encerrar y debe probarse siempre que haya aprendido bien a morder sin lastimar, así como también que tenga actitudes de sumisión con el lenguaje corporal canino.

El cachorro de 4 meses debería ser limpio, controlar sus mordidas y su motricidad y  no temerle a la calle, a los desconocidos, ni a otros animales. Si esto no es así, es necesaria una consulta a un especialista de comportamiento.

Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)  MP: 6491

RAZONES POR LAS QUE NO HAY QUE DEJAR PASEAR AL GATO

Publicado el día 11/08/2019

Los gatos se han convertido en uno de los animales de compañía más populares del mundo occidental, ya que se considera una “mascota moderna”, práctica, limpia y simple de criar, adecuada para la vida urbana.

Sin embargo, no todas son rosas: pueden traer dificultades en la convivencia, enfermedades zoonóticas (transmisibles al hombre) y problemas de comportamiento. Nada que no se pueda manejar y prevenir, pero como casi todo en esta vida, hay que estar informado.

Claro que una de las zoonosis más conocidas de los gatos es la Toxoplasmosis, de la que ya tratamos en este blog (más información AQUÍ) , pero no es la única. Parásitos, hongos (tiña) y la temida “enfermedad del arañazo del gato” (una bacteria) también nos pueden ser transmitidas. No hay que tener miedo, pero sí cuidado. Sin embargo el sentido de la nota de hoy tiene que ver con las enfermedades que sufren los gatos y no nosotros. Panleucopenia, Leucemia, Calicivirosis, Rinotraqueítis y SIDA Felino son las más comunes y todas están relacionadas con contagios provenientes de otros gatos.

Porque así como se está volviendo más frecuente la adopción de gatos o gatas como animales de compañía, también se mantiene la costumbre de dejarlos deambular libremente al menos una parte del día (o de la noche). Existen cantidad de estudios basados en mediciones con GPS que especifican las grandes distancias que nuestros bichos pueden cubrir en una sola jornada de paseo, en la mayoría de los casos, superando el kilómetro.

Rango de deambulación de un gato feral, medido con GPS durante un estudio en Illinois, Estados Unidos (FUENTE: Illinois News Boreau)

El gran problema (aparte de los peligros que significa andar suelto a merced de perros y accidentes) son las relaciones que establecen con otros gatos de los denominados “ferales”, es decir, aquellos gatos sueltos que no tienen contacto alguno con el humano, rehúyen a su presencia y viven en techos y alturas. Para tener una noción del extenso territorio que éstos abarcan, en Illinois (USA) se reportó un gato feral macho de raza mixta que deambulaba en una superficie de 547 hectáreas (ver foto arriba). En rojo, la superficie cubierta por un gato feral. En amarillo, por uno doméstico. Parece poco, pero el punto es que ambos territorios están superpuestos.

Como es obvio de entender, este tipo de gatos de vida libre no tiene control sanitario alguno y suelen ser reservóreos de las enfermedades que hablábamos antes. Y si bien sabemos que los gatos son animales territoriales y principalmente solitarios, es cierto también que la acción del hombre por medio de su alimentación (a pesar de su vida libre) provoca contactos que en un entorno silvestre no existirían. Estudios de USA refieren que –lejos de controlarlas- las iniciativas de protección que los vecinos y entidades desarrollan en ciertas ciudades han aumentado la población de estos animales, a tal punto que preocupa su impacto en la biodiversidad de los espacios periurbanos y la difusión de enfermedades.

Castrando a su gato o gata reduce muchísimo el comportamiento de deambulación, pero no es suficiente: también debe impedir que se escape con rejas, mosquiteros y estando siempre muy atento a la posibilidad que se escape.

Esto también debe complementarse con un enriquecimiento del ambiente en el que vive: rascadores, juguetes, lugares elevados a dónde trepar y bajos a dónde esconderse. Si el lugar en el que vive el gato es divertido, menos necesidad de ir a buscar diversión afuera.

Porque de nada sirve si nosotros llevamos el gato al veterinario y lo desparasitamos, le ponemos “la pipeta” y lo vacunamos para después aumentar los riesgos de contagio dejándolo “libre”. Es una cuestión estadística, casi de probabilidades: vacunar y prevenir está perfecto, pero mejor aún es no estar expuesto a los factores predisponentes.

 

Roberto Giménez

Médico Veterinario (UBA)

FUENTES:

  • Enfermedades Virales Felinas – M.V. Loreto Muñoz Arenas – Universidad Nacional del Litoral
  • Watch: How Far Do Your Cats Roam? – National Geographic – https://www.nationalgeographic.com/news/2014/8/140807-cat-tracker-pets-animals-science-gps
  • Researchers track the secret lives of feral and free-roaming house cats – Illinois News Bureau https://news.illinois.edu/view/6367/205315
  • Cats and Toxoplasma: Implications for Public Health – H. A. Dabritz (1 Infant Botulism Treatment and Prevention Program, California Department of Public Health, Richmond, CA, USA) y P. A. Conrad (Department of Pathology, Microbiology and Immunology, School of Veterinary Medicine, University of California, Davis, CA, USA)

El Olfato y los Perros

Publicado el día 22/04/2019

Siempre hemos sostenido desde aquí que la realidad en al que viven nuestros perros no es la misma realidad que la nuestra y esto se explica sobre todo en la capacidad de “sentir” (captar) diferente el mundo que nos rodea. Desde el “sentir”se entienden los sentidos y los sentidos son el puente entre ese mundo exterior, el “afuera”, y el interior, nuestra conciencia.

En los perros, el ofato tiene una importancia radical y eso a su vez impone condicionamientos a su comportamiento.

“Según las razas y los olores, los perros son de 1000 a 1 millón de veces más sensibles a los olores que nosotros los humanos. Los olores son percibidos por quimio.-receptores repartidos en el fondo de las cavidades nasales y en el órgano vomero-nasal. Todos los olores humanos, incluso las  que pertenecen a huellas digitales pueden ser detectadas por el perro, sean estas frescas o viejas de hasta una semana (Bradschaw 1992). El perro percibe en sus congéneres las feromonas producidas a nivel de las glándulas anales y cicumanales, del conducto auditivo externo, de los cojinetes plantares, y que encontramos también  en la orina, las heces, las secreciones vaginales. La difusión de estas feromonas es activa en la emisión de orina, el frotamiento sobre un soporte, pero igualmente es pasiva. La posición acostada de un dominante permite por ejemplo la impregnación de la zona de dormir, esta marcada por los olores de dominante (y por su presencia) acaba siendo un reto para los concurrentes potenciales. Cuando dos perros están presentes en la casa, el que tiene más contacto con los propietarios será más fuertemente marcado de su olor, y recibirá entonces de parte del otro perro, más investigaciones sociales, lo que interviene probablemente en la afirmación de su estatus jerárquico

Las feromonas informan sobre el sexo, el estado fisiológico (celo), el estatus jerárquico, la identidad del emisor. Lo cual permite en particular a los perros de un grupo diferenciar las feromonas emitidas por un intruso. En territorio desconocido el marcaje permite al perro tranquilizarse colocando aquí y allá una marca familiar. En un contexto familiar un depósito urinario único y sobre una zona visible, de un perro macho o hembra es muy a menudo la única manifestación de un equilibrio jerárquico inestable en el cual el perro de un temperamento poco dominante, beneficia de prerrogativas jerárquicas elevadas. En el síndrome de ansiedad de separación, es frecuente constatar que el perro va a destruir de preferencia objetos fuertemente marcados por el olor de su propietario (zapatos, zonas axiales de una remera, botón superior del pantalón, control remoto).

La comunicación feromonal no es conscientemente accesible al hombre, mientras que el perro diferencia con facilidad entre un hombre y una mujer, aún con ropa y andar idéntico. (…)

En el perro doméstico el comportamiento del marcaje está acompañado de numerosos rituales visuales como es el alzar la cola  y la pata al orinar o rascar el piso, lo que permite sin duda aumentar la atracción de la señal, agregando a la información olfativa un elemento visual, y otras trazas feromonales dejadas por las secreciones de las glándulas interdigitales. Los perros dominantes levantan mucho más a menudo la pata que los perros subalternos.”

Fuente: Patrick Pageat – G.E.C.A.F. (Grupo de estudio del comportamiento de los animales de compañía)

 

PREMIAR LO QUE ESTÁ MAL, CASTIGAR LO QUE ESTÁ BIEN

Publicado el día 01/03/2019

A veces nos preguntamos por qué los perros hacen las cosas que hacen, y no nos damos cuenta que ciertos comportamientos los creamos nosotros sin querer.

Lo primero es entender que los perros no tienen otra cosa que hacer en la vida que estar atentos al entorno para captar los patrones de comportamiento nuestro y del resto de la “manada” humana. La inteligencia y adaptabilidad que tiene la especie les permite sacar conclusiones del estilo:

  • SI PASA “A” -> OCURRE “B”
  • SI OCURRE “B” -> NO PASA “C”

Con este esquema simple pueden tomar decisiones que los lleven a sacar ventajas, conseguir alimento, ganarse caricias u ocupar territorios. ¿Quién no detectó esos rasgos de “viveza criolla” en sus mascotas, para alcanzar un bocado o eludir las barreras y escaparse? Por algo son la segunda especie “más exitosa” del planeta, en términos de reproducción.

Pero muchas veces somos nosotros los que nos manejamos de una determinada manera y sin quererlo fortalecemos comportamientos indeseados. La más típica es “premiar” (sin querer) lo que está mal o castigar (también sin querer) lo que está bien.

Veamos un ejemplo para cada caso:

EJEMPLO 1 – PREMIAR LO QUE ESTÁ MAL: Belcha es una boxer muy vivaracha y obediente, hace años que vive con un matrimonio mayor que la cuida, le pone límites y convive con ella en armonía. Pero un día llegó el nieto a alegrar la familia y los felices abuelos cumplen su rol de tenerlo con ellos de vez en cuando. Con el tiempo apareció el problema: Belcha le ladra al bebé, le ladra mucho. Y el bebé se asusta, le cuesta dormir y el sólo ladrido de Belcha lo hace llorar.  La intervención del profesional arranca con preguntar cómo llegaron a esa situación, qué hacían las primeras veces que se encontraron Belcha y el bebé. La mujer cuenta que evitaban el contacto entre ambos sacando a la perra al patio con una galletita. Es decir: la perra se acercaba, ellos la llamaban, tiraban una galletita al patio con la puerta abierta y luego la cerraban, con la perra del otro lado. Aún así, meses después, seguían con el mecanismo, sólo que Belcha ya no se acercaba si no que directamente se ponía a ladrar. ¿Qué pasó acá? Claramente, el “Hecho A” es que Belcha se acerque al bebé y eso como consecuencia trajo un premio (“Hecho B”) . Es cierto que también había un castigo: a Belcha la sacaban al patio, pero en este caso el premio (la galletita) es un estímulo mucho más importante para la perra que el hecho de tener que “irse afuera”. Muy probablemente como después ya ni la dejaban acercarse al bebé, comenzó a “vocalizar” (ladrar) y eso también tuvo su premio: le daban una galletita para que se calle. ¿Cómo revertir esa situación? Cortando la el mecanismo de comportamiento -> premio. Hay que bancársela, aunque sea difícil, Belcha ladrando y todos siendo absolutamente indiferentes. Se la puede distraer con otra orden o con un juego (hacerla sentar, salir al patio e iniciar un juego de pelota, por ejemplo), pero el premio debe ser después de esa OTRA acción, nada que Belcha pueda relacionar ladrar con recibir un mimo. Mientras dure el comportamiento indeseado, hay que ignorarla. Luego, cuando esté desactivado el círculo vicioso de ladrido-premio, se empezará a trabajar con el acercamiento al bebé, el que debe ser paulatino y por supuesto, siempre controlado por un adulto.

EJEMPLO 2 – CASTIGAR LO QUE ESTÁ BIEN: “Zeus” es un mestizo divino, rescatado de la calle, que vive con una familia en una casa de barrio, con patio. Aduciendo esta razón (“tiene patio grande”) que nunca fueron de sacarlo muy seguido a la calle. Además, cuando el dueño lo hacía, le gustaba dejarlo un rato suelto en una placita cercana, para que corra libremente, pero según él tal cosa se convertía en un displacer, porque después le costaba muchísimo volver a atraparlo y ponerle la correa. Sus comentarios de la situación eran: “es sordo”, “parece que me toma el pelo”, “lo llamo, me mira y sale para otro lado”. Preguntado si eso fue siempre así, la respuesta fue que no, que “al principio” (recién adoptado) era más obediente, aunque como era juguetón con otros perros, a veces se distraía y no acataba las órdenes. Y de allí se puede deducir lo que pasó: el dueño de Zeus habrá salido con él a la placita, lo soltó, el cachorro se distrajo con otros perros, el hombre lo llamó, Zeus tardó en responder y cuando lo hizo el hombre lo retó. “¡Me hacés perder tiempo, ¿por qué no venís cuando te llamo?”. Esta situación debe haberse repetido varias veces, y empeorado cuando los paseos dejaron de ser rutina. Ahora “Zeus” sale de vez en cuando y en las ocasiones que lo hace, está “cargadísimo” de energía, como un preso recién liberado de la cárcel. Y eso no hace más que complicar el cuadro. Ahora, pensemos la cosa “del lado del perro”, desde el punto de vista de “Zeus”, como si pudiera hablar:

SI PASA “A” -> OCURRE “B”: “estaba jugando normal con un amigo, el hombre me llamó, volví al lado suyo… ¡¡y se enojó y me retó!!. Está loco…”

SI OCURRE “B” -> NO PASA “C”: “…y encima que se enoja y me reta, se termina el paseo. ¿Sabés qué? La próxima vez no vuelvo.”

Y así resultan las cosas. Tenemos que ser conscientes que nuestra forma de comunicar no siempre dice lo que quiere decir. El tono de voz, las posturas corporales y sobre todo EL MOMENTO en el que retamos o premiamos es fundamental. Tenemos que ver cuándo ubicamos nuestras intervenciones para que sean oportunas y no originen este mecanismo de “premiar lo malo y castigar lo bueno”, que en definitiva, atenta contra la buena convivencia.

ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario (M.P. 6491)

PERROS: “EDUCACIÓN” Y “ADIESTRAMIENTO”, DOS PROCESOS SEPARADOS

Publicado el día 04/09/2018

Es común que se confunda “educar” a un animal de compañía y/o modificar su comportamiento, con el hecho de “adiestrarlo”. Aunque ambos términos (educar y adiestrar)  se refieren a los aspectos de la conducta de nuestro perro, lo cierto es que son dos cosas absolutamente distintas.

Entendemos como “comportamiento” a todas las acciones de nuestro animal que lo hacen interactuar con nosotros y con el entorno. Lo solemos resumir en simples frases como: “se porta bien”, “se porta mal”, “es bravo”, “es buenito”, pero la verdad que las relaciones entre especies (la humana y la canina) son un poco más complejas. El comportamiento de los perros suele depender en muy bajo porcentaje de lo genético y todo lo demás son los llamados factores “epigenéticos”, los que tienen que ver con la crianza, la madre, el ambiente, el destete y cómo lo tratamos nosotros.

Debemos recordar que la especie canina no es “el mejor amigo del hombre” por casualidad. Ningún otro animal se acercó tanto a nosotros y la razón de ello es la capacidad de cambiar y adaptarse a las condiciones  que nosotros le imponemos. Esa plasticidad implica capacidad de observación, de distinguir “patrones” y actuar en consecuencia. Los perros son así de adaptables tanto como especie como en la mayoría de los casos, en forma individual. Piense esto: su perro no tiene nada que hacer en la vida, no trabaja, no estudia y el dólar le importa poco. Sólo tiene que estar atento a “su jauría” de humanos y otros animales y a su entorno. El perro entiende “el patrón” de la rutina de la casa, se da cuenta que se levantan y si durmió adentro, le abren la puerta para ir al baño. También que todos desayunan y le dan de comer para después subirse al auto y se van todos para volver tiempo después. Con el tiempo, el perro se adelanta a todo eso, empieza a dar vueltas cerca de la hora en la que suena el despertador, pide salir para volver a entrar y ligar una galletita en la cocina. También tiene las antenas paradas frente a todo el entorno, oye muchísimo más que lo que nosotros podemos oír, entiende los “patrones” del ambiente y los asocia con los nuestros. Quizá a un par de cuadras hay una escuela que hace sonar el timbre temprano. Él lo escucha y nosotros no, pero él lo asocia con la “levantada general” de la familia. Y se da cuenta que los días que no hay timbre, no hay “levantada”, así que de poco vale moverse por una galletita que tardará un poco más. Él no sabe que los días sin timbre se llaman “Domingos” o “Vacaciones”. No necesita saberlo. Le basta darse cuenta que el entorno es diferente y que coincide con un comportamiento particular de la familia. Parece magia, pero no lo es: es una gran capacidad de observación unida a una gran capacidad de adaptación.

Las mejores prácticas de educación para perros tienen que ver con utilizar esa plasticidad a nuestro favor. Como hemos dicho en otras notas relacionadas con la jerarquía, nosotros la demostramos con los pequeños gestos relacionados con la comida, los espacios y los contactos. Lo de siempre: no hacerlo dormir en la cama, no permitirle que siempre esté en el medio, no darle de comer en la mesa, que coma horas antes u horas después de nosotros, etc., aprovechan la capacidad de entender patrones de nuestros pichos.

El adiestramiento también utiliza la plasticidad de los perros para asociar acciones con reacciones. Por ejemplo, si felicitamos y premiamos a un animal cada vez que vaya a sentarse por sí mismo al tiempo que le damos la orden (“sit!”, “sentado” o lo que querramos), entenderá que “cola al suelo” es un premio y va querer a sentarse para obtenerlo.  El sonido de la orden será un disparador para el “recuerdo” del patrón (“cola al piso” y premio). Pero es un “truco”, una habilidad que no tiene que ver con un perro “bueno” o “malo”, ni siquiera “inteligente”. Puede ser muy práctico para un montón de situaciones, como por ejemplo que el Bobby se siente antes de cruzar la calle, pero son habilidades muy puntuales que requieren antes que nada, la base de un perro educado y equilibrado. Es que no convivimos con el “truco”, sino con la educación general del animal, con su equilibrio, con su aprendizaje epigenético y de los “patrones de comportamiento” de toda la familia. De todas maneras, puedo asegurarles que un perro que no tenga una estructura comportamental bien equilibrada tampoco aprenderá ningún truco. Es como un chico con defectos de atención por malas condiciones del entorno familiar: resulta difícil que aprenda la tabla del siete. La educación y el adiestramiento son dos procesos de la conducta de nuestros perros, pero son diferentes. Y generalmente no se puede hacer el segundo si la primera no es completa.

Cuando se pierde la plasticidad y la adecuada interpretación del entorno, es que aparecen los problemas. O el perro no entiende lo que le transmitimos con nuestra actitud, o nuestras señales no son claras. Cuando la conducta es nociva para la convivencia con las personas, es cuando decimos que estamos ante un problema comportamental. Un veterinario especializado en Etología (la ciencia del comportamiento) podrá diagnosticar si esa “conducta nociva” es por una patología del animal o es algo que no funciona entre él y las personas que lo rodean.

Lo ampliaremos en siguientes notas.

Dr. Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491