¿CÓMO ME ACERCO A UN PERRO QUE NO CONOZCO?

Publicado el día 03/08/2016

Una de las situaciones más frecuentes que pasamos en la vía pública es encontrarnos con perros que no conocemos, mperro saludandouchos con dueño y otros no, muchos con collar y correa y otros no. Para los que nos gustan los animales, tenemos la tendencia a acercarnos a ellos y tocarlos, sin pensar que tal vez a ellos pueda parecerles un ataque o cuanto menos una situación incómoda, ya que de alguna manera invadimos su “espacio personal”.

Entendemos como “espacio personal” al perímetro al partir del cual nos sentimos incómodos con la presencia de otro individuo que no conocemos. ¿Vieron que en la cola de los bancos la gente deja un espacio con las demás personas, aunque nadie se lo exija?. Esto ocurre naturalmente y en forma inconsciente
. El antropólogo Edward Hall estudió la forma de interactuar de las personas en el espacio público y la llamó “proxémica” y definió las distancias admitidas socialmente entre las personas como “espacios proxémicos“. Hall definió que la “zona íntima” a la que sólo se puede acceder con mucha confianza son 40 cm. y la “zona personal” hasta 1,20 mts. Por supuesto que hay situaciones, como arriba de un colectivo lleno, que esto se rompe por completo, además de variables culturales y demográficas.
Ahora bien, ¿qué pasa con los perros?. Son muchas las variables que definen los “espacios proxémicos” de los perros y como ellos no pueden responder a cuestionarios, se han estudiado en base a observación de su comportamiento, principalmente en jaurías y con otros perros. Para generalizar, puede decirse que la “zona personal” de un perro con otro para él desconocido es 2,5 veces el largo del animal, es decir: si el lomo del Bobby mide de la cabeza a la base de la cola 1 mt., su “zona personal” va a ser un perímetro de 2,5 mts. y la “zona íntima”, por supuesto, mucho menor.

Sabemos por otro lado que los perros son los únicos animales que tiene “doble impronta”, es decir, sociabilizan tanto con su misma especie como con la nuestra, por eso nos toman como pares y  lo que comunicamos con el cuerpo pasa a ser un factor fundamental en la relación que tenemos con ellos. Es por eso que de alguna forma debemos respetar los “espacios proxémicos” al acercarnos a un animal que no conocemos. ¿Cómo es esto?. En el ejemplo anterior del “Bobby”, acercarnos hasta los 2,5 mts y detenernos, para qué él inicie la parte exploratoria, que implicará dejarlo tomar la inciativa, acercarse y olfatearnos.

No sólo es importante regular cuánto nos aproximamos, si no también cómo. Según la especialista Dra. María de la Paz Salinas, la postura correcta es “de Dominante No Amenazante”, que implica:

  1. No mirar a los ojos, mirar fijo a la base de la cola;
  2. Postura de pie, brazos en jarra, tórax hacia adelante;
  3. Tono de voz grave, no gritar ni hablar fuerte con chillidos agudos;
  4. Siempre tiene que tener una vía de escape. No debo estar entorpeciendo las salidas, no generar una situación cerrada. No arrinconar;
  5. Respetar la postura de sumisión, si el perro pone una postura baja, dejo de presionarlo;
  6.  Acercarse hacia un perro a paso firme, no lento (amenaza), no rápido (ataque), no en zig-zag, que indicaría sumisión.

 

El primer punto es crucial: “fijar la mirada” tiene un gran significado para los perros. Sostener nuestros ojos en sus ojos o “alrededores” (el hocico, la boca) generalmente es considerado por ellos como un signo de dominancia. Más adelante nos extenderemos sobre el mito que dice que a los perros hay que mirarlos a los ojos hasta que desvíen la mirada, pero basta observar cómo cuando dos perros desconocidos se encuentran, se van acercando gradualmente entre sí, en diagonal o como rodeándose, para finalmente comenzar a olerse mutuamente las “partes íntimas”, que es una zona rica en feromonas y olores del individuo (comunicación química). Bueno, no espero que haga eso cuando conozca un perro (si se pone en cuatro patas y le clava la nariz en el trasero es probable que no quede muy digno), pero al menos procure fijar la mirada en la base de la cola mientras que con la visión periférica vigila la actitud del animal.
Finalmente, es importante que por más amistoso que se vea el pichicho, el primer contacto no sea ponerle la mano en la cabeza, ya que esto es un claro signo de dominancia que no siempre es tolerado hacia un desconocido. Porn supuesto que está totalmente contraindicado abrazarlo, tirársele encima, agarrarlo de los cachetes, etc. Una buena medida es acariciar con golpecitos suaves el costado del cuerpo (zona costal), que en la especie canina es apaciguante, porque remite a lo que hace la madre en el período de cachorro (los da vuelta con el hocico para lamerlos).

Si llegaste hasta aquí, ya te habrás dado cuenta que lo que te recomendamos es una medida de bioseguridad tendiente a evitar un accidente por mordedura, a la vez que una situación estresante para nuestro nuevo amigo. Y una de las condiciones de las medidas de seguridad es su universalidad, es decir: que deben ser aplicadas frente a todos los individuos hasta tanto las condiciones del contacto no conlleven ningún riesgo. En palabras sencillas: todo perro, grande, chico, de raza, cruza, mueva la cola o no, es potencialmente mordedor hasta que no hayamos construído con él un vínculo seguro.

Dr. Roberto F. Giménez

Médico Veterinario (U.B.A.)

MP: 6491