LA GUIA DEFINITIVA PARA DARLE LA PASTILLA AL GATO

Publicado el día 01/08/2018

Si existe un verdadero desafío en la Medicina Veterinaria es administrarle medicación a un gato. ¿Vieron qué difícil que es? Realmente el carácter de estos animales sumado a la capacidad destructiva de uñas y dientes hacen que el problema sea tan básico como complejo.

Antes que nada, un poco de farmacología explícita.  Hay dos tipos de medicación: la “enteral” (por boca) y la “parenteral” (inyectable, venosa, intramuscular o subcutánea). Cada forma de aplicación tienen su técnica y también se relaciona con el tipo de medicamento, la velocidad en que la droga hace efecto, cómo se distribuye en el cuerpo, cuánto tarda en metabolizarse, el tiempo en que está activa, etc., etc.

Darle un inyectable subcutáneo o intramuscular a un gato suele estar en manos de un profesional o de sus ayudantes. Puede ser complicado o no (depende del gato y la habilidad del operador), pero de alguna forma eso está controlado. El problema es cuando el veterinario agarra el recetario y se pone a escribir “… y le vamos a dar una pastillita por unos días para…”. ¡Sonamos! En nuestra cabeza se nos forma la imagen de las batallas campales que están por venir. Por más bueno que sea el gato, una medicación dada en forma continua (como se hace hasta tres veces por día durante varios días) puede molestar su habitual buen humor y volverlo más arisco que de costumbre.

¿Qué es lo que hacemos, entonces? Como dicen en la industria: “Safety First”, la seguridad es lo primero. Debemos pasar la prueba sin salir lastimados ni nosotros ni el gato. Una primer medida puede ser proveerse de esos guantes gruesos de jardinería y (mucho mejor) los de soldador, de manera tal de poder manejar al animal y que si nos clava uñas o dientes, no pase nada. Otra opción posible es envolver al animal en una toalla o manta, para mantener las pequeñas garras de la pantera lejos de nuestra piel.

Es importante hacer todo tranquilo, sin provocar más estrés del necesario. Alzarlo, ponerlo en la falda, acariciarlo o… todo lo contrario (sobre una mesa o dentro de la “gatera”), lo que uno sepa que es mejor para el gato, de acuerdo a su carácter. Una buena opción es la llamada “clipnosis”, que consiste en ponerle un clip en el pliegue cutáneo de la nuca y el cuello, lo cual es relajante para la especie porque es la forma en que la gata agarra a sus cachorros (en el video de aquí queda muy claro)

Es obvio que las opciones más sencillas son la de darle la pastilla directamente y que la acepte o también dejar el comprimido mezclado con balanceado y que se lo coma por sí mismo. En el 99% de los casos, eso no pasa. La otra es poner el medicamento dentro de algo que le guste, como un trozo de carne o de hígado, y dárselo “camuflado”, pero quienes hace mucho que tienen gatos saben lo “vivos” que son, y sobre todo la capacidad olfativa que tienen, así que lo más probable es que nos vaya bien con el método un par de veces y después nunca más. Por eso es necesario apelar a métodos más elaborados. Generalmente administrar un líquido nos resulta más sencillo que una “pastilla”. Por eso, si es jarabe mejor, pero no todas las drogas están disponibles en ese formato. En todo caso, si nos recetaron comprimidos o grageas, es conveniente preguntarle al Veterinario si la misma se puede moler y diluir en agua, porque hay algunos medicamentos que les hace perder sus propiedades.

Si tenemos jarabe o un comprimido diluido, ponemos el mismo en una jeringa y con el gato inmovilizado (envuelto en una toalla o sostenido por otra persona), tomamos su cabeza) y la levantamos unos 45 grados, manteniéndole la boca cerrada. Luego colocamos el extremo de la jeringa en la comisura de los labios y muy lentamente descargamos el líquido dentro de la boca, dándole tiempo para tragar, evitando que se ahogue. Hay algo que se llama “reflejo deglutorio”, que es cuando los sólidos o líquidos llegan a ciertas parte de la faringe, es imposible para el animal no tragarlos. De todas maneras, tenemos que considerar las pérdidas que seguramente habrá. Digamos, si le tenemos que dar un comprimido y el gato escupió una parte, va a haber que administrarle lo que tiró (por ejemplo: medio comprimido más). No dejar de hacerlo, porque se debe respetar la dosis recetada por el profesional, puesto que en algunos tipos de medicamento, la subdosificación no sólo no cura si no que produce resistencia (ejemplo: los antibióticos).

Finalmente, les dejo un método bastante más “etológico”: habiendo consultado con el veterinario la posibilidad de fragmentar la pastilla, la “hacemos polvo” lo más que podemos y luego lo mezclamos bien con queso blanco o dulce de leche. Tomamos el gato y le untamos una pata (cualquiera) con dicha mezcla. Y lo dejamos. Así de simple. Que se vaya a su rincón y que se limpie solo. Muchas veces, la actitud innata de acicalamiento es mucho más fuerte que el gusto y el olor que pueda tener una droga. Y así, limpiándose, entre lamido y lamido, se habrá tragado todo lo que necesite para curarse.

ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario
MP: 6491

EL LENGUAJE SECRETO DEL LAMIDO PERRUNO

Publicado el día 20/07/2018

Hay muchas cosas que hacen los perros a las que generalmente no le prestamos atención, porque parecen “naturales” o “instintivas” y sin embargo son indicativas de algunas características comportamentales de la especie. Una de ellas es la costumbre de lamer, tanto a las cosas, a nosotros, como a sí mismos.
El lamido de las cosas, de los objetos, puede formar parte de la “fase exploratoria” normal de los perros. Para ellos la vista no es el principal sentido, tienen un olfato muy potente y también un sentido del gusto importante, de manera tal que primero olfatearlos y después “probarlos” les aporta datos a los que nosotros -los humanos- no accedemos. Pero esta fase debe interrumpirse en algún momento, el lamido constante de los muebles, las paredes o cualquier cosa del entorno puede respondar al Sindrome de Ansiedad y es patológico.
Es importante saber reconocer por qué los animales hacen ciertas cosas y en qué contexto, para así prevenir situaciones indeseables tanto para ellos como para nosotros. Por ejemplo: el acto de “relamerse”, de pasar la lengua una y otra vez por el borde de los labios (el gesto que hacemos para caricaturizar que algo está muy rico). En los perros es un indicio de estrés por la situación que está pasando. Por ejemplo: perros frecuentemente dóciles que están siendo manoseados en exceso por humanos, el típico bebé que se le cuelga de las orejas, una persona que lo reta y lo reta sin parar por algo que hizo hace dos horas… veremos al animal asumiendo la posición sumisa, el rabo entre las patas, el cuerpo lo más bajo posible, las orejas caídas, la mirada huidiza… y el constante relamido. El perro la está pasando mal. Si hizo una macana, lo más probable es que ni se acuerde, pero entiende el enojo del líder y asume su rol de sumiso.

Sin embargo, el estímulo (el reto, el manoseo) persiste. Y es ahí cuando comienza la señal de estrés, el movimiento de la lengua. En muchos perros puede ser un aviso de peligro: hay situaciones que esa demostración de estrés termina en un mordisco. ¡Estar atentos!.
Tampoco es un buen signo cuando los perros se lamen en exceso a sí mismos. Un poco de acicalamiento está bien, es normal y alivia la picazón en caso de dermatitis o heridas. Pero cuando esa actividad no para, cuando se hace en forma constante y hay que retarlo para que cese, podemos estar de cara a una “Estereotipia”, un comportamiento compulsivo basado en un problema similar a cuando el animal se persigue la cola.
A tal punto puede llegar este comportamiento, que es bien conocida la patología denominada “Granuloma Acral”, una lesión focalizada que se da en la piel de las patas delanteras o traseras de los perros (generalmente la que le queda más cerca de la boca cuando están echados) cuya resolución en algunos casos tiene que ser quirúrgica.
Finalemente cabe la pregunta: ¿por qué nos lamen a nosotros?. Ya hemos dicho otras veces que para los perros nosotros también somos perros (“doble impronta”) y por lo tanto se comportan con las personas como lo harían con sus compañeros de jauría. En una especie social, el acicalamiento mutuo, limpiarse unos a otros, es un comportamiento normal. Así como los chimpancés se “despiojan” entre ellos, los perros se lamen. Pero además tiene otro significado, el de “sumisión”, el de decir “vos mandás”. Esta actitud está vinculada directamente a las etapas de cachorro y a la evolución. ¿Cómo?. El lobo, antecesor de nuestro perro, era un cazador y oportunista nato. Cuando encontraba comida, ya sea como presa viva o como carroña, simpre comía mucho más de lo que necesitaba. Llenaba su amplio estómago (“amplio” en relación a su anatomía) y regresaba a la guarida en donde estaba el resto de la jauría. Allí los cachorros le lamían el rostro, lo cual desencadenaba el reflejo de regurgitación y la cría podía alimentarse. El acto de lamido en la cara del proveedor es innato en el “Canis lupus” y sería una de las razones por las cuales a los perros les gusta tanto “darnos besos”, como muestra también de apego y sumisión.
No soy yo para decirles si está bien o mal, pero si le gusta darles besos en la boca al perro vean bien dónde estuvo ese hocico antes. Y si eso aún lo tiene sin cuidado… bueno: al menos téngalo desparasitado.

M.V. ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario – MP: 6491

CORTE DE OREJAS ¿PARA QUÉ?

Publicado el día 15/05/2018

La “otectomía estética” es el nombre técnico de lo comunmente llamado “corte de orejas”. Esta cirugía es una práctica habitual en ciertas razas tales como Gran Danés, Doberman, Dogo Argentino, Schnauzer, etc. La pregunta que el flamante propietario de alguno de estos cachorros le hace al veterinario, es si le debe cortar las orejas, y entiéndase “deber” como una obligación tendiente a evitarle al animal futuros males.

La respuesta es negativa. Repito: ¡NEGATIVA!

En realidad, ocurre todo lo contrario: el corte de orejas es un trastorno en sí mismo. El animal es sometido a una agresión por la cirugía y, posteriormente, al riesgo de infección; una vez superada la anestesia, la herida se transforma en dolorosa y su post-operatorio largo. Además, muchos estudiosos de la”psicologìa animal” (etología) afirman que el corte de orejas los afecta en su comportamiento, porque el animal ya no da las mismas “señales visuales” a sus congéneres.

Entonces: ¿por qué se hace?. Antigüamente y en ciertos ámbitos, el corte de orejas evitaba que los perros de caza puedan ser aprehendidos de ellos por los animales que acosaban. Evidentemente, esta no es la realidad en la que viven ahora perros que vemos paseando por nuestras plazas. No queda otra que pensar en la cuestión estética: nos hemos acostumbrado a ver a dichas razas con orejas paraditas y en punta, y cuando vemos un ejemplar “al natural” nos resulta anormal esos pabellones anchos y colgantes. Recuerdo al dueño de un hermoso Doberman que se obstinaba frente a mi resistencia a operarlo: “parece un burro”, decía. A mí, en realidad, me parecía un Doberman con orejas de Doberman.

Uno de los mitos es que si no se le cortan las orejas, a largo plazo esos perros se quedan sordos y desconocen al dueño. Algunos dicen que con esa (supuesta ) “cara de bobo”, el perro no será guardián de la casa. No hay basamento científico que avale ninguna de estas afirmaciones. Como seres pensantes que somos, debemos sincerarnos con nosotros mismos: cortarle las orejas a un perro es una decisión netamente decorativa, una cuestión de “pinta”, que como todo lo relacionado con los gustos y las costumbres, es de valoración subjetiva. De hecho, en muchos lugares (principalmente en Europa) ya están prohibiendo a esta cirugía.

El “corte de orejas” y de cola en las Veterinarias aún no es ilegal en la Argentina, aunque en lo personal (insisto… estrictamente en lo personal) aconsejo NO hacerla. No la haga, nunca lo repetiré lo suficiente… pero si igualmente Ud. ha resuelto hacerla, asesórese bien con su veterinario; no piense que la otectomía es una cosa fácil como “cortar el pedazo que sobra”. No es una cuestión de costos: requiere de una técnica cuidada y una minuciosidad casi artística que, mal hecha, se le hará patente cada vez que se enfrente, cara a cara, con su pichicho.

ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario – U.B.A.
MP: 6491

NUESTROS ANIMALES NO SABEN DE CALENDARIOS

Publicado el día 30/04/2018

Ayer se conmemoró el Día del Animal y –como era de esperar- estallaron las redes sociales con fotos de animales de compañía y mensajes de “Feliz Día”. Mucha gente publicaba fotos y celebraba a sus buenos amigos, contaban anécdotas y nos anoticiaban de sus “mañas”. Hasta ahí todo bien… la contracara de los “festejos” suele ser el llamado al Veterinario de la mañana siguiente: “el Bobby está vomitando”… “lo veo decaído”… “se despertó con diarrea”. “¿Qué pasó?” pregunta el clínico. “No… nada… sólo le hice una comidita especial / le compré un hueso / le traje un regalito de lo que le gusta” y otras declaraciones por el estilo.

Desde que inventamos el Calendario, los humanos tenemos una tendencia a rememorar determinadas fechas, aniversarios y cualquier ocasión que sirva para festejar y hacer ese día diferente a los otros. Y como “festejo” viene de “fiesta” y se relaciona con “festín”, no hay una de éstas que se precie que no implique también comida y (por supuesto) bebida. Son esos momentos que parece estar todo permitido y que las leyes naturales parecen flexibilizarse. Somos la única especie del Reino Animal que hace eso, el resto vive una vida pareja en la que un día es exactamente igual al anterior, no hay Lunes ni Domingos, no hay aniversarios ni fechas patrias y mucho menos “Feriados Puente”.

Estos cambios en la rutina a los que sometemos a nuestros animales no es lo mejor para ellos. Ya de por sí acomodamos los hábitos alimenticios de los pobres bichos a nuestros ritmos, con desayunos, almuerzos y cenas, divisiones del acto de alimentarse que no existen en la naturaleza. Y cuando están más o menos acostumbrados a cantidades y frecuencias… un día ¡zas!… se las cambiamos con un atracón de “eso que tanto le gusta”.

En el caso de los perros particularmente, tenemos que entender que no siempre “lo que gusta” es bueno: una golosina, una milanesa frita, les encanta pero los descompone. Es casi igual a la alimentación humana: lo rico no necesariamente es saludable. El tema con los animales es que ellos no tienen la capacidad intelectual de negarse a comer algo sólo por la idea abstracta que “le va a hacer mal” en un futuro. Tampoco tienen la capacidad fisiológica de comer casi cualquier cosa y seguir “como si nada”. En eso nosotros le llevamos ventaja. Recordemos que somos “omnívoros” mientras que ellos son “carnívoros facultativos”, es decir, que la base de su alimentación es la carne con otras cosas agregadas (vegetales y fibra). Todo su aparato gastrointestinal evolucionó para digerir carne y para acumularla si es necesario (comparativamente al nuestro, su estómago es enorme). Lo que NO está preparado es para la variedad, su flora bacteriana es relativamente limitada, definitivamente no evolucionaron para digerir un alfajor.

Entonces acá estamos con el Bobby en casa, se lo ve contento con su alimento balanceado, se lo ve bien de pelaje, está acostumbrado a comer un poquito al mediodía y una ración grande a la noche, de Lunes a Lunes. Y ayer Domingo, porque fue el Día del Animal, le clavamos un pastiche de hígado “que tanto le gusta” y le dimos lo que quedó del asado, con chimichurri y todo. Y ahí el desastre. No exagero, no es inusual: hay gente que les festeja el cumpleaños, con bonete y dulces (¡de verdad!). Y al otro día está llamando al Veterinario.

Para evitar esto tenemos que aferrarnos otra costumbre muy humana: la de pensar!.

Los Calendarios son invento nuestro, no existen en el Reino Animal. No estoy en contra de los aniversarios, de los festejos y mucho menos del “Día del Animal”, que más que una fiesta sirve como un día de reflexión para nosotros, para ayudarnos a pensar cómo nos relacionamos con ellos, los animales. Y una buena reflexión pasa por la necesidad de no humanizarlos, como muchas veces hacemos, precisamente… el Día del Animal.

Pero si aun así en determinadas fechas nos impulsa un deseo irrefrenable de homenajear a nuestro amigo, pensemos mejor en otra cosa… ¡un paseo va a encantarle! Juguemos con él, más que otros días. Traigámosle un hueso de tiento, algún juguete del Pet-Shop, si es que nos gustó. Pero no le hagamos un “festín”, porque no lo alimenta, no va a apreciarlo y seguramente le hará mal. En el tema alimentación, el organismo de los animales ADORA y NECESITA la rutina. La diversidad alimentaria es un tema netamente cultural y por ende, es propiedad de los humanos.

No seamos antropocéntricos y estemos siempre imponiéndoles a nuestros bichos nuestras costumbres, aunque sean sinceras, bien intencionadas y hasta divertidas. Aceptémoslos como son, así… sencillitos.

ROBERTO F. GIMÉNEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

 

“C.S.I. Veterinario”… o las dificultades para saber por qué falleció un animal.

Publicado el día 09/04/2018

Tal vez el tema de esta entrada no es todo  lo alegre que uno quisiera, pero tarde o temprano debíamos abordarlo porque suele ser una consulta frecuente. A tal punto es así, que al momento de escribir estas líneas me consultaban en privado por la posibilidad de investigar una mortandad importante de animales marinos en una conocida localidad balnearia de la provincia. Ese tipo de trabajo lo he realizado en muchas ocasiones y con distintas especies, siendo la más común el problema de los envenenamientos masivos de perros y gatos en el ámbito urbano.

Así como la Medicina Forense es una especialidad dedicada a descubir los causales de muerte de los seres humanos, la Medicina Veterinaria Forense tiene el mismo estatus, es decir, el de especialidad, aunque en esta Ciencia no suele estar formalmente instituida. Sin embargo, requiere de conocimientos especiales que un Veterinario “de grado” (común) puede no tener, porque no decidió dedicarse a ello. La mayor parte del saber forense en Medicina Veterinaria se imparte en post-grados y no es una de las especialidades que más demanda tiene, acaso porque sólo en algunas provincias el Poder Judicial incorpora a Veterinarios como peritos oficiales en las causas que debe tratar.

Tenemos entonces una primer dificultad al momento de intentar dilucidar el misterio de uno o varios fallecimientos animales: dar con el profesional adecuado. Éste debe saber diferenciar los cambios ocurridos por la misma naturaleza de la muerte de los que se produjeron por una patología o un atentado. Lo más común es que lo que se vea a simple vista “enmascare” la causa de fallecimiento. Por ejemplo: imaginemos un animal (perro o caballo) tirado en el asfalto con una huella de neumático que lo atraviesa. El impulso original es decir que murió atropellado, cuando también es posible que haya fallecido de otra cosa y luego su cuerpo fue embestido. El veterinario forense entrenado sabrá separar las llamadas lesiones pre-mortem de las post-mortem, de manera tal de acercar el diagnóstico. Esto es muy complicado y a la vez – como siempre en biología –  no siempre preciso, por lo que no es extraño que en el informe final queden más dudas que certezas.

Otra dificultad para toda la medicina forense en general (de humanos o animales) es que muchas veces “los cuerpos no hablan” o dicen poco. Se arriba al diagnóstico de “muerte por causas naturales” casi por descarte. Esto es porque lo que se hace es una necropsia “macroscópica” (concienzuda, pero a simple vista) y se observan las lesiones externas e internas. De esa forma, para avanzar un poco más en la resolución del enigma, hay que contar con métodos complementarios, como por ejemplo, estudios anátomo-patológicos y de laboratorio.

Y aquí un párrafo especial para estos últimos. Generalmente en nuestro país las cosas no son como se las ve en las series policiales tipo “C.S.I.”. Allí tienen un cadáver y le sacan muestras y ponen las muestras en frasquitos y bajos microscopios, encienden aparatos modernos y miran a trasluz tubos de ensayo y así descubren que la víctima murió de una sobredosis de una sustancia de nombre imposible importada de la China, entonces van a la Aduana y dan con la partida y cruzan los datos con un sospechoso a quien le encuentran restos del veneno en el lavadero y el tipo confiesa pocos minutos antes de los créditos finales. La realidad (sobre todo en nuestro país) es mucho más pedestre y compleja. El acceso al laboratorio no es tan sencillo, no siempre hay posibilidad técnica de realizar determinados análisis y si éstos están disponibles, son onerosos.

El caso típico son las intoxicaciones: ante un envenenamiento individual o masivo, en el caso que se haga la necropsia y se obtenga muestra (contenido gástrico, orina, tejido hepático o renal) deben buscarse las sustancias sospechosas. El método de detección más confiable es la Cromatografía (hay de distintos tipos, líquida, gaseosa, de Masa, etc). La Cromatografia compara un preparado de la muestra con un “testigo” del veneno del que se sospecha y el resultado se visualiza en un software, generalmente una curva con “picos”. La comparación de esos picos es lo que nos permite establecer si estamos ante la presencia de la sustancia buscada… o no. El tema es que no existe un “testigo” que abarque a todos los venenos posibles. Entonces, por ejemplo, si sospechamos de envenenamiento por estricnina, tomamos la muestra, la enviamos a laboratorio, se hacen los análisis y puede dar positivo o negativo. Si pasa lo primero… ya está: caso cerrado. Pero si da negativo, no podemos afirmar que el perro NO haya sido envenenado, si no que lo correcto es decir que “no fue envenenado por estricnina”. Bajo ningún concepto podemos afirmar que no haya presencia de otras sustancias como carbamatos, órgano-fosforados, etc. que para descartarlas debemos compararlas con sus propias corridas cromatográficas, cosa que por supuesto, encarece sobremanera la investigación.

Por eso que le aconsejo tener mucha paciencia con su veterinario si no muestra demasiado entusiasmo en disfrazarse de David Caruso (el pelirrojo protagonista de “CSI: Miami”). Seguramente entiende su angustia y él mismo tendrá muchas ganas de saber qué ocurrió en su caso. Pero la realidad no es la tele y a veces no es posible lograr que los misterios sean develados, como casi siempre pasa en la ficción.

ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

CON EL PERRO AL VETERINARIO: ¿disfrute u odisea?

Publicado el día 01/02/2018

Llevar a nuestro amigo al Veterinario suele ser una de las experiencias más traumáticas que muchos padecen cuando tienen un animal de compañía. El viaje en auto, la espera, la misma atención por el profesional, se convierten en un festival de mordidas, babeos, intentos de escape, forcejeos, pelos y más babeos. Lo peor no es cómo queda la sala de espera del veterinario o el asiento de atrás del auto: el tema es que semejante comportamiento por parte del Bobby lleva a que inconscientemente evitemos lo más posible semejante incordio, a tal punto de minimizar sin quererlo cualquier síntoma que muestre en casa y demorando el diagnóstico precoz. Además, las maniobras veterinarias (desde tomar la temperatura, aplicar un inyectable y hasta sacar sangre) se ven entorpecidas por el comportamiento del animal y con ello, su cura. Lo digo ahora, aunque sé que lo repetiré después: el Veterinario es un profesional médico, no un domador. El control del perro durante la consulta es tuyo.

Si tu amiguito ya es grande y viene con problemas para llevarlo a consulta, he aquí unos tips:

  • coordiná con el Veterinario el horario de visita, así se acortan los tiempos de espera;
  • colocale el collar, la correa y el bozal antes de salir de casa (no esperes a llegar al consultorio);
  • llevá  salchichas o galletas para premiarlo por cada cosa que haga bien, por cada orden que acate (“sentate”, “quedate”, “arriba!”). Hay que pensar que no todos los estímulos deben ser negativos;
  • quien lleve el perro al veterinario debe ser alguien que lo domine, de ser posible por presencia, liderazgo y jerarquía y si no al menos físicamente. Aunque el Veterinario cuente con ayudantes, siempre la sujeción es más sencilla si es hecha por alguien de la confianza del animal;
  • consultá con el Veterinario la necesidad o no de darle una medicación previa y de qué tipo. La Levomepromacina (de la cual hablamos por el tema de la pirotecnia en esta nota) puede ser una opción, más eficiente que las tradicionales “gotitas”. De todas maneras no se las des sin consultar, ya que algunos fármacos enmascaran síntomas y alteran los resultados de los análisis.

No me cansaré de repetir lo importante que es el tema del comportamiento en consulta para “allanar” todos los procedimientos diagnósticos y de tratamiento. De verdad: todas las posibilidades de atención de tu animal de compañía van a multiplicarse si este es fácilmente manipulable. Además, muchos parámetros que son importantes para entender su estado de salud, tales como pulso y ritmo crdíaco, frecuencia respiratoria, dilatación pupilar, temperatura, recuento de glóbulos blancos, ciertas hormonas, etc. se ven alteradas si el animal está en en estado de stress.

Ahora bien, tenemos un cachorro recién adoptado, ¿cómo evitamos que llegue a ser tan intolerante a la consulta?. Simplemente… ¡pensamos! Los cachorritos son un manojo de neuronas en crecimiento que absorben como una esponja todos los estímulos del entorno para identificar peligros y situaciones complejas. Pongansé en el lugar de él, sólo imaginando: “me subieron al auto.. ¡qué lindo! ¡Paseo!… fuimos a un lugar con olor a otros perros… mmm… no está tan bien… huelo que algunos estaban sufriendo. También anduvieron gatos por aquí. Un señor de blanco me puso arriba de una mesa brillante… me acarició… ¡y me metió “un coso” por la cola!. ¡Y después me pinchó!. Salgamos de este maldito lugar…” Un par de situaciones como esta y el picho se va a esconder apenas agarremos la llave del auto.

Lo mejor que podemos hacer es acostumbrar y desensibilizar a nuestro perro de movida nomás. ¿Cómo? Lo primero es NO llevarlo a la Veterinaria solamente a vacunar. Podemos ir con él cada vez que vayamos a comprar alimento balanceado, quedarnos un rato, charlar con el veterinario e incluso comentarle lo que estamos intentando. También, si la clínica nos queda cerca o “de pasada” podemos ir hasta la vereda y seguir de largo. E incluso ponerle el collar, la correa y hasta el bozal en casa… ¡sin salir a la calle! (al ratito se lo sacamos, obvio). Todo esto es para romper la relación directa entre el estímulo (la correa, el auto, a veterinaria) y el dolor (los pinchazos). Si bajamos la ansiedad producto de la anticipación que el perro hace por todas esas señales, sin dudas la consulta será más armónica.

Por supuesto que lo más importante sería que la relación entre el animal y su compañero humano sea de un equilibrio emocional saludable, es decir, que éste lo “domine” en el buen sentido, entendiendo por “dominancia” al ejercicio de una jerarquía en la que las personas de la familia se ubiquen en un rango comportamental superior a él. De esa manera, aunque haya procedimientos dolorosos inevitables, el perro mirará a “su líder”, lo percibirá tranquilo y eso le bastará para entender que todo está bien. Y este último consejo es para la vida social en general, no sólo para ir al Veterinario.

Y ya que lo mencioné… ¿les dije que es un profesional médico, no un domador?.

Roberto F. Giménez

Médico Veterinario (U.B.A.)

MP: 6491

EL PERRO LADRA Y LOS VECINOS SE QUEJAN

Publicado el día 22/11/2017

Una situación muy frecuente: adoptamos un perrito, lo amamos, pero cuando nos vamos ladra y ladra como el helado: sin pararrrr!!!

Generalmente nosotros no somos concientes del problema porque cuando regresamos a casa, él simplemente nos hace fiestas. Pero no falta mucho para que un vecino (más o menos malhumorado) nos toque el timbre y nos diga: “su perro ladró todo el día. Insoportable.”

Un reciente artículo del Grupo de Especialidad de Etología Clínia de AVEPA España advierte que no hay que tomar el comentario a la ligera. “Las vocalizaciones excesivas (ladridos, gemidos, aullidos) cuando los perros se quedan solos en casa son un problema bastante común entre la población canina.”

Durante mucho tiempo se tomaba esta actidud como una patología en sí misma y se la denominaba “Ansiedad por Separación” a todo lo molesto que el Bobby haga cuando nosotros no estamos (ladrar, romper, ensuciar). Hoy día se está re-evaluando eso, ya que la ApS parece ser un síntoma, más que una causa en sí misma (de hecho, la nomenclatura correcta sería “Autónomopatía”).

Desde el punto de vista del origen del problema hay varios componentes que pueden estar interactuando. La cuestión “de base” puede ser un trastorno de desarrollo, con perros destetados precozmente que padezcan de un Hiperapego (esos que nos siguen hasta el baño) , un Sindrome de Hipersensibilidad/Hiperactividad (ver la nota “La Maldición del Perro Adorable”) y hasta una Sociopatía o Trastorno Jerárquico 

El tema es diferenciar uno de otro cuando muchas veces todo está enmascarado por un Estado de Ansiedad permanente o intermitente. Entendemos como “Ansiedad” a un estado negativo y perjudicial de anticipación de una amenaza o daño que -al no concretarse – cronifica sus manifestaciones motoras y fifiológicas. Es el perro que siente que “algo va a pasar” pero cuando eso no ocurre, prolonga su alerta en el tiempo en forma patológica y nociva para sí mismo y su entorno.

En el caso de las vocalizaciones en ausencia del dueño, la Ansiedad suele ser el estado común a todas las patologías ennumeradas antes. En muchos casos hay que medicar para lograr tener algún efecto terapéutico y esta medicación debemos hacerla con fármacos psiquiátricos específicos que no tengan “groggy” al perro todo el día, cuestión que atentaría contra el bienestar del animal.

Por supuesto que para todo tratamiento tenemos que consultar a un Médico Veterinario instruído en Etología Clínica, sin embargo son procedentes los consejos que nos deja el “GRECTA”.

¿Qué cosas no tengo que hacer?

  • No te quedes esperando al otro lado de la puerta para, cuando empiece a ladrar, entrar a decirle que se calle. Con esto, inconscientemente, estarás reforzando el ladrido. Su asociación será “Ladro, y mi propietario vuelve” aunque no reciba exactamente el tipo de atención que desearía, está recibiendo tu atención.
  • No le encierres en un cuarto para que se le oiga menos. Con esto lo único que vas a conseguir es aumentar el estrés y deteriorar el vínculo que tiene contigo.

¿Y si adopto a otro perro para que le haga compañía?

  • Si haces esto sin haber averiguado la causa de los ladridos lo más probable es que el problema continúe igual porque no sea esto lo que tu perro necesita, o bien que acabes con doble problema porque se pongan los dos a ladrar por facilitación social.

¿Qué cosas sí tengo que hacer?

  • Asegurar que las necesidades físicas y comportamentales de tu perro están cubiertas.
  • Adoptar medidas de enriquecimiento ambiental adaptadas a las necesidades individuales de tu perro.
  • Dejar en casa cuando te marches un dispositivo de grabación de video y audio que grabe al menos la primera hora de tus salidas (a distintas horas y días de la semana). La visualización de estas grabaciones aporta una información muy valiosa para el diagnóstico de estos problemas y también para valorar la evolución de los mismos.
  • Tan pronto como detectes el problema consulta con un especialista en conducta. Ya que cuanto más tiempo dejes pasar más te costará solucionarlo.

 

MV ROBERTO F. GIMÉNEZ

MP: 6491

FUENTE: GRUPO DE ESPECIALIDAD DE ETOLOGÍA CLÍNICA DE AVEPA (GRETCA) España

VACUNAS: CADA VETERINARIO CON SU LIBRITO

Publicado el día 02/11/2017

Es frecuente que nos pregunten a los Veterinarios por qué los planes vacunales difieren entre sí, cuando puede parecer que individualmente cada profesional tenga o teorías distintas o simplemente no haya “un plan sanitario” consensuado.
La realidad es que en el tema inmunizaciones, los Veterinarios manejamos algunos conceptos que son claros, pero que no siempre están al alcance de todo el mundo, lo que implica también es que se vean variaciones que no se entienden a “simple vista”.
En el calendario de vacunaciones influyen distintos factores, algunos de estos son los siguientes:

Permanencia con la madre: una mamá correctamente inmunizada le pasa al cachorro sus “defensas” con el calostro, que es la leche de los primeros 3 a 5 días post parto. Estas inmunoglobulinas maternas interferirán con las producidas por el cachorro en el caso que se vacune cuando aún las primeras están en circulación. Esta interferencia comienza a disminuir aproximadamente a los 45 días de vida, razón por la cual esa es la edad en la que se comienza a vacunar la cría. Sin embargo, los perros huérfanos y/o alimentados a mamadera no lo reciben, razón por la cual la “regla fija” de los 45 días no corre en estos casos.

Edad de la Primera Vacuna: decíamos que la primer vacuna suele ser a los 45 días. Esto si bien es un consenso, hay otra fechas más o menos “fijas” por consenso que hay que respetar. Una, es que la vacuna antirrábica está indicada recién a partir de los 3 meses de edad y como es la única obligatoria por ley, debe darse lo antes posible. Otra regla sería que para asegurar una inmunización anual, la de Moquillo debe tener su última aplicación luego de los 3 meses y medio de edad y la de Parvovirus luego de los 4 meses y medio, razón por la cual encontrará variaciones en la libreta sanitaria entre un Veterinario y otro. Una situación que ocurre a menudo es que concurren a la clínica con animales más crecidos y que han tenido la suerte de “zafar” de las enfermedades en su momento más susceptible. En estos casos, los planes vacunales suelen ser más cortos porque de alguna manera, “ya pasó lo peor“.

Estado Sanitario del Cachorro: recordemos que el fin de vacunar es producir la llamada “inmunidad activa”, eso es, aplicamos virus muertos o inactivados para que sea el mismo sistema inmune del animal el que produzca sus defensas. Cualquier situación que disminuya esa respuesta inmune provocará que haya que cambiar la estrategia, solucionar el problema de base y vacunar después. Parasitosis, episodios febriles, mal estado nutricional, enfermedades gastroentéricas, situaciones de stress, son algunas de los motivos por los que haya que postergar la vacunación.-

Situación Epidemiológica Poblacional: todas las enfermedades que vacunamos son infecto-contagiosas, es decir: se transmiten de un animal al otro. Los Veterinarios entendemos esto a nivel global y en general estamos atentos a la salud de toda la población animal del barrio. Solemos darnos cuenta que en las últimas semanas hubo mayor observación de tal o cual enfermedad y eso haga que prevengamos priorizando una vacuna sobre otra, para evitar riesgos de contagio. También serían lógicas las variaciones estacionales, como por ejemplo prevenir Moquillo y Tos de las Perreras en Invierno y las enfermedades gastroentéricas en los meses más cálidos.

Como sea, es importante cumplir con el Plan Vacunal que nos indique un profesional. No hay una fórmula única y que se pueda descargar por Internet, mucho menos ser aplicada por un improvisado que no sepa evaluar todas las variables en juego. Como siempre decimos en este espacio: “elija un Veterinario y confíe en él“.

Dr. Roberto F. Giménez
Médico Veterinario (U.B.A.)
MP: 6491

¿QUÉ ES LA FAMOSA “DISPLASIA DE CADERA” EN PERROS?

Publicado el día 10/09/2017

Para entender esta patología tan extendida entre los Ovejeros Alemanes y otras razas grandes, transcribimos una nota de “Notivet

La Displasia de Cadera en perros, fue descripta ya en 1935 y desde entonces ha sido reportada en la mayoría de las razas y es la enfermedad ortopédica más común.
Ha sido asociada siempre con las razas grandes y medianas, de rápido crecimiento y maduración, dietas de alto valor calórico, disminución de las masas musculares pélvicas y anormalidades del músculo pectíneo.

Se trata de una mala congruencia de la cavidad acetabular ( cadera) con las cabezas femorales que pueden aparecer luxadas o sub luxadas. En articulaciones con alguna alteración, se observa desde un ligero a grandes desplazamientos laterales de las cabezas femorales – subluxaciones – que permiten el “juego articular”. El efecto es dañar, inflamar y finalmente debilitar la articulación de la cadera. La cantidad de líquido sinovial aumenta y el ligamento redondo se hincha y se estira. El cartílago normalmente liso , que cubre los extremos de los huesos opuestos, es desgastado y la cápsula articular se inflama y se vuelve gruesa. – cambios degenerativos de Osteoartrosis.

¿Cómo se manifiesta? Generalmente los propietarios de un cachorro con displasia, consultan al veterinario por las dificultades que presenta el cachorro para pararse, el tambaleo de las patas traseras al caminar. Presentan caderas anchas, cuadradas, son cachorros bastante sedentarios, algunos comen sentados, pueden ser agresivos o demasiado “buenitos”. Algunos cachorros no manifiestan síntomas y llagan a la edad adulta conviviendo bastante bien con la afección pero son los portadores genéticos y los posibles transmisores a sus crías. La manifestación con todos sus signos va a aparecer tarde o temprano.

Los hallazgos clínicos incluyen: intolerancia al ejercicio, rengueras, se incrementa la dificultad para saltar o para echarse dolor a la palpación o al pararse, sonidos de chasquido en movimientos forzados o en el andar , atrofias musculares, incremento de la agresión debido al dolor, restricción de los movimientos de la cadera, dificultades para correr o saltar , etc. son cachorros muy “buenitos” que permanecen mucho tiempo echados, no ” rompen nada”.

¿Cuáles son las razas más afectadas? De acuerdo a estudios realizados por la OFA – Fundación ortopédica para Animales en EE.UU. por más de 20 años – los rangos de displasia van desde los más bajos : 0.6 % para el BORZOI a un 46.9 % para el SAN BERNARDO. En razas especialmente predispuestas como el OVEJERO ALEMÁN, ROTTWEILER, VIEJO PASTOR INGLES, GOLDEN RETRIEVER, y el LABRADOR RETRIEVER que han sido evaluados radiográficamente y seleccionados en su crianza , se ha observado una disminución importante de la incidencia de esta enfermedad. En nuestro país esto ha sucedido solo en el ovejero alemán, con el correspondiente control de cría, en las otras razas, en la medida que siga creciendo el interés por la crianza, se deberá adoptar los medios necesarios para su control.

¿Cómo se diagnostica? Se diagnostica a través de una radiografía que se toma con el animal anestesiado, para que relaje sus músculos y ligamentos, en posición ventrodorsal con los miembros extendidos, paralelos, con las rótulas bien posicionadas. Una articulación normal muestra las cabezas femorales bien formadas ubicadas profundamente en las cavidades acetabulares. Las superficies de contacto son congruentes y paralelas. En articulaciones con alguna alteración se observa desde ligero a grandes desplazamientos laterales de las cabezas femorales – subluxaciones – que permiten el “juego articular”. Si existe juego articular , en poco tiempo se verán cambios inflamatorios en las superficies articulares y posteriormente artrosis.

¿Pronóstico? Los perros con ligera displasia coxofemoral que no deban satisfacer grandes exigencias, no tienen por qué enfermar de un modo visible. Como los animales reaccionan a menudo muy poco a dolores crónicos, puede pasar desapercibida esta afección incluso en perros afectos de una mediana displasia coxofemoral si no desencadena la cojera un trauma, p. ej., Una distorsión articular al saltar o un sobreesfuerzo agudo. Por lo tanto, pueden entregarse o mantenerse sin inconveniente alguno los perros afectos de una ligera o mediana displasia coxofemoral como animales de compañía. Hasta este punto, el pronóstico es favorable en caso de displasia coxofemoral ligera o mediana. No obstante, el comprador debe ser advertido sobre el estado de la displasia de cadera del perro que desee adquirir.
En caso de displasia coxofemoral grave, habrá que contar, incluso como animal de compañía, que en un plazo mas o menos largo, si no se medica preventivamente aparecerá una cojera que hará necesario un tratamiento. El pronóstico dependerá del grado de atención que se le pueda prestar al animal
Para animales de trabajo, sólo deben emplearse perros con articulaciones coxofemorales sanas, es decir, que no tengan indicio alguno de displasia, ya que incluso con una displasia ligera habría que contar con la aparición y la rápida evolución de la artrosis si los animales han de rendir corporalmente, especialmente cuando se exigen altos rendimientos en saltos y corridas de largos trayectos.

¿Tiene tratamiento? Los tratamientos intentan mejorar la calidad de vida del las mascotas.

Debo enfatizar que siendo una enfermedad grave funcional no es grave vital, en otras palabras el paciente sufrirá de una disfunción en la locomoción pero no compromete su vida.

Un animal enfermo de displasia puede vivir toda su vida con esta enfermedad y llevar una vida placentera. La displasia es una entidad controlable pero no curable.

Los tratamientos tienen por objetivo:

  • INHIBICIÓN DE LA INFLAMACIÓN
  • ALIVIO DEL DOLOR
  • REGENERACIÓN DE LAS SUPERFICIES ARTICULARES
  • REPARACIÓN DEL CARTÍLAGO

RECUPERACIÓN DE LA FUNCIÓN ARTICULAR

MÉTODOS:

  • CONSERVADORES – NO INVASIVOS:
  • CORTICOIDES
  • ANTIINFLAMATORIOS NO ESTEROIDEOS
  • CONDROPROTECTORES
  • REGENERADORES DEL CARTÍLAGO
  • QUIRÚRGICOS:
  • SECCIÓN DEL MÚSCULO PECTÍNEO
  • PLASTICA DEL TECHO DEL ACETÁBULO
  • OSTEOTOMÍAS
  • PRÓTESIS TOTAL DE LA ARTICULACIÓN
  • RESECCIÓN DE LA CABEZA DEL FEMUR

 CONSULTE A SU VETERINARIO!!!

MAS VALE PREVENIR QUE CRIAR

Publicado el día 31/08/2017

Si usted es el feliz propietario de una señorita de la especie canina, sabrá que cada tanto aparece el molesto asunto del celo. Este acontecimiento suele traer varios problemas, entre ellos la revolución de ladridos de los pretendientes del barrio. Salvo que sea criador, es poco probable que tenga deseos de tener perros-bebés dos veces por año.

Seguramente Ud. está enterado que las perritas alcanzan la madurez sexual entre los 6 a 10 meses de edad. El celo dura aproximadamente 10 días, período por el cual se vuelven absolutamente receptivas a la pasión. Encontrado el galán y consumado el romance, dos meses después pueden llegar a nacer hasta 14 hermosos cachorros (según la raza), que de chiquitos son muy simpáticos pero que después no dejan de crecer, ni de comer ni de ensuciar. Solemos ver el resultado de esta secuencia en una plaza o al costado de la ruta: una caja llena de perritos gimiendo, esperando que alguien los lleve. Para evitarlo, se hace imprescindible saber cómo impedir la preñez de nuestras perras. El método más simple es la separación física de cualquier macho durante le época de celo. Esto es seguro, pero en muchos casos (barrios-parque, por ejemplo) muy difícil de impelmentar. Cabe recordar que el período de aceptación del apareamiento empieza cuando las perras terminan con la pérdida de sangre (mal llamada menstruación), así que no es buena idea juntar la parejita cuando la hembra “dejó de manchar”, debiéndose esperar unos diez días más para ello.

Otro método es a través de anticonceptivos, ya sean estos por vía oral o inyectables. Las pastillas pueden fallar y son más “incómodas” de administrar que la inyección, pero presentan la ventaja de poder regular mejor su dosificación. El abuso de inyectables puede provocar ciertos efectos secundarios graves (como las infecciones de útero).

El método cien por ciento seguro es la cirugía, consistente en la extracción total de los ovarios. Con ella, las perras dejan de ciclar y se acaban todos los problemas. Como en toda cirugía existe un cierto riesgo, pero las técnicas actuales permiten reducirlos al mínimo. Tampoco hay sufrimientos ni alteración “psicológica” alguna. Como beneficio extra, encontramos que la castración temprana reduce las probabilidades de tumores mamarios.

Converse entonces con su Veterinario sobre cada método y elija el que más le convenga. Como nunca en estos casos, la prevención le ahorrará futuras “sorpresas de cuatro patas”.-

ROBERTO F. GIMENEZ
Médico Veterinario (U.B.A.) -MP: 6491